Tomate un minuto o dos,
tomate unas horas,
tomate tu tiempo, el que haga falta.
Unas semanas, unos meses, un año
para volver a ver, para observar, para enfocar la mirada
que lleva tanto tiempo perdida.
Tomate el tiempo para correr los velos, para ver más allá
para amar sin capas, para deshojarte como una flor
para quedar desnuda como el corazón de una cebolla,
para marchitarte, o para marcharte si hiciera falta
que nunca es tarde para la vida,
que nace y muere constantemente, que se rompe en fragmentos que se separan y vuelven a unirse
que se regenera, como un hueso que se recupera, a su propio tiempo
sin apuros, con decisión, a consciencia,
hacelo cuando te tomes un mate,
tomate a la vida junto con el mate
mirá por la ventana y dale tiempo a los detalles que se te escapan
en pos de un milagro absoluto y rupturista,
en pos de un idilio con ansias de perfección
en pos de un todo uniforme que no existe
el todo existe múltiple y disforme, no como una fantasía de cristal
el todo existe, sin mucho que puedas hacer en vistas a su existir
con mucho que puedas hacer en vistas a tu existir.
Un blog, mi blog. El punto en el que, principalmente, descargo mi catarsis del mundo globalizado, ese que nunca para.. Por eso, cuando entro acá, encuentro la manera de desconectarme y que mi mente divague con o sin razón. Alguna vez te debe haber pasado. Bienvenido a este mundo de locuras peligrosas.
tinta y pluma pa volar
viernes, 11 de noviembre de 2016
jueves, 10 de noviembre de 2016
Como un fantasma, llevo mi sombra y detrás de mi sombra, tu sombra.
Quiero una ruta, una caricia y un helado. Porque hay días en los que no puedo con mi indiferencia, me consumo en caprichos, con la ira, con el pecado. Lo quiero todo.
Hay días que me sucumbe el diablo, el rojo vivo de la pasión que murió. Los rojos son de amor y de sangre. Rojo intenso, como si fuera todo parte de lo mismo.
La pesadilla retruca y se vuelve más larga, más roja, más negra, parece que me despierto pero sigo entumecida, durmiendo, y voy a recordar de por vida todos los cielos y todos los infiernos que tocamos juntos.
Hay un alba serena que está dentro mío, la gota cae y se vuelve nada como la tostada con la mermelada del lado equivocado. Es todo tan difícil, de vez en cuando me gusta ensuciarme con mi propio barro. Hacertelo saber.
Quiero una ruta, una caricia y un helado. Porque hay días en los que no puedo con mi indiferencia, me consumo en caprichos, con la ira, con el pecado. Lo quiero todo.
Hay días que me sucumbe el diablo, el rojo vivo de la pasión que murió. Los rojos son de amor y de sangre. Rojo intenso, como si fuera todo parte de lo mismo.
La pesadilla retruca y se vuelve más larga, más roja, más negra, parece que me despierto pero sigo entumecida, durmiendo, y voy a recordar de por vida todos los cielos y todos los infiernos que tocamos juntos.
Hay un alba serena que está dentro mío, la gota cae y se vuelve nada como la tostada con la mermelada del lado equivocado. Es todo tan difícil, de vez en cuando me gusta ensuciarme con mi propio barro. Hacertelo saber.
viernes, 4 de noviembre de 2016
Levanto la persiana. Abro la ventana para tomar aire e inspirarme, es mi primer contacto con la luz después de una noche densa
que se escurrió inhlanado y exhalando humos
y sensaciones que ya no me pertenecen.
Ayer sentí que las noches son dúctiles, como de plastilina, se estiran para alargarse y quebrarse en partes. Pero hoy ya las siento fugaces. Las noches son como la edad, pienso.
Son las diez.
Cada nuevo sol es un fragmento de un pedazo de mi historia que se alumbra a cada mañana.
El café con leche y mucho azúcar, la galletita que siempre se me rompe, siempre se me parte en dos. La ya conocida imagen de la mitad de la galletita flotando dentro de la taza. Mi lucha constante por agarrarla con la cuchara antes de que se desmigaje, de empujarla hacia el borde y alzarla hasta la salida del pozo que parece un tazón. Tratando de correr a contralej para que no se deposite en el fondo. Ese hecho catastófico es lo único que puede llegar a amargarme el día.
