tinta y pluma pa volar

tinta y pluma pa volar

sábado, 30 de mayo de 2015

Detener la palabra
un segundo antes del labio,
un segundo antes de la voracidad compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que puede prescindir de todo nido.


El destino es de aire.
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,
pero la ausencia necesita otros
para que las cosas sean
su destino de aire.

La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia.

domingo, 24 de mayo de 2015

Curtains

Un tango azul y sereno, negro, oscuro,
se define en su circularidad melancólica
me lleva a recorrer las calles de mi vida,
a inundarlas de llanto de vez en cuando.
En uno de esos callejones, como pasadizos secretos,
me abrumo de luz y de verdad,
es como un resplandor repentino y fugaz
que me camina los adoquines húmedos del cuerpo.
Maravillosa experiencia, que nunca sé cuando culmina,
me encuentro acurrucada y piadosa
tolerando mi propia diferencia,
porque uno nunca logra domesticarse del todo
uno siempre toca las mismas notas,
uno siempre piensas las mismas cosas.
Lo circular del tango se extrapola a todas las aristas de mi vida,
a los cimientos mismos del ser,
a todas las estructuras propias del canto humano,
y a la vida se la puede bailar con vestido corto,
seduciéndola, franeleando sus múltiples posibilidades
y conjurando condicionales,
de a ratos, de a saltos, interrumpiéndola para luego
continuar jugándola a la vida.
Y es un juego que no se pierde sino al final del camino y,
sin embargo, aun bajo tales circunstancias,
deberíamos,
más bien,
concebirla como una nueva transformación,
como una nueva apertura del ser,
un nuevo modo de decodificar un mismo mensaje.
Ruptura, hiato.
El final de la vida es una nueva ramificación que surge del mismo árbol del que una vez se marchitó.
Son las hojas de la vida las que cambian, las que se dan vuelta las unas a las otras,
a cada estación del año, en cada año que se estaciona en la puerta de mi casa.
Lentas, paultinas y románticas las hojas cambian, en un trance del rojo al amarillo,
y aunque creamos ser conscientes del cambio,
la propia dinámica nos acompleja descentrándonos del mundo,
relegándonos al confín más tardío del abismo espacial.
Porque a lo lejos del Universo, casi al final del recorrido,
una imagen en blanco y negro vibra con todas las fuerzas del viento
como un mantra
que no vemos en ella más que sincronía y estatismo.
La encerramos y no somos otra cosa que analfabetos visuales.
Creemos que la imagen no cambia y eso nos entristece enormemente.
Lo abstracto de las palabras nos conmueve y decepciona a la vez,
nos vuelve pequeños seres
de grandes ilusiones
de grandes recuerdos,
hacedores de amores y dolores,
de caricias y moretones,
de melodías y silencios.
Pero la gracia de la tinta que se vuelca en el papel
es ir desenvolviéndose en la hoja
malgastándose, yendo sólo hacia adelante.
Porque las palabras no cambian los hechos,
¡escuchenme!
la voluntad, no puede nunca,
 nunca
pero nunca
influir en la materialidad objetiva.

martes, 31 de marzo de 2015

TRES

Hay un trinomio al cuadrado imperfecto que se bifurca
entre sexos y sombras,
contactos y profecías
del que sabe y del que no,
deseos y fantasías divididos por un número impar,
y tal vez, todo se reduce al interín que se suspende entre lo dicho y lo no dicho,

y entre las paredes cúbicas hay alguien encerrado que se queda inmóvil,
que se paraliza porque hay tanto desconocido allá afuera,
tanto desconocido acá adentro,

tanto amor de cotillón,
tanta farsa sistematizada,
tanto ritual que se reproduce simplemente porque sí.

