No encuentro las palabras para decirte cómo me siento,
así que te voy a escribir una carta.
Un blog, mi blog. El punto en el que, principalmente, descargo mi catarsis del mundo globalizado, ese que nunca para.. Por eso, cuando entro acá, encuentro la manera de desconectarme y que mi mente divague con o sin razón. Alguna vez te debe haber pasado. Bienvenido a este mundo de locuras peligrosas.
tinta y pluma pa volar
jueves, 16 de junio de 2011
miércoles, 15 de junio de 2011
Ocurrencias en la hora de Plástica.
Historias de colectivo.
Ya cansada, regresaba a sus pagos, con el aire musical envolviéndola suavemente. Se sumergía en las notas, entre claves de soles y signos no muy claros para ella. El 8, una vez más se hacía esperar. Hacía un frío rígido y cruel y la consoló la certeza de que sobre el colectivo sería menos azotador que allí abajo; deseaba entreverarse entre calores humanos sin importar la posible alternativa de quedar aplastada entre tanta gente de malhumor.
Al llegar a la parada, le gustaba mirar quienes estaban a su alrededor aunque sin demasiada atención, sólo por el hecho de hacer algo concreto con el tiempo ocioso que disponía durante la espera. Esta vez, como muchas otras, un chico y su amigo. Hagamos hincapié en el chico. Ojos y cejas, pestañas y parpadeos, se miraron. Química, nada de física, matemática o álgebra, no señor, definitivamente química.
Ya arriba de éste, sus oídos se penetraron con una dulce combinación de letras poco creativa pero aún así la anonadó el improvisto “princesa” Avanzaban cuesta arriba, alejándose progresivamente del caos y el tumulto de la ciudad, aunque sin dejar de pertenecerle; con la fluidez característica de la noche… las calles mucho más desiertas que a la mañana o incluso unas horas antes a dicho encuentro, las luces alumbrando el negro y oscuro pavimento, la gente volviendo a sus hogares, todos inmersos en sus pensamientos y coyunturas, siempre entre ritmos frenéticos y acelerados. Y el chico ahí, a su lado, invitándola a un juego de seducción, cuyas reglas improvisadas y un poco confusas se interponían entre ambos, casi separándolos me atrevería a afirmar. De barrio en barrio, la misma avenida de siempre, y los semáforos arbitrarios los obligaban a detenerse casi en cada esquina, como teniendo que hacer tiempo para que aparezcan, emerjan o surjan las palabras escondidas. Esa necia idea que persigue y acecha mentes de mujeres y hombres de todas las edades, el primer paso y la vergüenza. Le cantó a la trenzuda una canción del mismo título que el adjetivo que le había recitado previos segundos. Ella tomó ese par de sílabas y las guardó cautelosa y alegremente en su cajita musical craneana. Ajena al tiempo para devolverle reacción alguna, la muchacha se paralizó; quizá debido a la infrecuente frontalidad que la enfrentó.
Entonces se rió tímidamente, devolviéndole al Romeo un estirón de labios, con un movimiento tierno, como luciendo los dientes. Así fue la despedida, sin pena ni gloria, pero con la esperanza de cruzarlo ojalá en algún otro viaje y compartir otra secuencia romántica.
Ya cansada, regresaba a sus pagos, con el aire musical envolviéndola suavemente. Se sumergía en las notas, entre claves de soles y signos no muy claros para ella. El 8, una vez más se hacía esperar. Hacía un frío rígido y cruel y la consoló la certeza de que sobre el colectivo sería menos azotador que allí abajo; deseaba entreverarse entre calores humanos sin importar la posible alternativa de quedar aplastada entre tanta gente de malhumor.
Al llegar a la parada, le gustaba mirar quienes estaban a su alrededor aunque sin demasiada atención, sólo por el hecho de hacer algo concreto con el tiempo ocioso que disponía durante la espera. Esta vez, como muchas otras, un chico y su amigo. Hagamos hincapié en el chico. Ojos y cejas, pestañas y parpadeos, se miraron. Química, nada de física, matemática o álgebra, no señor, definitivamente química.