Aprendí que cuando las cosas que pesan es mejor dejarlas en un rincón y no cargarlas
cuantas menos cosas lleves en la mochila, mejor. Cuando viajás intentás hacer eso al menos, pero en el camino cotidiano es también una gran estrategia.
Menos arrugas, menos curvas en la espalda y más liviandad
es mejor, dejar lugares huecos, vacíos inmensos incluso antes que llenarlos de cosas incorpóreas
porque todo eso que no tiene volúmen, es efímero y está condenado a desaparecer, está obligado a perecer de una muerte súbita.
Tomo un sorbo y se me viene una imagen y un pensamiento a la cabeza y de pronto, tengo una certeza
prefiero un jardín por plantar a un ramo de flores marchitas.
Revuelvo el café porque hay azúcar que todavía no se disolvió y cuando me lo termine lo voy a odiar al verlo apelotonado como una montañita y recién ahí voy a entender por qué sentí que no alcanzaron esas 3 cucharadotas.
Este tiempo aprendí a escuchar y a escucharme, a descentrarme. Me volví un electrón y ahora orbito, deambulo y reconozco que no soy ni tan especial ni tan descomunal a no ser por mi nombre.
Soy una entre muchas. Tengo rulos, como muchos y muchas.
Tengo sangre y huesos rotos dentro mío, arrastre de una tragedia que me vuelve humana. Y ahí estoy, paso mi tiempo. Reconstituyéndome, reparándome
porque las cosas si están vivas se curan, todo lo que se mueve está vivo, mutando y quien se resiste al cambio fracasa de antemano porque se fabrica él mismo las celdas de una cárcel que no existe.
que se escurrió inhlanado y exhalando humos
y sensaciones que ya no me pertenecen.
Ayer sentí que las noches son dúctiles, como de plastilina, se estiran para alargarse y quebrarse en partes. Pero hoy ya las siento fugaces. Las noches son como la edad, pienso.
Son las diez.
Cada nuevo sol es un fragmento de un pedazo de mi historia que se alumbra a cada mañana.
El café con leche y mucho azúcar, la galletita que siempre se me rompe, siempre se me parte en dos. La ya conocida imagen de la mitad de la galletita flotando dentro de la taza. Mi lucha constante por agarrarla con la cuchara antes de que se desmigaje, de empujarla hacia el borde y alzarla hasta la salida del pozo que parece un tazón. Tratando de correr a contralej para que no se deposite en el fondo. Ese hecho catastófico es lo único que puede llegar a amargarme el día.
Aprendí que cuando las cosas que pesan es mejor dejarlas en un rincón y no cargarlas
cuantas menos cosas lleves en la mochila, mejor. Cuando viajás intentás hacer eso al menos, pero en el camino cotidiano es también una gran estrategia.
Menos arrugas, menos curvas en la espalda y más liviandad
es mejor, dejar lugares huecos, vacíos inmensos incluso antes que llenarlos de cosas incorpóreas
porque todo eso que no tiene volúmen, es efímero y está condenado a desaparecer, está obligado a perecer de una muerte súbita.
Tomo un sorbo y se me viene una imagen y un pensamiento a la cabeza y de pronto, tengo una certeza
prefiero un jardín por plantar a un ramo de flores marchitas.
Revuelvo el café porque hay azúcar que todavía no se disolvió y cuando me lo termine lo voy a odiar al verlo apelotonado como una montañita y recién ahí voy a entender por qué sentí que no alcanzaron esas 3 cucharadotas.
Este tiempo aprendí a escuchar y a escucharme, a descentrarme. Me volví un electrón y ahora orbito, deambulo y reconozco que no soy ni tan especial ni tan descomunal a no ser por mi nombre.
Soy una entre muchas. Tengo rulos, como muchos y muchas.
Tengo sangre y huesos rotos dentro mío, arrastre de una tragedia que me vuelve humana. Y ahí estoy, paso mi tiempo. Reconstituyéndome, reparándome
porque las cosas si están vivas se curan, todo lo que se mueve está vivo, mutando y quien se resiste al cambio fracasa de antemano porque se fabrica él mismo las celdas de una cárcel que no existe.
jueves, 27 de octubre de 2016
La apriencia se disfraza bajo un velo superficial,
se desnuda seductora de sus ropajes accesorios.