La necesidad de dotar a todo de una razón es el anverso y el reverso a la vez
es la cara y es la seca,
es la luz y la oscuridad
el ying y el yang
el puente que se tiende en el espacio ficticio que logra unir dos entes inconexos.
Hay dos cuerpos que copulan sin motivo aparente,
y una vez más
lo esencial, es invisible a los ojos.

domingo, 29 de marzo de 2015

La deformación diurna le sigue a la secuencia nocturna,
como dos y dos son cuatro,
como el siete sigue al seis,
y sucediéndose a sí mismo
el pájaro abre sus alas
y en un esbozo circular sorprende majestuoso en el vuelo rapaz.
Espejismo de distancias, en el epicentro mismo de su vida
está alto, muy alto,
y pienso
que el pájaro parece otra cosa
que el pájaro no es pájaro si no vuela en bandada
y sin embargo, así, todo solitario
me recuerda algo más,
la sombra de un monstruo
o el vaticinio imperfecto de la virtud que se aleja en el cielo.
Yo, desde acá abajo, puedo ver el reflejo de su corrupción,
su individualidad primando por sobre lo grupal,
mientras que el ruido y la inocencia se compaginan en disformes espacios
pero sin florecer jamás
ni en la tierra ni en el cielo,
ni con uno ni con todos.
El pájaro es hoy una calamidad que simboliza aquello que no sale,
es síntoma de lo que permanece adentro

lo que no se dice
(lo que no decís)
está
(como siempre)
invisible
(y adentro)
Por eso el pájaro se va solo.

domingo, 15 de marzo de 2015

Dominguero.

Es la nostalgia lígubre del domingo o tal vez sea el mate amargo,
no disipo la bruma pero tengo sólo una certeza
la de que estos días son para quedarse adentro
 entre el equilibrio del frío interno y del calor exterior.
Temperatura color que se satura de versos,
prosas y cuerpos hilándose en el intento de tejer el mismo abrigo.

¿Por qué vuelvo a escribir, ahora
en este preciso instante?
¿Por qué vuelvo a escribirme en el suspiro de un amor y entre otro acorde menor?

No lo sé.
Silencio.

En el fondo se escucha el tren que parte hacia la tarde anaranjada
y ella se dibuja a lo lejos en un papel roto,
añeja, oxidada, como una muñequita de trapo.
En el andén se visualiza el adiós,

y en el confín, el disfraz que me ocultaba
también se fue,
y yo me quedé acá
desnuda,
en el centro de la flor
mirándome al espejo
y silbando de reojo
por si te encuentro en el otro reflejo.


jueves, 12 de marzo de 2015

Mejor así.

Las bocas del destino hablan y deliran, y yo, mujer que cree en el desatino
 ya no me empecino en ir contracorriente
en caminar y en andar , en llorar y patalear.

Se me cae la lágrima del rulo, el celofán se vuela hacia el mar
y no es tristeza salada, no
es felicidad agridulce,
de esa que está entre el ir y venir.

No hay ruidos y no hay magia en el por qué,
hoy ES
entrega y
ES hemorragia de silencios que palpitan en palabras no dichas,
que crecen y desbordan ávidamente las márgenes del río
y se vislumbran en gigantescas omisiones dadas y otorgadas
para surcarlas sin 'peros' y sin remos

En tu afasia interpreté secretos nunca antes revelados, llegué a los confines de tu universo para conquistar verdades nunca antes descubiertas,
fui la primera en saber más de vos que vos de vos.
Y ahora volvemos a ser dos,
dos seres
disímiles y simpáticos
perpetuos y socorros

nos unimos en dos hilos paralelos.

Y sin contacto
hay futuro.

martes, 10 de marzo de 2015

Rompecabezas

Árbol, 
hoja, 
salto,
luz,
aproximación,

mueble, lana, gusto, pie,
té,
 marcas, 
   miradas.

Nube, loba, dedo, cal,
gesticulador,

hijo, cama, menta, sien,
rey,
fin, 
sol,
amigo, 
cruz.

Alga, dado, cielo, riel,
estalactita, mirador, 
corazón.

Hombre, rayo, felpa, sed,
extremidad, insolación, 

parecer.

Clavo, 
coito, 
¡Dios!

temor, mujer, por.


sábado, 21 de febrero de 2015

"Yo fui muy marcado por mi relación con las mujeres. Me afectó mucho la muchacha ojos de papel. Si en la vida hay algo que marca (el «marcapiel») es el amor. Creo que lo único peor a sufrir un desengaño amoroso es que te torturen. Cuando un amor se quiebra en el aire la herida es imperecedera, como un estigma. Por eso, para olvidar a una persona de la cual uno está o estuvo enamorado se requiere de cierta impecabilidad, porque si no uno se convierte en un tarado, un paralizado. Yo estuve a punto de convertirme en algo así, de no haberme encontrado con amigos que me ayudaron y de no haber tenido determinado valor, porque hay algo pasional en mí por lo cual yo moría cuando mis relaciones amorosas llegaban a su fin".