Ya arriba de éste, sus oídos se penetraron con una dulce combinación de letras poco creativa pero aún así la anonadó el improvisto “princesa” Avanzaban cuesta arriba, alejándose progresivamente del caos y el tumulto de la ciudad, aunque sin dejar de pertenecerle; con la fluidez característica de la noche… las calles mucho más desiertas que a la mañana o incluso unas horas antes a dicho encuentro, las luces alumbrando el negro y oscuro pavimento, la gente volviendo a sus hogares, todos inmersos en sus pensamientos y coyunturas, siempre entre ritmos frenéticos y acelerados. Y el chico ahí, a su lado, invitándola a un juego de seducción, cuyas reglas improvisadas y un poco confusas se interponían entre ambos, casi separándolos me atrevería a afirmar. De barrio en barrio, la misma avenida de siempre, y los semáforos arbitrarios los obligaban a detenerse casi en cada esquina, como teniendo que hacer tiempo para que aparezcan, emerjan o surjan las palabras escondidas. Esa necia idea que persigue y acecha mentes de mujeres y hombres de todas las edades, el primer paso y la vergüenza. Le cantó a la trenzuda una canción del mismo título que el adjetivo que le había recitado previos segundos. Ella tomó ese par de sílabas y las guardó cautelosa y alegremente en su cajita musical craneana. Ajena al tiempo para devolverle reacción alguna, la muchacha se paralizó; quizá debido a la infrecuente frontalidad que la enfrentó.
Entonces se rió tímidamente, devolviéndole al Romeo un estirón de labios, con un movimiento tierno, como luciendo los dientes. Así fue la despedida, sin pena ni gloria, pero con la esperanza de cruzarlo ojalá en algún otro viaje y compartir otra secuencia romántica.
Sin esperar que algo pase.
Entender, después de mucho tiempo de búsqueda incesante y obsesión, que te dejo ir... Que te desato la cuerda a la cual te amarré, que tus pétalos de hombre dejo libres a la disposición del viento y que dejo tu caudal de río para que desemboques donde más te apetezca. Hoy, en esta tarde lluviosa, melancólica y de cigarros y té, sin negar la atracción que me une a tu persona, te digo, aunque no lo leas jamás muy posiblemente, que me marcho sin mi obsesión, que no te pertenece más esta locura. Que el presente es el valioso instante que se me presenta efímeramente y estaba empeñada en no ver lo que había. Comprendo que no me quebré, y que a pesar de todo, reconozco que lo disfruté mientras duró, que rescato los lindos instantes... pero que cuando se tornó en algo penosamente nocivo, hace un tiempo ya, es ahora que llegó el momento de darle una vuelta, aunque también probablemente de mi parte nada más, de página. Aunque sea para conmigo. Que éste capítulo cierro, ajena al llanto y más cerca de la madurez que me empuja a escribir dichas palabras. Agradezco el dolor que sirvió de motor. Porque descubrí que mi sonrisa no tiene precio, que es algo así como invaluable, y que no depende, ni debiera hacerlo, de tus ganas. No todo era tan complejo como creía, y mentalmente ya estoy preparada para marcar un punto final, como le dí una vez génesis u origen, a aquel cuento. Oportunamente me siento bien y sin la desesperación que me envolvió, no tan añejo tiempo atrás. Tanto pensary maquinarnos puede llevarnos a una autoflagelación, y sí miramos no digo con otros ojos, porque éso sería propiamente imposible, sino desde otra perspectiva, nos damos cuenta que es sencillo y depende de uno mismo. Por ende, el viernes cuando te vea, me siento capaz de poder decirte que no; con un toque de indiferencia y algún que otro condimento de ese estilo pero aun así que le digo basta con felicidad y que no estoy más dispuesta a esta relación dañina, que ya no disfruto ni me hace reir. Es una cuestión de actitud, y mi postura es diferente ahora.
No te guardo rencor. Pues pude y supe adquirir experiencia y próximamente no voy a cometer un error similar. Proyectando tanto el futuro, se me escapaba el día a día. Ya no.
(Gracias Gonzalito, no lo hubiera logrado sin ti)
(Gracias Gonzalito, no lo hubiera logrado sin ti)
miércoles, 8 de junio de 2011
Don't cary the world upon your shoulders.
