Desde la altura, todo se ve mejor.
Es como si el vértigo desapareciese a mayor distancia. ¿Vértigo de qué? De la gente y sus relojes, de nada en particular, pero de todo a la vez. Siempre quise ponerle pausa a la película de mi vida, por eso, hace tiempo admiro a la gente que tiene esa capacidad. Vivo corriendo de sombras que ni siquiera me persiguen. Miro hacia atrás y vislumbro sobre mis hombros la aguja exacta del minutero. Trato de escaparle, pero sin éxito, aunque a consciencia. Entonces me detengo, creyendo enderezar el tronco torcido de mi árbol y súbitamente tambaleo de nuevo. Otra vez todas las decisiones que tomé se vuelcan sobre la alfombra de la cuestionabilidad y todo se vuelve dudoso, inconsistente, volátil. Víctima de la ambigüedad, reanudo mi rumbo, aunque no tan segura de mis pasos. La calle se vacía poco a poco, al menos la gente no me molesta, es ahora la ciudad misma la que me molesta. Ella, y todas sus estructuras; su falta de verde, su ruido de máquinas incesantemente en marcha. Desde algún edificio me saca la lengua y se prepara y, finalmente me devora. Me apresa con ahínco y tenacidad- No consigo salir de sus entrañas, a pesar de mi persistencia, por el contrario me siento cada vez más dentro suyo y el regreso es cada vez más lejano.
Un blog, mi blog. El punto en el que, principalmente, descargo mi catarsis del mundo globalizado, ese que nunca para.. Por eso, cuando entro acá, encuentro la manera de desconectarme y que mi mente divague con o sin razón. Alguna vez te debe haber pasado. Bienvenido a este mundo de locuras peligrosas.
tinta y pluma pa volar
viernes, 15 de junio de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
sábado, 2 de junio de 2012
Desde chiquita supe bien quién era y cómo se llamaba, aunque nunca me sentí perteneciente a su mundo.. Me dio siempre la impresión de que eramos incompatibles; que ella era sólo para algunos pocos y selectos hombres que tuvieran un don en sus manos. No para mí.
Pero desde que me la presentaron, irrumpió entre nosotras una especie de química especial. Y hace varios meses ya, que nos estamos conociendo. Que nos quedamos a solas en la habitación en completa oscuridad a no ser por las cuatro o cinco llamitas de vela que le dan luz a las melodías que fusionamos.
Un poquito más, día tras día, congenio mis dedos que se amoldan a su cintura brillante, recorren sus curvas exuberantes con el reiterativo miedo de quebrarla.
Me enseñaron a acariciarla, a tocarla. Tácticas que ni imaginaba y técnicas que requieren que no arañe como una fiera cada una de sus cuerdas. Hoy puedo entender lo maravilloso que puede ser el primer instrumento.
Pero desde que me la presentaron, irrumpió entre nosotras una especie de química especial. Y hace varios meses ya, que nos estamos conociendo. Que nos quedamos a solas en la habitación en completa oscuridad a no ser por las cuatro o cinco llamitas de vela que le dan luz a las melodías que fusionamos.
Un poquito más, día tras día, congenio mis dedos que se amoldan a su cintura brillante, recorren sus curvas exuberantes con el reiterativo miedo de quebrarla.
Me enseñaron a acariciarla, a tocarla. Tácticas que ni imaginaba y técnicas que requieren que no arañe como una fiera cada una de sus cuerdas. Hoy puedo entender lo maravilloso que puede ser el primer instrumento.
Para mi gran amor: mi guitarra.
jueves, 31 de mayo de 2012
La N de mi brújula.
Me hago un poco más inmortal, pero a la vez también un poco más humana con cada beso tuyo.Cada hora que pasamos juntos, abre sus alas para volarsenos del reloj. Y cuando se nos hace añeja, la extrañamos y nos lamentamos porque si estamos solos los minutos y los segundos se estancan en la eternidad.
Nos prestamos caricias y asumimos recíprocos intereses dotados de amor.
