Es como si me mirara desde arriba,
es como si estuviese ahí afuera señalándome con el dedito.
Es como si fuese un represor. Uno hombre desequilibrado que ha perdido el justo medio y la justa naranja. Justa porque era una mezcla de dos formas malas. Porque 3+3 es siempre 6, eso es lo que me fascina de un hombre: su inmutabilidad. Su capacidad de permanecer siempre intacto, como un calco antiguo.
Aunque siempre caigo víctima de esa sensación, después de un momento, me miro desde abajo.
Y cambia mi perspectiva.
Es como si diera vuelta el reloj de arena,
como si mirara al triángulo desde la hipotenusa.
Al derecho,
o al revés.
Porque no olvidemos que todo es relativo
y que depende de ángulo desde el que se lo mire.
Un blog, mi blog. El punto en el que, principalmente, descargo mi catarsis del mundo globalizado, ese que nunca para.. Por eso, cuando entro acá, encuentro la manera de desconectarme y que mi mente divague con o sin razón. Alguna vez te debe haber pasado. Bienvenido a este mundo de locuras peligrosas.
tinta y pluma pa volar
jueves, 1 de mayo de 2014
viernes, 25 de abril de 2014
Que no ponga en palabras, no significa que reniegue, ni que me esté mintiendo a mi misma.
Que no delimite mis sentimientos como a una oveja en su corral, no quiere decir que no esté segura.
Porque me da miedo cocinar tu carne a fuego alto,
me da miedo que de pronto se me queme sin darme cuenta.
Porque me da miedo cocinar tu carne a fuego alto,
me da miedo que de pronto se me queme sin darme cuenta.
Sí, es como cuando era chiquita: siempre dejaba en el plato lo más rico para el final.
Pero el problema es que, a diferencia de cuando era chiquita, vos no sos un plato y en este juego el final no se avizora desde donde estoy. Y mientras tanto, yo, sigo la corriente. Sin certezas, sin seguro de vida, sin saber cuándo me va a llegar la jubilación de esta cosa que no quiero llamar amor.
Es que yo ya había sentido mariposas en la panza, pero de una manera diferente.
Eso es lo que más me asusta: el hecho de que te escucharía horas y horas, como a los cuentos relatados por la voz de Cortázar.
Pero con el paso del tiempo las mariposas evolucionan a polillas, que me van comiendo los cesos y me dejan sin capacidad de acción.
Es que el sentido común ya lo perdí en el ascensor.
Eso es lo que más me asusta: el hecho de que te escucharía horas y horas, como a los cuentos relatados por la voz de Cortázar.
Pero con el paso del tiempo las mariposas evolucionan a polillas, que me van comiendo los cesos y me dejan sin capacidad de acción.
Es que el sentido común ya lo perdí en el ascensor.
martes, 22 de abril de 2014
Tu investidura me dota de unilateralidad:
con vos puedo trazar un único camino
y morir de una sola forma.
Puedo atacarte por ese lado
o puedo proclamarme reina e impugnar tu absolutismo
con una tiranía semejante a la que te ata a mi cuerpo.
Puedo aplicar mis teorías sin llevar a cabo una práctica sistemática
puedo hablarte sin ensalzarme en un todo coherente,
simplemente porque no lo tengo.
Mi carencia es tu potestad,
mi voluntad es un vicio automático
que no tiene control remoto.
Y es así,
desde siempre nos encerramos en el baño
para lavarnos las manos impías con las que conocemos el mundo.
No nos gustan los actos pecaminosos
y por eso prefiero la salvación
a tu condena.
con vos puedo trazar un único camino
y morir de una sola forma.
Puedo atacarte por ese lado
o puedo proclamarme reina e impugnar tu absolutismo
con una tiranía semejante a la que te ata a mi cuerpo.
Puedo aplicar mis teorías sin llevar a cabo una práctica sistemática
puedo hablarte sin ensalzarme en un todo coherente,
simplemente porque no lo tengo.
Mi carencia es tu potestad,
mi voluntad es un vicio automático
que no tiene control remoto.
Y es así,
desde siempre nos encerramos en el baño
para lavarnos las manos impías con las que conocemos el mundo.
No nos gustan los actos pecaminosos
y por eso prefiero la salvación
a tu condena.
jueves, 17 de abril de 2014
¿Es la sexualidad el lenguaje de lo que nos rodea?
Si es así ¿cuál es, entonces, el nexo entre la incapacidad de la superación de la inhibición individual y la obligación social que se imprime en nuestro pensamiento? ¿De dónde proviene el obstáculo que no logra superarse a pesar de la conciencia del origen del mecanismo?
La desnaturalización de lo social no contribuye sino a agudizar las contradicciones de la sociedad en la que vivimos. Pero ¿cómo llevar a la praxis una dinámica que es marginal?