Un triángulo en la cara. Un equilibrio que no quiero perder. Tensión en formato de humo disperso en las paredes de la habitación, rojo, incienso que se aleja de mi boca, despacio tomando distancia de mi orbicular de los labios, a veces con rumbo a mi ojo derecho, otras con destino al izquierdo; pero siempre acabando en un lugar común: en el techo de madera. Ese aire antaño tibio y recientemente frío, se impregna insolente a los listones antes pertenecientes a un árbol cuya procedencia desconozco. Reitero, no quiero perder el balance conseguido. Aunque más no sea que una adicción que reemplaza a otra, ya lo sabemos que el vicio no se deja de un día para el otro, por lo tanto hay que calmar con otro componente la ansiedad. En realidad este cambio no es mejor ni peor, algo en mí lo justifica así como socialmente es más aceptado y compartido de manera inconciente e ingenua.. Se puede confirmar la hipótesis simplemente caminando por la calle con atención y viendo cómo se consume sus vidas en sus manos, aunque debería empezar a incluirme con un nosotros. Por ende es errónea la tesis de que sea menos dañino que otras.
Otra raíz que creció recientemente de éste árbol plantado, es aquella que casualmente radica en la importancia de la forma en que se manifiestan las palabras, el habla que al fin y al cabo no otra cosa que la expresión, los ecos de los sentimientos guardados y entonces puestos en términos que llamamos lenguaje, ése que se usa a través de símbolos mundialmente aceptados. La sutilidad, el énfasis y la calma que acompañan, todos en distintos grados; los elementos, las armas, las balas del espíritu.
Conclusión: aceptar, sin resignar (condición primordial y esencial) Comprender, así, la filosofía de la vida, la propia, con un camino de meditación, pensamiento y reflexión; todo lo que apareja la compleja y anhelada tranquilidad. Pues, el único orden, el interior, el mío, pero subitamente inherente al exterior, trae paz. La paz que siempre quise y tanto ansié, busqué hacia mi verdad, que sigo decifrando, aunque hoy parece encontrada y acertada. Ojalá así sea.
Conclusión: aceptar, sin resignar (condición primordial y esencial) Comprender, así, la filosofía de la vida, la propia, con un camino de meditación, pensamiento y reflexión; todo lo que apareja la compleja y anhelada tranquilidad. Pues, el único orden, el interior, el mío, pero subitamente inherente al exterior, trae paz. La paz que siempre quise y tanto ansié, busqué hacia mi verdad, que sigo decifrando, aunque hoy parece encontrada y acertada. Ojalá así sea.
Estar y sentirse pleno, bien, lleno, primero con uno mismo, para después ayudar a los demás con sabiduría y fortaleza. Como antes dije, queda mucho por resolver, pero al menos, una porción de su totalidad, ya está siendo transitada, como quien dice en trámite, "próxima"
Fluir, dejando ser, pero siendo partícipe de ese flujo, sin mantenernos ajenos, pero tampoco aferrandonos hasta ahogarnos. No condicionados de pensamientos y mínimos detalles, aunque teniéndolos en cuenta y presentes. Libertad, la mía..
Mi libertad.
Mi libertad.
lunes, 6 de junio de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
Me gustaría saber si esto que siento por vos tiene nombre;
a veces parece odio y otras veces parece amor.
Si encontrara las fuerzas, si pudiera animarme,
te agarraría fuerte de la mano, y lentamente, sin ningún apuro,
me fundiría con vos en un beso.
No sé qué extraña desesperación me lleva a vos..
Somos tan distintos, venimos de mundos tan opuestos.
Mi mente me dice que te odie pero mi corazón se revela contra este mandato y grita no.
A lo mejor sos el amor impensado que vino a tocar mi puerta para decirme acá estoy.
Te quiero, te odio, te quiero.
No quiero pensarte pero te pienso cada minuto de mi vida. Cuanto más me quiero alejar más me acerco a tus brazos,
y es inútil que cierre mis ojos porque mi corazón siempre está presente.
Estoy confundida, no sé qué me pasa.
Ayudame, vos, amor teñido de odio a encontrar el camino.
Estoy perdida en el laberinto de mis propios sentimientos.
Todos los caminos me llevan a vos, y sin embargo, yo busco la salida lejos de vos,
¿será que en realidad sos mi destino, mi puerto final?
Dicen que la vida es una gran pregunta que no tiene respuesta, no me voy a preguntar entonces por qué me dirijo hacia vos; simplemente voy a cerrar los ojos y a dejarme llevar;
porque a veces el corazón elige el camino que parece equivocado y se aleja de todos los motivos y todas las razones, es allí exactamente donde el camino se bifurca.. Donde nace el más intenso y devorador de los amores: el amor imposible.Si encontrara las fuerzas, si pudiera animarme,
te agarraría fuerte de la mano, y lentamente, sin ningún apuro,
me fundiría con vos en un beso.