Cualquier imagen a tu lado es digna de memorar. Un dique y el reflejo de la luna, que le dan luz a nuestras caras; las mismas caras que se ensañan en mantener sus miradas eclípticas; las mismas caras que tienen una boca capaz de construir palabras inútiles que sobran si tengo tu tacto sobre mí. Siento nacer el deseo, cómo crece en mis adentros, manifestándose hacia el afuera con mis manos que te agarran del cuello y exploran cada partecita de tu cuerpo. Te hago espirales en las orejas, cosquillas en la espalda y te pellizco la cadera; y ahí es cuando te miro y me río perspicaz, con esa sonrisa inocente que tanto te gusta.. Y después me pongo seria y pienso en que esos injustos centímetros que me robás alcanzan para que me deleite como una reina en estado de éxtasis con la imponencia de tu perfume.
Vamos lento, suave, despacio.. Mientras tanto el sol y las nubes comparten en el cielo sus exóticos paisajes. Un poco de amarillo, una pizca de rosa y mucho celeste para esa tarde en la que descubrí la paz que me das, lo distintos que somos en la intimidad y que detrás de cada hielo se esconde un fuego listo para incendiar corazones.
¿Son los síntomas del cólera, los mismos que del amor?
domingo, 27 de mayo de 2012
Lo que nunca te dije, hasta hoy.
Que las palabras sean siempre el misil de la solución.
Que comprendo que el equilibrio depende de ésta genealogía.
Que te quiero. Que no hay peor error que idealizar.
Que sos real y que de todo lo real sos mi elegida.
Porque de los éxtasis de tristeza, de los de cólera, de los de amor, del caos, se saca la más fructífera virtud.
Usar de premisa la reflexión, dejar de lado la intransigencia, aturdir al planeta con gritos del más poderoso afán. Pedir abrazos, aunque no sea lo estipulado. Amar y ponerlo en palabras. Ser feliz y ponerlo en acciones. Porque, al fin y al cabo, se es lo que se ve. Prohibido encerrarse en cualquier mundo.
Así quiero estar, caminando por cualquier lado y, encontrarme a la vuelta de la esquina a la dicha y a la dignidad.
Que comprendo que el equilibrio depende de ésta genealogía.
Que te quiero. Que no hay peor error que idealizar.
Que sos real y que de todo lo real sos mi elegida.
Porque de los éxtasis de tristeza, de los de cólera, de los de amor, del caos, se saca la más fructífera virtud.
Usar de premisa la reflexión, dejar de lado la intransigencia, aturdir al planeta con gritos del más poderoso afán. Pedir abrazos, aunque no sea lo estipulado. Amar y ponerlo en palabras. Ser feliz y ponerlo en acciones. Porque, al fin y al cabo, se es lo que se ve. Prohibido encerrarse en cualquier mundo.
Así quiero estar, caminando por cualquier lado y, encontrarme a la vuelta de la esquina a la dicha y a la dignidad.
Se ha instaurado una ilusa ilusión.
Dormir: necesidad básica del hombre, a través de la cual se reponen las energías. Hay ciertas personas que duermen en exceso, haciendo uso y abuso de esta condición. Otras, infortuniosamente, por voluntad propia o no, duermen poco ya sea porque se ven imposibilitadas por los horarios, obligaciones o porque simplemente no les apetece y no se les da la gana.
Sin embargo, hay una tercer forma de dormir: para escapar. Refugiándose en los sueños que acontecen ciertas veces olvidados, o turbándose en las pesadillas.
Me acosté con la esperanza de que el tiempo me tuviera clemencia. Que la mente me sea por una vez en la historia, indulgente. Para redimirme del llanto continuo, que se manifiesta entrecortado. Se esconde como jugando a las escondidas y grita pica cuando menos me lo espero. Todos mis sentimientos están por lo aires entre estas cuatro paredes. La habitación, llena de pestilente angustia, me evoca la coacción que atestigüé. Y hoy, hoy todo sigue como si nada, los tres parecen haber olvidado semejante bochorno moral; el máximo exponente del exabrupto. No olvido la vehemencia de sus caras, la locura en el fuego de sus pupilas, las manos utilizadas para hacer el mal, como la lengua cuando se mueve y nos hace hablar sin pensar.
"Consecuencia", término que la mayoría de las veces presagia cosas nada buenas. No puedo actuar distinto, me impongo reticente a fingir, a seguir con la magnífica farsa que tiene como escenario la vida cotidiana. Me niego a ser parte de este show enfermizo. Este show de porquería. Este show de mierda.