No es posible superar una construcción hegemónica desde la minoría, y a su vez, cuan compleja es la tarea de socializar el conocimiento.
Es duro habitar un cuerpo que se haya inmerso en la antagonía prácticas-pensamientos.
Por otro lado, son admirables y derrochadores de pena los escasos valientes que se animan a ser coherentes en sus prácticas, porque no reciben otra cosa que la retribución de un exotismo social que los aleja de las masas irreflexivas.
Es menester cotidianizar lo extraño y extrañar lo cotidiano, y eso solo es posible a partir de una comunicación real entre las multitudes.
Qué triste es hallarse atrapado en las redes del orden, interviniendo en el mundo como una araña de ocho patas, que a medida que avanza, lo único que consigue es seguir tejiendo inconcientemente el lecho de reproducción de lo que nos aqueja y nos aliena como hombres y mujeres.
¡A otro el cuento de la libertad sexual!
Si es así ¿cuál es, entonces, el nexo entre la incapacidad de la superación de la inhibición individual y la obligación social que se imprime en nuestro pensamiento? ¿De dónde proviene el obstáculo que no logra superarse a pesar de la conciencia del origen del mecanismo?
La desnaturalización de lo social no contribuye sino a agudizar las contradicciones de la sociedad en la que vivimos. Pero ¿cómo llevar a la praxis una dinámica que es marginal?
No es posible superar una construcción hegemónica desde la minoría, y a su vez, cuan compleja es la tarea de socializar el conocimiento.
Es duro habitar un cuerpo que se haya inmerso en la antagonía prácticas-pensamientos.
Por otro lado, son admirables y derrochadores de pena los escasos valientes que se animan a ser coherentes en sus prácticas, porque no reciben otra cosa que la retribución de un exotismo social que los aleja de las masas irreflexivas.
Es menester cotidianizar lo extraño y extrañar lo cotidiano, y eso solo es posible a partir de una comunicación real entre las multitudes.
Qué triste es hallarse atrapado en las redes del orden, interviniendo en el mundo como una araña de ocho patas, que a medida que avanza, lo único que consigue es seguir tejiendo inconcientemente el lecho de reproducción de lo que nos aqueja y nos aliena como hombres y mujeres.
¡A otro el cuento de la libertad sexual!
jueves, 10 de abril de 2014
Monólogo
Hablar en voz alta y hacer un monólogo real,
quiero decir, dialogar con mi otro Yo.
Porque de vez en cuando él también necesita expresarse.
No quiero jugar el rol del tirano despótico con mi otro Yo.
Eso sería faltarle el respeto y aprovecharme de su indefensión.
Es mejor hablar con uno mismo y no recibir respuesta,
que hablar con otro
y tampoco recibir respuesta.
Porque triste es dialogar con alguien que a uno no lo escucha.
Por eso amo a mi Yo,
porque mi Yo está siempre conmigo,
es como la sombra que no se va ni con el Sol.
Cuando lavo los platos canto, y cuando me baño hablo con el jabón y
con las burbujas que no se arman en la bañera que no tengo.
Cuando estudio me distraigo con alguna telaraña que ha quedado en el techo.
Y en todas esas instancias, siempre está mi Yo.
Siempre estoy conmigo.
Sí, la mayor parte del tiempo hablo de trivialidades y cosas sin importancia.
Pero de vez en cuando descubro las verdades más absolutas en esas nimiedades.
Y me doy cuenta de la importancia del detalle.
El detalle es el corolario de la atención,
porque si uno mira bien...
recibe la recompensa del detalle.
quiero decir, dialogar con mi otro Yo.
Porque de vez en cuando él también necesita expresarse.
No quiero jugar el rol del tirano despótico con mi otro Yo.
Eso sería faltarle el respeto y aprovecharme de su indefensión.
Es mejor hablar con uno mismo y no recibir respuesta,
que hablar con otro
y tampoco recibir respuesta.
Porque triste es dialogar con alguien que a uno no lo escucha.
Por eso amo a mi Yo,
porque mi Yo está siempre conmigo,
es como la sombra que no se va ni con el Sol.
Cuando lavo los platos canto, y cuando me baño hablo con el jabón y
con las burbujas que no se arman en la bañera que no tengo.
Cuando estudio me distraigo con alguna telaraña que ha quedado en el techo.
Y en todas esas instancias, siempre está mi Yo.
Siempre estoy conmigo.
Sí, la mayor parte del tiempo hablo de trivialidades y cosas sin importancia.
Pero de vez en cuando descubro las verdades más absolutas en esas nimiedades.
Y me doy cuenta de la importancia del detalle.
El detalle es el corolario de la atención,
porque si uno mira bien...
recibe la recompensa del detalle.
domingo, 6 de abril de 2014
Dos
Se buscan.