No sé qué extraña desesperación me lleva a vos..
Somos tan distintos, venimos de mundos tan opuestos.
Mi mente me dice que te odie pero mi corazón se revela contra este mandato y grita no.
A lo mejor sos el amor impensado que vino a tocar mi puerta para decirme acá estoy.
Te quiero, te odio, te quiero.
No quiero pensarte pero te pienso cada minuto de mi vida. Cuanto más me quiero alejar más me acerco a tus brazos,
y es inútil que cierre mis ojos porque mi corazón siempre está presente.
Estoy confundida, no sé qué me pasa.
Ayudame, vos, amor teñido de odio a encontrar el camino.
Estoy perdida en el laberinto de mis propios sentimientos.
Todos los caminos me llevan a vos, y sin embargo, yo busco la salida lejos de vos,
¿será que en realidad sos mi destino, mi puerto final?
Dicen que la vida es una gran pregunta que no tiene respuesta, no me voy a preguntar entonces por qué me dirijo hacia vos; simplemente voy a cerrar los ojos y a dejarme llevar;
viernes, 3 de junio de 2011
Un extranjero en su propio cuerpo.
![]() |
| Silvana Robert |
De repente, tan bruscamente, una sensación de asfixia la recorrió de pies a cabeza. Es como un monstruo que la toma por el cuello y mientras ella grita con la boca abierta, la bestia aprovecha y se introduce como aire dentro de sus pulmones y desde ahí controla sus actos. Prácticamente su cuerpo se ha convertido en su segundo hogar. Nadie puede comprender qué tipo de placer es el que siente, ni mucho menos por qué se auto-destruye de tal manera. No puede parar, algo similar a un auto sin frenos que va colina abajo. Siente vergüenza, desesperanza, repugnancia, tristeza; todo un cóctel que la mata lenta progresiva y paulatinamente. Le parece hoy, como tantas otras veces, que nada va a cambiar, que no existe positividad alguna en todos estos reiterados episodios. Lleva en esto años hundida, y se odia por eso. Ni ella misma comprende su situación. No piensa que exista nada que pueda modificarla. Ya está cansada de creer que un día todo va a ser diferente. No tiene fuerzas ni para ser feliz. Quizá la tilden de masoquista y otros dirán que le gusta estar así, que le resulta placentero. Puedo asegurar que no. Sufre. Le gustaría mucho canalizar este mundo desde otra perspectiva, pero los sentimientos sofocados, ahogados, reprimidos, cuestan mucho trabajo sacar a la superficie para revertirlos. Ya no habla con nadie sobre "eso" pues no quiere ser un peso ni mucho menos una carga. Sigue almacenando palabras sin sonido, gritos silenciosos, ilusiones de aire y mentiras de cristal. Es una rutina ya, hace y se arrepiente instantáneamente. Quiere cambiar, realmente lo quiere.
miércoles, 1 de junio de 2011
A mi hermano.
Se despidieron con el poder de las lágrimas invisibles, sin la conciencia del vínculo que los unía. Lágrimas camufladas de capuchas de besos, aquellas que no se ven pero que perduran más que las concretas; a diferencia de las clásicas que no escaparon, éstas se manifestaron por dentro. Hasta ese momento, no me dí cuenta que lo extrañaría tanto. Pero a medida que el tiempo transcurre, lo recuerdo más y más. Supe saludarlo desde un hueco vacío; era de noche ya y el frío estaba ahí, aunque ni siquiera lo advertí. Diez días pasan rápido, y mientras lo pensaba no creí que tan pronto te necesitaría. Y entre tantas dudas, tengo la certeza de que sos el sostén de un árbol pesado y ronco... que vales tanto que no hay palabras ni expresión que te pueda adjudicar.
martes, 31 de mayo de 2011
Y eso que me dijeron "Sanchez, no te enganches"
Nos dijimos nuestro adiós, en la noche anterior.
El amor estaba en tus ojos, en la noche anterior.
Ahora, hoy, veo que has cambiado de opinión,
tratame como lo hiciste en la noche anterior.
Estabas diciendo mentiras en la noche anterior?
Fui tan tonta en la noche anterior?