 Luis Alberto Spinetta a Eduardo Berti.

viernes, 20 de febrero de 2015

Bosquejé el reencuentro en un viaje inacabado.
Y la confluencia llegó, 
tácita y liviana,
nocturna y resplandeciente
como la luna roja, 
dulce y seductora.
Llegó!- pensé.

Pero en el desenvolvimiento de tu temperamento, 
cuenta me di de que el que tus manos me ofrecían, era del más orgánico amor
una calidad ampliamente superior
resistente a la lluvia y al sol del mediodía
aun sin paraguas ni protector,
era simplemente lo menos contaminado con lo que me topé en esta ciudad
era mejor que el que cualquier mujer hubiese podido adquirir
porque ni ahorrando toda una vida y rompiendo finalmente la alcancía lo hubiera conseguido,
es que era tan puro que lo hubiese guardado en un botiquín
para sanarme en caso de lastimarme
para sanarme
con tu amor

 y sabio es el que riega una pequeña flor, 
como la paciencia es el instrumento con el que se ara en el campo del amor
y para cosechar hay que esperar,
y yo
no esperé. No te quise, no te pude esperar
porque este monstruo que habita en mí no conoce la calma. 
Mi cuerpo arde en rojo y busca saciar su sed con agua 
y no importa cómo ni con quién.

 No pude esperarte, una vez más,
porque cuando viniste por mi, 
ya era tarde en mi reloj,
ya era tarde en mi templo,
ahora estaba encerrada en otra celda
rindiéndole culto a un otro Dios.

jueves, 12 de febrero de 2015

El gesto.

En las postrimerías del hecho se vislumbra el motivo o, al menos, así lo cree uno.
En la retrospectiva el mensaje se capta mejor que en el presente, las cosas ganan nitidez y en ese espejismo de clarividencia uno se purga del bien y del mal. Se postula objetivamente en el centro de uno mismo para juzgar imparcial lo que tuvo lugar. Esa pretensión de objetividad no es otra cosa que el engaño hacia uno mismo, que tanto nos complace por movernos dentro de márgenes maniqueos.
Mientras tanto, a lo lejos, suena una música como sugiriendo que  lo único que ansía un acorde es la armonía con sus pares, y en el afán por conseguir dicho objetivo, la composición se torna magistral.
Es lo imperecedero de la creatividad, de lo nuevo e impredecible,
lo aleatorio que desestabiliza por no haber sido engendrado con el fin con el que se comparece ante nosotros. Sublime la sorpresa que se manifiesta superior al plan en sus múltiples facetas.
Y pienso que deberíamos darle lugar al gesto más que a la palabra. Porque el gesto es libre y la palabra encierra, el gesto no tiene ni una ni dos acepciones, sino tantas interpretaciones como intérpretes hay en el mundo. La palabra, en cambio, contempla solo unas pares de definiciones que cercenan la capacidad de fantasear, es como si con las palabras cortáramos las alas de nuestra imaginación. Con las palabras empezamos oraciones y las terminamos. La palabra tiene la ilusión de hacernos creer que con ella hacemos del Universo un lugar imperecedero ¿Pero las palabras inmortalizan?
 Es la paradoja del lenguaje, que nos libera de la opresión de la incomunicación, y nosotros rompemos las cadenas, glorificándonos en ese acto de que hemos encontrado por fin la forma de elevarnos al pedestal máximo de la civilización, a tal punto, que perdemos la consciencia de nuestra animalidad. Pero, a su vez, es la palabra misma la que nos lleva a ser prisioneros en nuestra propia celda.
Una vez más, los extremos que se tocan, libertad y recato se unen cerrando un mismo círculo.
La prisión es creada por y para el hombre. Y es también por eso que el silencio es el más sabio de los sonidos cuando se lo evoca en el momento indicado, porque da lugar al descifre desde lo particular, desde lo ínfimo y más propio del ser, invitándonos a lo lúdico e involucrándonos en un juego ambivalente que por momentos toma el formato de batalla.
Así, no hay nada más alejado del universalismo de las palabras que el gesto.
Tal vez, sea por eso que me gustan tanto los gestos, porque no contienen interpretaciones ni sub-interpretaciones, al gesto puedo jugarlo como quiero. Las reglas de mis gestos corren por cuenta mía. En mi gesto se borran las barreras morales entre lo correcto y lo incorrecto, lo sádico y lo inocente, lo normal y lo anormal.
Pero como última y más importante advertencia es preciso no olvidar en ningún momento que al gesto se lo debe mantener en cautiverio las más de las veces, para lanzarlo con fuerza en el momento apropiado. Arma sutil y elegante el gesto,
"si usted quiere ganar esta guerra es mejor que lleve, junto al arco y la flecha,
un arsenal de gestos." dijo y se rió de mi
del mundo entero.