Mírense, allá abajo pretendiendo no ser dueños de una memoria que nos atormenta por las noches en silencio. Girando la cabeza, escondiéndola en la cueva, como tortugas cobardes que se refugian en su caparazón. Oprobiosos seres, eso somos.. y lo peor es que somos los creadores de nuestro propio oprobio.
Sin embargo, hay una tercer forma de dormir: para escapar. Refugiándose en los sueños que acontecen ciertas veces olvidados, o turbándose en las pesadillas.
Me acosté con la esperanza de que el tiempo me tuviera clemencia. Que la mente me sea por una vez en la historia, indulgente. Para redimirme del llanto continuo, que se manifiesta entrecortado. Se esconde como jugando a las escondidas y grita pica cuando menos me lo espero. Todos mis sentimientos están por lo aires entre estas cuatro paredes. La habitación, llena de pestilente angustia, me evoca la coacción que atestigüé. Y hoy, hoy todo sigue como si nada, los tres parecen haber olvidado semejante bochorno moral; el máximo exponente del exabrupto. No olvido la vehemencia de sus caras, la locura en el fuego de sus pupilas, las manos utilizadas para hacer el mal, como la lengua cuando se mueve y nos hace hablar sin pensar.
"Consecuencia", término que la mayoría de las veces presagia cosas nada buenas. No puedo actuar distinto, me impongo reticente a fingir, a seguir con la magnífica farsa que tiene como escenario la vida cotidiana. Me niego a ser parte de este show enfermizo. Este show de porquería. Este show de mierda.
Mírense, allá abajo pretendiendo no ser dueños de una memoria que nos atormenta por las noches en silencio. Girando la cabeza, escondiéndola en la cueva, como tortugas cobardes que se refugian en su caparazón. Oprobiosos seres, eso somos.. y lo peor es que somos los creadores de nuestro propio oprobio.
sábado, 26 de mayo de 2012
Quebrarse.
Hay un punto, un instante diminuto, en el que la vida muestra su otra faceta.
La violencia te perturba la existencia y nada ya volverá a ser como antes.
Aguantar, respirar hondo y sofocar los gritos en nuestro interior trae consecuencias inmesurables. El apocalipsis intermitente de ese lugar, estalla y genera fuegos cada vez más indomables. Todo se vuelve oscuro, y no hay velas y no hay aromas que apacigüen la hoguera de la bronca. Asumo adolorida la tajada que me corresponde, no puedo hacerlo público y me consumo dentro de mi propio cuerpo. Mi espalda se encorva con el peso de los ladrillos de esta casa. La fuga se convierte en la luz del final del túnel, se hace presente ante mi como único desenlace posible. Me maldigo por la desdicha, por a veces no tener el valor de hacer uso de la palabra, por ser cobarde y agachar la mirada, porque prefiero esconder mis ojos a hacerle frente a tus acosos mudos.
Las imágenes reproducidas en secuencias que asedian mi sanidad, son hoy mis compañeras peores; y sé que nunca voy a olvidarme del temblor que me invadió, de la desesperación agraviosa y de mi silueta desprolija agonizando sobre la mesa. La misma mesa de siempre, esa con la pata derecha rota; víctima de cada escupitajo de palabras, testigo de reiterados guisos de insultos y mártir de la guerra entre hombres y mujeres antagónicos.
Se inauguró un estigma insoslayable que lastima e inquieta a cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día que pasa. Ya empecé a ser otra distinta de lo que fui.
La violencia te perturba la existencia y nada ya volverá a ser como antes.
Aguantar, respirar hondo y sofocar los gritos en nuestro interior trae consecuencias inmesurables. El apocalipsis intermitente de ese lugar, estalla y genera fuegos cada vez más indomables. Todo se vuelve oscuro, y no hay velas y no hay aromas que apacigüen la hoguera de la bronca. Asumo adolorida la tajada que me corresponde, no puedo hacerlo público y me consumo dentro de mi propio cuerpo. Mi espalda se encorva con el peso de los ladrillos de esta casa. La fuga se convierte en la luz del final del túnel, se hace presente ante mi como único desenlace posible. Me maldigo por la desdicha, por a veces no tener el valor de hacer uso de la palabra, por ser cobarde y agachar la mirada, porque prefiero esconder mis ojos a hacerle frente a tus acosos mudos.