Cuando te abracé tan de cerca, fuiste tan sincero,
Tratame como lo hiciste en la noche anterior.
Anoche fue una noche en la que voy a recordarte..
Cuando pienso en las cosas que hicimos, me dan ganas de llorar.
Nos dijimos nuestro adiós, en la noche anterior.
El amor estaba en tus ojos, en la noche anterior.
Ahora, hoy, veo que has cambiado de opinión,
tratame como lo hiciste en la noche anterior.
Estabas diciendo mentiras en la noche anterior?
Fui tan tonta en la noche anterior?
Cuando te abracé tan de cerca, fuiste tan sincero…
Tratame como lo hiciste en la noche anterior,
como en la noche anterior...
El amor estaba en tus ojos, en la noche anterior.
Ahora, hoy, veo que has cambiado de opinión,
tratame como lo hiciste en la noche anterior.
Estabas diciendo mentiras en la noche anterior?
Fui tan tonta en la noche anterior?
Cuando te abracé tan de cerca, fuiste tan sincero,
Tratame como lo hiciste en la noche anterior.
Anoche fue una noche en la que voy a recordarte..
Cuando pienso en las cosas que hicimos, me dan ganas de llorar.
Nos dijimos nuestro adiós, en la noche anterior.
El amor estaba en tus ojos, en la noche anterior.
Ahora, hoy, veo que has cambiado de opinión,
tratame como lo hiciste en la noche anterior.
Estabas diciendo mentiras en la noche anterior?
Fui tan tonta en la noche anterior?
Cuando te abracé tan de cerca, fuiste tan sincero…
Tratame como lo hiciste en la noche anterior,
como en la noche anterior...
lunes, 30 de mayo de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
"Sos muy frontal vos"
Habíamos quedado en encontrarnos a las 3:30 hs. Corría de prisa en el reloj la hora del encuentro. Sería sólo una tarde, pero debo admitir que aquel cuento del 6to sentido no es sólo un mito, porque yo puedo decir que lo intuía. No en lo que acabaría, claro, pero que el horario de finalización no sería el supuesto. Como sea, caminamos y disfrutamos el placer del frío luchando versus un pañuelo de seda y una campera de cuero, junto con el antojo a chocolate que producen las bajas temperaturas.
Sabía con seguridad que estarían los dos (no voy a desmentirlo) y los demás, que no tienen número alguno para mí porque vendrían a ser esas personas que rellenan la escena principal en una película, los llamados "extra" a los que, quizá se les ve el rostro, pero no tienen relevancia alguna para el desarrollo de la historia protagónica. Situación que se puede trasladar al mundo: es una película en la cual todos somos partícipes dependiendo de las circunstancias y personas; por lo tanto la historia verdadera e interesante se forma por los pequeños fragmentos de cada uno.
Sabía que ése era el rumbo que tomarían ésa noche, ésos muchachos; y a decir verdad no fue la primera vez que la razón de su asistencia fue la antedicha.
Fue allí cuando me volví para mirar la hora, las cuatro y media que me tiraron de los párpados y me quisieron apresurar. Lo hicieron. Y ahí lo vi, sólo, y dije ¿por qué no? Es una persona y yo creo en él porque algo me produce creerle, aunque muchos me digan que no debería.
Me acerqué titubeando y con voz nerviosa entablé una conversación con el dueño de los mejores besos que en la boutique de mis labios adquirí a lo largo de mi corta pero valiosa experiencia.
Percibir, creo que de eso se trató la noche. Sentí una energía adornada de miedo de su parte hacia un tercero (ya sea la chica o el amigo) y no hago referencia exactamente al miedo que le tenemos a la oscuridad o un insecto por ejemplo, si no al miedo que tiene quien hace algo indebido y está atento porque no quiere que lo descubran cometiendo el indebido crimen; el interior. Yo vendría a ser el delito, él, el ladrón, y aquel el policía en esta causa. Una especie macabra de poliladron. Pero yo no quería jugar ese juego. Excusas recibí. Traté de ser más puntual, quería, y además necesitaba explicaciones que me esclarecieran el funesto panorama. Los meses así, como desde aquel noviembre, no quería que perpetuaran, de lo contrario la obsesión se instalaría indefinidamente. Pero él no me las dio. Tal vez gané por cansancio o lo tenté a cometer el delito, quebrando su fuerza de resistencia. Ojalá sea la última...