La mirada atisba su pose artificial en lo que se ve,
por un instante el jardín de sus sentimientos florece
acto siguiente, cada hoja se marchita antes del invierno infortuito.
El mundo está loco, los trajes nos enamoran,
los pájaros cantan a la noche y el sol ya no sale a la mañana.
Pero los sabios prefieren amarrarse a la belleza inmutable que morir junto a lo inútil y perecedero.
se desnuda seductora de sus ropajes accesorios.
La mirada atisba su pose artificial en lo que se ve,
por un instante el jardín de sus sentimientos florece
acto siguiente, cada hoja se marchita antes del invierno infortuito.
El mundo está loco, los trajes nos enamoran,
los pájaros cantan a la noche y el sol ya no sale a la mañana.
Pero los sabios prefieren amarrarse a la belleza inmutable que morir junto a lo inútil y perecedero.
martes, 18 de octubre de 2016
El tiempo.
El tiempo es dualista. Bendito y maldito. Profundo y
liviano. Espeso y etéreo. Relativo y absoluto. Fugaz y eterno. El tiempo es y
no es, existe y no existe, acontece y en un instante se detiene.
El tiempo es un todo finito, nace para morir, muere para volver a nacer. Lo bueno y lo malo mutan en su centro, desenvolviéndose hacia su periferia.
En el tiempo discurre el movimiento y la quietud, lo amorfo y lo insustancial se transforman hacia la densidad de la experiencia.
El tiempo es un viaje para navegar las lágrimas y hasta naufragarlas, es una sonrisa efímera que deja ecos en el mar.
Al tiempo hay que vivirlo porque no hay tiempo para pensarlo. En el pensamiento agoniza el resplandor y la magia pierde su vuelo aterrizando para estancarse abruptamente.
El tiempo es una copla de silencios, un destello de sonidos maquiavélicos.
Al tiempo le fascina jugar con lo perecedero, con el frágil instante en el que es vida y con el delicado acto que se suscita desprevenido.
El tiempo amanece y se acuesta despeinado, con el grito atascado, con los labios despintados.
El tiempo es mundano si se vuelve cotidiano. Y cada mañana, nos mira en el espejo y deja entrever en su mirada un atisbo de intensidad. Intenso-extenso-excelso.
Nos observa para pidiendo ser rescatado y virar hacia la luz, para ser quitado del infierno del día a día y ser arrojado al acto no premeditado.
El tiempo sueña pero quiere que lo despierten y lo lleven de paseo, que lo arreglen si está roto.
El tiempo es la gran metáfora. Es abierto, un ventanal con las cortinas corridas. El tiempo es todo lo que mi imaginación quiere que sea. Es mío y es de todos, es singular y es plural.
Por eso, si fuera un animal sería uno salvaje, indomable.
El tiempo es inaprehensible, inalcanzable, inabarcable cuando lo intentamos atrapar.
Como si fuera la cima de un cerro, se ve cercano pero se siente tan lejano ¿o al revés?
Por eso intento fijarlo, escribiéndolo al tiempo. Es el tiempo en el que escribo, escribiéndome en el tiempo.
El tiempo es un todo finito, nace para morir, muere para volver a nacer. Lo bueno y lo malo mutan en su centro, desenvolviéndose hacia su periferia.
En el tiempo discurre el movimiento y la quietud, lo amorfo y lo insustancial se transforman hacia la densidad de la experiencia.
El tiempo es un viaje para navegar las lágrimas y hasta naufragarlas, es una sonrisa efímera que deja ecos en el mar.
Al tiempo hay que vivirlo porque no hay tiempo para pensarlo. En el pensamiento agoniza el resplandor y la magia pierde su vuelo aterrizando para estancarse abruptamente.
El tiempo es una copla de silencios, un destello de sonidos maquiavélicos.
Al tiempo le fascina jugar con lo perecedero, con el frágil instante en el que es vida y con el delicado acto que se suscita desprevenido.
El tiempo amanece y se acuesta despeinado, con el grito atascado, con los labios despintados.
El tiempo es mundano si se vuelve cotidiano. Y cada mañana, nos mira en el espejo y deja entrever en su mirada un atisbo de intensidad. Intenso-extenso-excelso.