Las imágenes reproducidas en secuencias que asedian mi sanidad, son hoy mis compañeras peores; y sé que nunca voy a olvidarme del temblor que me invadió, de la desesperación agraviosa y de mi silueta desprolija agonizando sobre la mesa. La misma mesa de siempre, esa con la pata derecha rota; víctima de cada escupitajo de palabras, testigo de reiterados guisos de insultos y mártir de la guerra entre hombres y mujeres antagónicos.
Se inauguró un estigma insoslayable que lastima e inquieta a cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día que pasa. Ya empecé a ser otra distinta de lo que fui.
Érase una vez una melodía de mujer, que buscaba con ahínco alcanzar los albores de los cambios de una humanidad demasiado cautiva del estaticismo. Por las noches, sollozaba en las penumbras de su guarida mientras enrollaba su tabaco y gemía en silencio. Trataba de pintar sobre un papel el mundo que soñaba, perpetuando en su creatividad lo que no podía a su alrededor. Estaba llena de canciones por cantar, repleta de bocetos a plasmar..
Desde el comienzo supo muy bien que se enfrentaba a una maraña inagotable de seres oscuros, pero, lejos de la aquiescencia, intentó insaciable propagar su idiosincrasia.
Fue cambiando con el tiempo: cuando las verdes hojas se transformaban en amarillas por el cambio de estación, ella también lo hacía. Trataba con fervor adaptarse al paisaje y a sus circunstancias, siempre con la esperanza de que algún día todo cambiaría. Convencida de ello, se alimentó de lectura universal, latinoamericana y nacional, lista para desplegar con afán sus armas cuando más lo necesitara. Inútiles sus planes, no tanto como su desasosiego, se derrumbaron por un soplo de avaricia. Y concluyó siendo un lacayo más de esta confabulación que algunos llaman sociedad.
Desde el comienzo supo muy bien que se enfrentaba a una maraña inagotable de seres oscuros, pero, lejos de la aquiescencia, intentó insaciable propagar su idiosincrasia.
Fue cambiando con el tiempo: cuando las verdes hojas se transformaban en amarillas por el cambio de estación, ella también lo hacía. Trataba con fervor adaptarse al paisaje y a sus circunstancias, siempre con la esperanza de que algún día todo cambiaría. Convencida de ello, se alimentó de lectura universal, latinoamericana y nacional, lista para desplegar con afán sus armas cuando más lo necesitara. Inútiles sus planes, no tanto como su desasosiego, se derrumbaron por un soplo de avaricia. Y concluyó siendo un lacayo más de esta confabulación que algunos llaman sociedad.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Volver.
Dejé de usar este espacio cibernético.
Quedé relegada del blog por un tiempo y no me importó.
Consideré como algo natural el hecho de que, al abrir una nueva etapa en mi vida, lo que me remitía al pasado lo descartaba; más por este motivo que por la indeseable lectura de ciertos seres.
Por suerte, pude apreciar la clarividencia en un relámpago de hermandad, que me indujo a darme cuenta de que estaba parada a la otra orilla de lo correcto. El concentrar en un cuaderno todas mis vivencias esbozadas en un abanico temático extremadamente acotado por no decir único (él) es un hecho insalubre. Como algo inevitable e ineludible sobreviene que mi mente ocupe todo su tiempo pensando justamente en ese tema monótono por excelencia. Y si existen las religiones, apuesto de manera ortodoxa a que siempre la costumbre va a matar al placer.
Algo similar a un diario íntimo, precisamente por no ser público y ser sólo mío, me engañó al creer que me proveería la privacidad que tanto anhelaba y que, sentía, últimamente no tenía acá.
Aboqué todas mis energías alrededor de un eje central que lejos de darme la libertad que ansiaba, me condujo a una omnipresencia un tanto tétrica y enferma.
Si hablo de mi vida, son muchas las personas que me inspiran. No sólo una. Ése fue mi error.
Supongo que ahora que sé que todo sigue como antes, puedo volver a hacer uso de ésto.
Parece tonto, pero a veces las cosas más ínfimas cargan un escondido peso y significado en sus entrañas. Y, si empezamos a revertir las pequeñas cosas que no nos hacen bien, el primer paso ya está dado. Así, los motores se ponen en marcha, y lo que antes parecía lejano, se acerca un milímetro para pronto estar al alcance de nuestras manos.
Quedé relegada del blog por un tiempo y no me importó.