Entre birras trasgredimos un “no pasar” que se reiteraba a sí mismo con un “prohibido entrar” El momento que tanto había estado esperando se repitiera: ante mis ojos, aproximándose como desea un naufrago alcanzar la orilla. Nos escondimos (no sé por qué) allí, quemando todos los minutos y segundos que tuvimos, nos encerramos a saciar la sed.
Sabía sobre mí, mucho más de lo que pensé. Creí que el sexo opuesto era muy diferente al femenino, pero hay acciones que no son exclusivas de nosotras. Me reprochaba lo culpable que la edad lo hacía sentir y lo sorprendido que estaba respecto a mi frontalidad. "Sos muy chica" "Sos muy frontal vos" Frases que resuenan como ecos entre las paredes de mi mente.
Siempre lo que no se debe hacer es lo que más tenemos ganas de hacer. Por eso no pasó mucho tiempo hasta que sentí su calor en mi cuerpo, tuve la posesión de su lengua, sus brazos, sus dedos y recorrí cada rincón de su espalda. Nos mezclamos desmedidamente. Quería parar el tiempo, hacerlo eterno en su forma de tocarme y agarrarme el pelo.
Percibir, creo que de eso se trató la noche. Sentí una energía adornada de miedo de su parte hacia un tercero (ya sea la chica o el amigo) y no hago referencia exactamente al miedo que le tenemos a la oscuridad o un insecto por ejemplo, si no al miedo que tiene quien hace algo indebido y está atento porque no quiere que lo descubran cometiendo el indebido crimen; el interior. Yo vendría a ser el delito, él, el ladrón, y aquel el policía en esta causa. Una especie macabra de poliladron. Pero yo no quería jugar ese juego. Excusas recibí. Traté de ser más puntual, quería, y además necesitaba explicaciones que me esclarecieran el funesto panorama. Los meses así, como desde aquel noviembre, no quería que perpetuaran, de lo contrario la obsesión se instalaría indefinidamente. Pero él no me las dio. Tal vez gané por cansancio o lo tenté a cometer el delito, quebrando su fuerza de resistencia. Ojalá sea la última...
Entre birras trasgredimos un “no pasar” que se reiteraba a sí mismo con un “prohibido entrar” El momento que tanto había estado esperando se repitiera: ante mis ojos, aproximándose como desea un naufrago alcanzar la orilla. Nos escondimos (no sé por qué) allí, quemando todos los minutos y segundos que tuvimos, nos encerramos a saciar la sed.
Sabía sobre mí, mucho más de lo que pensé. Creí que el sexo opuesto era muy diferente al femenino, pero hay acciones que no son exclusivas de nosotras. Me reprochaba lo culpable que la edad lo hacía sentir y lo sorprendido que estaba respecto a mi frontalidad. "Sos muy chica" "Sos muy frontal vos" Frases que resuenan como ecos entre las paredes de mi mente.
Siempre lo que no se debe hacer es lo que más tenemos ganas de hacer. Por eso no pasó mucho tiempo hasta que sentí su calor en mi cuerpo, tuve la posesión de su lengua, sus brazos, sus dedos y recorrí cada rincón de su espalda. Nos mezclamos desmedidamente. Quería parar el tiempo, hacerlo eterno en su forma de tocarme y agarrarme el pelo.
Tuve miedo de hablarle y miedo también a un rechazo que no existía.
Sigo sosteniendo que es un niño, feliz, y eso es justamente lo que más me atrapa.
Despeinada, todo quedó encerrado en ese cuarto vacío, tan lleno de calor y ganas.
Donde convergieron los sueños y el fuego.
Sigo sosteniendo que es un niño, feliz, y eso es justamente lo que más me atrapa.
Despeinada, todo quedó encerrado en ese cuarto vacío, tan lleno de calor y ganas.
Donde convergieron los sueños y el fuego.
¿había algún código con el policía? ¿tal vez irrompible y fuerte como una amistad de por medio? ¿quería realmente estar conmigo pero no podía? ¿o no quería? ¿de ser así, por qué nos alejamos de la mirada de los demás? ¿a quién le temía? ¿cuál era o es el nombre del obstáculo que se presenta entre nosotros? ¿por qué si tuve todo lo que quería, no me siento satisfecha? ¿qué es lo que me falta y que no puedo ver? La vela quizás se consumió, porque la cera no es eterna y mucho menos lo es la pasión.
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