Nos observa para pidiendo ser rescatado y virar hacia la luz, para ser quitado del infierno del día a día y ser arrojado al acto no premeditado.
El tiempo sueña pero quiere que lo despierten y lo lleven de paseo, que lo arreglen si está roto.
El tiempo es la gran metáfora. Es abierto, un ventanal con las cortinas corridas. El tiempo es todo lo que mi imaginación quiere que sea. Es mío y es de todos, es singular y es plural.
Por eso, si fuera un animal sería uno salvaje, indomable.
El tiempo es inaprehensible, inalcanzable, inabarcable cuando lo intentamos atrapar.
Como si fuera la cima de un cerro, se ve cercano pero se siente tan lejano ¿o al revés?
Por eso intento fijarlo, escribiéndolo al tiempo. Es el tiempo en el que escribo, escribiéndome en el tiempo.
domingo, 25 de septiembre de 2016
miércoles, 21 de septiembre de 2016
Miércoles sin prisa, leer a contrareloj, de adelante hacia atrás.
Sentirte liviana, porque sos liviana y flexionar
tu mar y desplegarlo a través de las olas
sobre una idea, sobre un papel,
volverlo dibujo, llevándolo a la vida mientras tanto y después,
con el sable del combate de quien lo empuña por una causa justa.
No hay Verdad con mayúscula sino múltiples verdades,
variedades de aciertos, errores existenciales. Fragmentación y conjunción:
los aprendizajes son piramidales y circulares porque no se anulan entre sí
sino que se contienen los unos y los otros progresivamente, dialécticamente,
transformándose en una totalidad.
Tampoco existe tal reduccionismo teolológico que asegure que el racionalismo sea la única vía,
el tren toma un carril y descarta otro, pero ambos convergen en el mismo lugar
y los hombres y mujeres que se suben a él, van
caminan a lo largo del vagón, pensando en lo simple y hermoso que es pisar el movimiento.
Es inalterable, una lógica inexorable que trasmuta para ser hoy lo que cambiará hoy
o tal vez mañana.
lunes, 12 de septiembre de 2016
martes, 6 de septiembre de 2016
No pudo ser.
Es una quimera que se prende fuego, un delirio que se quema.
Una noche le sonrió y significó para ella una inmensa llama que mantendría encendida la luz de su éter,
entre alguna que otra mirada, se fue tejiendo de colores y nudos, un enorme abrigo
que no se parecía a ningún otro, que era capaz de cubrirlo todo, susceptible de teñir a cada hora de su raíz
porque el sueño fue un corto privilegio pulverizado una tarde de septiembre, la tarde en la que compartimos un mate y cantamos una canción. Simplezas, sutilezas, arrancadas todas ellas de raíz.
El dolor es crudo cuando no antecede la anestesia, concluyo y doy vuelta la página y
otra vez, tu forma tenue y perspicaz me hizo emocionar y quise que sea, que así sea, y ahora lo dejo ser.
Ahora me aplico una crema humectante al corazón para que me devuelva el agua que me quitaste de tanta lágrima, de tanto llanto imberbe, futil, que no sabe qué hacer con toda la angustia amorfa que me ocupa. Ya no juego a hacerte cosquillas, y no espero a que te preocupes más que por la inercia que te mantiene de pie y te impide levantar vuelo.
Ahora me aplico una crema humectante al corazón para que me devuelva el agua que me quitaste de tanta lágrima, de tanto llanto imberbe, futil, que no sabe qué hacer con toda la angustia amorfa que me ocupa. Ya no juego a hacerte cosquillas, y no espero a que te preocupes más que por la inercia que te mantiene de pie y te impide levantar vuelo.
Nadie sabe qué fue, ni por qué la estrella partió fugaz.
Es un secreto que no sabés abrir, un misterio que brilla en la oscuridad y que ni en la confidencia de la desnudez penetra la boca para abandonarla después. Es mejor así, me digo y me sostengo en un solo pie, equilibrando todo lo que me dice que algo no anda bien. Un ignoto aparecer y desaparecer, se me viene al corazón de cuando en vez y no hay fantasía más grande que lo que no fue y a su vez, no pudo ser.
sábado, 3 de septiembre de 2016
Necesito escribirte, volverte palabra, pero hoy me escasean
la fortaleza se me vuela y la casita que me construí parece un refugio arriba de una montaña
a la que tengo que llegar, que visualizo a la distancia,
que miro y que quiero alcanzar.