Consideré como algo natural el hecho de que, al abrir una nueva etapa en mi vida, lo que me remitía al pasado lo descartaba; más por este motivo que por la indeseable lectura de ciertos seres.
Por suerte, pude apreciar la clarividencia en un relámpago de hermandad, que me indujo a darme cuenta de que estaba parada a la otra orilla de lo correcto. El concentrar en un cuaderno todas mis vivencias esbozadas en un abanico temático extremadamente acotado por no decir único (él) es un hecho insalubre. Como algo inevitable e ineludible sobreviene que mi mente ocupe todo su tiempo pensando justamente en ese tema monótono por excelencia. Y si existen las religiones, apuesto de manera ortodoxa a que siempre la costumbre va a matar al placer.
Algo similar a un diario íntimo, precisamente por no ser público y ser sólo mío, me engañó al creer que me proveería la privacidad que tanto anhelaba y que, sentía, últimamente no tenía acá.
Aboqué todas mis energías alrededor de un eje central que lejos de darme la libertad que ansiaba, me condujo a una omnipresencia un tanto tétrica y enferma.
Si hablo de mi vida, son muchas las personas que me inspiran. No sólo una. Ése fue mi error.
Supongo que ahora que sé que todo sigue como antes, puedo volver a hacer uso de ésto.
Parece tonto, pero a veces las cosas más ínfimas cargan un escondido peso y significado en sus entrañas. Y, si empezamos a revertir las pequeñas cosas que no nos hacen bien, el primer paso ya está dado. Así, los motores se ponen en marcha, y lo que antes parecía lejano, se acerca un milímetro para pronto estar al alcance de nuestras manos.
jueves, 19 de abril de 2012
Fuera del creo está el "te quiero"
Creo que tu nerviosismo y el mío reflejan lo que no podemos ver a simple vista.
Creo que afortunadamente todavía conservamos la chispa del fuego que se encendió el pasado diciembre.
Creo que quiero robarme toda tu atención a cualquier hora del día.
Creo que estoy loca cuando me parece escuchar tu voz y no estás cerca.
Creo que nunca voy a lograr vencer la omnipotencia de tu mirada.
Creo que tus ojos son la octava maravilla.Creo que mi amor tiene sus fronteras más lejos de lo que yo creía.
Creo que hoy sos todo lo que me hace falta en el mundo.
Creo que estoy enamorada.
Creo que afortunadamente todavía conservamos la chispa del fuego que se encendió el pasado diciembre.
Creo que quiero robarme toda tu atención a cualquier hora del día.
Creo que estoy loca cuando me parece escuchar tu voz y no estás cerca.
Creo que nunca voy a lograr vencer la omnipotencia de tu mirada.
Creo que tus ojos son la octava maravilla.Creo que mi amor tiene sus fronteras más lejos de lo que yo creía.
Creo que hoy sos todo lo que me hace falta en el mundo.
Creo que estoy enamorada.
lunes, 16 de abril de 2012
Duelen las manos de tanto tirar de la soga.
Considero uno de los valores más preciosos poder dar la cara e ir de frente, aunque quizás sea cruda y vaya sin tapujos.. pero es parte de mi idiosincrasia. Y no quiero decir que por eso no me encuentre dentro del marco de lo sutil, pero hay decisiones en las que el hombre debe hacerle honor a su naturaleza y así, sin más, imponerse. No a la fuerza, si dejando en claro qué es lo que se quiere. Las vueltas mejor dejarlas para la calesita. El tiempo es valioso y hay que tratar de salvarlo siempre que sea posible. No sirve de nada postergar la verdad. No sirve de nada mentirse a uno mismo porque inherentemente esto lleva, a la larga o a la corta, a mentirle a los demás.
A veces me siento la médula espinal de mi grupo, la que se lleva consigo la gloria pero también la que cultiva la peor de las furias. Capaz de desatar tempestades en una centésima de segundo, como capaz de cosechar el más primaveral de los amores. Y no es de narcisista ni de mujer ego, es simplemente una sensación. Las sensaciones tienen márgenes enormes de error, y yo no estoy exenta de ellos. Cuando juego claro y sin trampas, con todas las cartas sobre la mesa, me va mal. Aunque me queda el consuelo de que al menos, tengo las manos limpias.