sábado, 7 de febrero de 2015

La misma ventana, inamovible al paso del tiempo, pegada con cemento en la pared, ladrillo sobre ladrillo. Una mujer vestida de azul se va y vuelve al trabajo. El gato se despereza tiernamente sobre la alfombra. Es otoño, hay calidez hogareña y frialdad urbana, las hojas parten y los árboles se desnudan. Imagen poética que se manifiesta ventosa desde esa misma ventana por la que, al menos una vez al día, ella se asoma siempre curiosa como si esperase ver un cambio repentino que le quitara el aliento y la dejara atónita. Pero no. La ventana no sangra y por eso, no cambia. Ella sangra y sangra pero tampoco aprende.
La mujer posee una sensibilidad cuasi escalofriante, siente tanto pero a ella el otro no la siente

¿o es que es ella la que no se deja sentir?

jueves, 5 de febrero de 2015

Doy vuelta la página y borro con más palabras,
letra sobre letra,
ojo por ojo
lágrima sobre lágrima
¿cada uno recibe lo que da?

si la sangre vertida en el río es una gota que no cabe en el caudal que absorbe el sueño y atormenta el alma me pregunto si las personas encuentran
y si es así
¿las personas se encuentran?

si hay momento indicado, si la luna está llena o si todo en este universo es un espejismo humano

En el cúmulo de interrogantes la brújula se obnubila,
se llena de polvo y entorpece su función.
No hay norte ni sur que nos indiquen el andar

y miro dentro mío
está vacío
hay algo que me falta
porque veo que los otros tienen eso que yo creo que me falta

otra vez la estúpida costumbre de mirar a mi alrededor
y después adentro mío.
Debiera ser al revés
adentro y después afuera.

Me falta valor para ver sin ojos
y para sentir sin las manos.

¿Por qué siempre falta algo?

domingo, 4 de enero de 2015

La melancolía es un sabor agridulce que se apega en el paladar. Y en ese testeo permanente, el hombre viaja para conquistar los ríos dulces, para dar vuelta sus relojes y sus medias, para dormir por la mañana y para tomar mate bien entrada la noche, para olvidarse y para recordar.
Armar la mochila es el paso número uno. Armar la mochila es un camino de ida, aunque el viaje propiamente dicho no pese más que unos pocos granos en la inmensidad del total de la arena.
A partir de ese momento comienza el viaje. El transporte físico puede tranquilamente esperar; pero el filosófico acaba de comenzar. Y de fondo, mientras elijo qué llevo y qué dejo, el piano ayuda a que desarme y sangre el corazón que está inmerso en un titubeo intermitente, una fragilidad acorazada que puja por salir, un ser que se halla entre el ir y venir, entre quedarse e irse.
A pasitos de todo me pregunto si viajar es escapar. E inmediatamente me respondo que no, no y no. El acto de viajar es, en sí mismo, ya un punto de llegada.
Dicen que el cobarde huye en busca de valor, pero el valiente también escapa.
Porque siempre falta algo, porque siempre hay algo por hacer. Con uno mismo, con el otro, con pocos o con todos. El viaje es la búsqueda del viaje, lo físico con el empeño espiritual.

Un viaje es un empalme entre la espera y el ansia, entre lo conocido y lo desconocido, es la risa y lo aleatorio. Un viaje es libertad y desamor, cariño y abrazos. Un viaje es todo lo que yo quiero que sea. Un viaje es la esperanza renovada que se condensa consumada en cada fuego artificial que se quema mecánicamente cada primero de enero.
Y es por eso que una fiesta, un mantel sucio y un helado derretido son mucho más que un cigarrillo consumido, porque es la compañía versus la soledad
y es esa misma batalla la que se arrastra en el viaje.