Me sonreís y yo no sé qué pretendés, qué pretendemos con el dolor inducido
apenas ayer, fingía sonrisas que, endebles, se borraron hoy de mi rostro
y aparece una arruga, un dolor, un fuego tibio en todo este vaivén
que está apaciguado, esperando crecer, porque ya nació
y hoy es viento y está volando por alguna vena, lidiando por llegar también
al centro de sí mismo, pugnando por arribar al centro de tú mismo.
¡Por favor! no sé qué hacer con todo este calor, es demasiado para mí
y me quema, me arde, me enciende y me apaga. todo a la vez.
Hoy todo es la misma cosa, hoy se repite circularmente todo el pasado
y vuelve a trasladarse al presente, y yo no soy la misma
porque ahora estoy rodando, porque debo hacerlo, porque todo pasa
¿por qué?
la fortaleza se me vuela y la casita que me construí parece un refugio arriba de una montaña
a la que tengo que llegar, que visualizo a la distancia,
que miro y que quiero alcanzar.
Me sonreís y yo no sé qué pretendés, qué pretendemos con el dolor inducido
apenas ayer, fingía sonrisas que, endebles, se borraron hoy de mi rostro
y aparece una arruga, un dolor, un fuego tibio en todo este vaivén
que está apaciguado, esperando crecer, porque ya nació
y hoy es viento y está volando por alguna vena, lidiando por llegar también
al centro de sí mismo, pugnando por arribar al centro de tú mismo.
¡Por favor! no sé qué hacer con todo este calor, es demasiado para mí
y me quema, me arde, me enciende y me apaga. todo a la vez.
Hoy todo es la misma cosa, hoy se repite circularmente todo el pasado
y vuelve a trasladarse al presente, y yo no soy la misma
porque ahora estoy rodando, porque debo hacerlo, porque todo pasa
¿por qué?
lunes, 29 de agosto de 2016
El tesoro que no ves
La inocencia que no ves
Los milagros que van a estar de tu lado
Cuando comiences a leer de los labios
Y a ignorar los embustes y gustar
Con tu lengua de las aguas que son dulces
Aunque te sientas mal
Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía
No vas a regatear!
Un hermoso día el de hoy!
Ay! Qué bello día es hoy!
Está para desatar nuestra tormenta
Que va a tronar por el dolor
Juegan a "primero yo" y después a "también yo"
Y a "las migas para mí" y cierran el juego porque ya saben que... el tonto nunca puede oler al
diablo (vida mía!) ni si caga en su nariz
Esa mancha que está allí...
Por allí... en el suelo! allí!
Y en tu bella cicatriz
Parece sangre y sin embargo sonreís
El tesoro que no ves!
La inocencia que no ves!
El placer es tan oscuro como el culo de un topo negro y si no hay amor que no haya nada
Entonces, alma mía
No vas a regatear!
Placer que es cruel...
(Le echás el guante
sin lágrimas...
a tu pena allí nomás)
.. y el mundo allí nomás
El sol cocina lento...
Placer que es cruel...
(Vos siempre estás con una excusa a flor de labios...
sin lágrimas..
Con tus dolores allí nomás, sin vida
Con tu sangre en el suelo...
La inocencia que no ves
Los milagros que van a estar de tu lado
Cuando comiences a leer de los labios
Y a ignorar los embustes y gustar
Con tu lengua de las aguas que son dulces
Aunque te sientas mal
Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía
No vas a regatear!
Un hermoso día el de hoy!
Ay! Qué bello día es hoy!
Está para desatar nuestra tormenta
Que va a tronar por el dolor
Juegan a "primero yo" y después a "también yo"
Y a "las migas para mí" y cierran el juego porque ya saben que... el tonto nunca puede oler al
diablo (vida mía!) ni si caga en su nariz
Esa mancha que está allí...
Por allí... en el suelo! allí!
Y en tu bella cicatriz
Parece sangre y sin embargo sonreís
El tesoro que no ves!
La inocencia que no ves!
El placer es tan oscuro como el culo de un topo negro y si no hay amor que no haya nada
Entonces, alma mía
No vas a regatear!
Placer que es cruel...
(Le echás el guante
sin lágrimas...
a tu pena allí nomás)
.. y el mundo allí nomás
El sol cocina lento...