Soy impulsiva, no medito mis palabras antes de hablar y probablemente sea eso lo que me juegue en contra. Prefiero mostrarme tal cual y como soy para que al que le guste bien y al que no, que sepa de movida a quién tiene en frente. Pero si hay algo que no entiendo es cuál es la necesidad de guardar y archivar cual biblioteca los sentimientos propios, en vez de manifestárselos al ser involucrado en cuestión. La mayoría de las veces quedan pegados terceros a esta fotocopia de la vida. Gente que si bien no son innecesarios porque los consejos no se sacan de la galera, así como tampoco las opiniones; pero gente que queda más adentro del tema que uno mismo.. Será por esto que detesto tener que ir por la vida con mi anzuelo, pescando los sentimientos de la gente. Gente a la que hay que estarle encima para que abran su boca y digan qué es lo que se les pasa por la mente.
Aprendí que discutir no es sinónimo de problema, pero que si ésto no se armoniza a tiempo puede desembocar en un caos. Lástima que no comparta dicha concepción con demasiados.
Delito no es cambiar de parecer, delito no es hablar las cosas como personas se supone están próximas a la adultez.
Ellas no me entienden, me tildan con adjetivos que no justifico. No me oyen, sólo me escuchan en el sentido literal sin llegar a tocar la profundidad de lo que les digo. Lejos estoy de ser víctima, así como tampoco acepto los cargos de victimario. Pero cerca estoy de ser una persona, tengo derecho a elegir mi ruta de camino y con quién quiero compartirlo. Un viaje no es el fin de nada, es el principio de todo. Y como ya dije volvería a hacerlo una y otra vez, no por testaruda, sí por madura. Hacer lo que quiero, diferir de la corriente, quiero decir que soy capaz de ponerle un límite a lo que los otros quieren para mi, y me alegra poder decir que así sea.
La gente cambia y es inútil seguir tirando sola de la soga, al fin y al cabo, no se puede estar bien con Dios y con el diablo.
A veces me siento la médula espinal de mi grupo, la que se lleva consigo la gloria pero también la que cultiva la peor de las furias. Capaz de desatar tempestades en una centésima de segundo, como capaz de cosechar el más primaveral de los amores. Y no es de narcisista ni de mujer ego, es simplemente una sensación. Las sensaciones tienen márgenes enormes de error, y yo no estoy exenta de ellos. Cuando juego claro y sin trampas, con todas las cartas sobre la mesa, me va mal. Aunque me queda el consuelo de que al menos, tengo las manos limpias.
Soy impulsiva, no medito mis palabras antes de hablar y probablemente sea eso lo que me juegue en contra. Prefiero mostrarme tal cual y como soy para que al que le guste bien y al que no, que sepa de movida a quién tiene en frente. Pero si hay algo que no entiendo es cuál es la necesidad de guardar y archivar cual biblioteca los sentimientos propios, en vez de manifestárselos al ser involucrado en cuestión. La mayoría de las veces quedan pegados terceros a esta fotocopia de la vida. Gente que si bien no son innecesarios porque los consejos no se sacan de la galera, así como tampoco las opiniones; pero gente que queda más adentro del tema que uno mismo.. Será por esto que detesto tener que ir por la vida con mi anzuelo, pescando los sentimientos de la gente. Gente a la que hay que estarle encima para que abran su boca y digan qué es lo que se les pasa por la mente.
Aprendí que discutir no es sinónimo de problema, pero que si ésto no se armoniza a tiempo puede desembocar en un caos. Lástima que no comparta dicha concepción con demasiados.
Delito no es cambiar de parecer, delito no es hablar las cosas como personas se supone están próximas a la adultez.
Ellas no me entienden, me tildan con adjetivos que no justifico. No me oyen, sólo me escuchan en el sentido literal sin llegar a tocar la profundidad de lo que les digo. Lejos estoy de ser víctima, así como tampoco acepto los cargos de victimario. Pero cerca estoy de ser una persona, tengo derecho a elegir mi ruta de camino y con quién quiero compartirlo. Un viaje no es el fin de nada, es el principio de todo. Y como ya dije volvería a hacerlo una y otra vez, no por testaruda, sí por madura. Hacer lo que quiero, diferir de la corriente, quiero decir que soy capaz de ponerle un límite a lo que los otros quieren para mi, y me alegra poder decir que así sea.
La gente cambia y es inútil seguir tirando sola de la soga, al fin y al cabo, no se puede estar bien con Dios y con el diablo.
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