Placer que es cruel...
(Vos siempre estás con una excusa a flor de labios...
sin lágrimas..
Con tus dolores allí nomás, sin vida
Con tu sangre en el suelo...
domingo, 28 de agosto de 2016
Macoa
Palabras que se resignifican, que alcanzan la profundidad del sentido
del que yo misma las doto.
Uno se apropia y habita a las palabras que usa,
palabras que hombres y mujeres esgrimen para disfrazar aquello que no tiene nombre.
Palabras que se usan como escudo y arma ante el mundo y su humanidad.
Vuelven, todas y cada una de ellas, a pronunciarse con un acento distinto
se me vienen como bola de nieve por la montaña y no las puedo parar
se caen todas, una a una, como piezas de dominó.
Vuelven y no son las de antes, no son las mismas.
Ahora, pierden su futilidad, su pesadumbre, su fugacidad
y llaman a perdurar, al menos bajo un paradigma que se sugiere eterno.
AYUDAR. SOÑAR. SUEÑOS
FUERZA.
AMOR. AMAR. OBSESIÓN.
CONFIANZA. CALMA.
LUCHAR.
DESPRENDERSE. SOLTAR. DAR
ESCLAVITUD. LIBERACIÓN.
CIRCULAR. ANCESTRALIDAD.
CONECTAR. RECIPROCIDAD. DESEOS.
SEGURIDAD. TITUBEO. DECISIÓN.
INTUICIÓN.
del que yo misma las doto.
Uno se apropia y habita a las palabras que usa,
palabras que hombres y mujeres esgrimen para disfrazar aquello que no tiene nombre.
Palabras que se usan como escudo y arma ante el mundo y su humanidad.
Vuelven, todas y cada una de ellas, a pronunciarse con un acento distinto
se me vienen como bola de nieve por la montaña y no las puedo parar
se caen todas, una a una, como piezas de dominó.
Vuelven y no son las de antes, no son las mismas.
Ahora, pierden su futilidad, su pesadumbre, su fugacidad
y llaman a perdurar, al menos bajo un paradigma que se sugiere eterno.
AYUDAR. SOÑAR. SUEÑOS
FUERZA.
AMOR. AMAR. OBSESIÓN.
CONFIANZA. CALMA.
LUCHAR.
DESPRENDERSE. SOLTAR. DAR
ESCLAVITUD. LIBERACIÓN.
CIRCULAR. ANCESTRALIDAD.
CONECTAR. RECIPROCIDAD. DESEOS.
SEGURIDAD. TITUBEO. DECISIÓN.
INTUICIÓN.
viernes, 26 de agosto de 2016
Volvés al barro, volvés a ser de arcilla. Frágil endeble
al sol, al tacto, a la humedad.
Hay una invalidez inconsciente que inmoviliza
y se prolonga a través de los dedos, hasta hacerse sensible
con cada encuentro que se gasta inútilmente
Dos cuerpos, que
por las dudas, se incomodan
y cargamos con los hombros ya cansados
vamos caminando y llenándonos la panza
de palabras efímeras, de viejos fantasmas, de sollozos discrepantes
que no se animan a salir cuando se supone que deben hacerlo
La verdad se crea en el tumulto de un engaño
el amor se derriba como una casa de paja
de un soplo, de una tarde
Nadie espera. El trajín te lleva
y pedaleás hacia la nada que es tu todo
mi nulidad,
ya no quiero tomarte las manos
ya no quiero verte
flagelando(me)
al sol, al tacto, a la humedad.
Hay una invalidez inconsciente que inmoviliza
y se prolonga a través de los dedos, hasta hacerse sensible
con cada encuentro que se gasta inútilmente
Dos cuerpos, que
por las dudas, se incomodan
y cargamos con los hombros ya cansados
vamos caminando y llenándonos la panza
de palabras efímeras, de viejos fantasmas, de sollozos discrepantes
que no se animan a salir cuando se supone que deben hacerlo
La verdad se crea en el tumulto de un engaño
el amor se derriba como una casa de paja
de un soplo, de una tarde
Nadie espera. El trajín te lleva
y pedaleás hacia la nada que es tu todo
mi nulidad,
ya no quiero tomarte las manos
ya no quiero verte
flagelando(me)
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