Los dos se están buscando,
pero no se encuentran,
porque ninguno de los dos sabe que el otro lo está buscando.
¿Cómo es que no se encuentran?
Hablan el mismo idioma,
pero aplican lunfardos distintos.
Cuando uno avanza,
el otro retrocede,
si uno sube,
el otro baja.
Sus relojes marcan horas distintas,
pero sus cerebros piensan lo mismo.
Van a des-tiempo.
Pero no son tontos, no
ellos son cautos.
Resabios de un siglo tímido,
extraños habitantes del veintiuno.
Si, son cautos
pero también inseguros.
Tienen miedo a exponerse,
porque exponerse implica vulnerabilidad.
Y la vulnerabilidad lo vuelve a uno frágil
como un bebé, como un fruto inmaduro.
Son diversos,
a su modo,
y se quieren también,
a su modo
aunque nunca se lo hayan dicho.
Los dos se están buscando,
pero no se encuentran,
porque ninguno de los dos sabe que el otro lo está buscando.
¿Cómo es que no se encuentran?
Hablan el mismo idioma,
pero aplican lunfardos distintos.
Cuando uno avanza,
el otro retrocede,
si uno sube,
el otro baja.
Sus relojes marcan horas distintas,
pero sus cerebros piensan lo mismo.
Van a des-tiempo.
Pero no son tontos, no
ellos son cautos.
Resabios de un siglo tímido,
extraños habitantes del veintiuno.
Si, son cautos
pero también inseguros.
Tienen miedo a exponerse,
porque exponerse implica vulnerabilidad.
Y la vulnerabilidad lo vuelve a uno frágil
como un bebé, como un fruto inmaduro.
Son diversos,
a su modo,
y se quieren también,
a su modo
aunque nunca se lo hayan dicho.
miércoles, 2 de abril de 2014
Estallaré en mil formas
Veo
y en mis pupilas se traduce el sentimiento,
que a través de parpadeos,
escriben jeroglíficos interpretables.
Van y vienen,
se pierden en la habitación
retumbando en las paredes,
mis ojos perdidos,
para volver una y otra vez sobre tu cuerpo.
Te sonrío
y no hay lingüista que encuentre el significado adecuado
del significante que te regalo,
será que no hay traducción exacta, ni analogía posible
para el idioma que manejamos.
Se entrecierran mis párpados nuevamente:
de cansancio, de exhaustividad acumulada,
de estúpida impotencia,
ante mi propio Yo.
Pero espero sepas
que mis ojos reflejan tan solo una ínfima pizca
de la ternura que acumulé en estos meses,
con la esperanza de dártela como un regalo voluntario.
Aunque siempre que te regalo una iniciativa,
implícitamente,
espero la obligatoriedad de que me sea devuelta.
Aunque más no pueda ser
a tiempo.
y en mis pupilas se traduce el sentimiento,
que a través de parpadeos,
escriben jeroglíficos interpretables.
Van y vienen,
se pierden en la habitación
retumbando en las paredes,
mis ojos perdidos,
para volver una y otra vez sobre tu cuerpo.
Te sonrío
y no hay lingüista que encuentre el significado adecuado
del significante que te regalo,
será que no hay traducción exacta, ni analogía posible
para el idioma que manejamos.
Se entrecierran mis párpados nuevamente:
de cansancio, de exhaustividad acumulada,
de estúpida impotencia,
ante mi propio Yo.
Pero espero sepas
que mis ojos reflejan tan solo una ínfima pizca
de la ternura que acumulé en estos meses,
con la esperanza de dártela como un regalo voluntario.
Aunque siempre que te regalo una iniciativa,
implícitamente,
espero la obligatoriedad de que me sea devuelta.
Aunque más no pueda ser
a tiempo.
Yo prefiero la praxis aristotélica del realismo, antes del idealismo platónico. Ha de ser, más bien, una cuestión de preferencias y afinidad.
Aferrarse a lo utópico es ponerse una piedra en el camino, es sesgar la posibilidad de la praxis y estancarse. Aunque a veces creamos que necesitamos una meta lejana, lo irreal frustra porque se tiene la sensación de que la meta no se avecina a medida que pasa el tiempo. Lo ideal es un hecho social total que funciona mediante un mecanismo condicionante a la "libertad" de nuestra mente. Es aberrantemente totalizador. Por eso es mejor trazarse objetivos cortos y posibles, aunque se corra el riesgo de rozar el límite de lo frívolo y lo inútil. Es la era del posmodernismo, vivimos en ella. ¿Por qué negarla? Si la historia misma se encarga del curso del devenir, aunque como personas creamos que tengamos el poder del cambio, nuestras acciones no son esa suerte de todopoderoso como a menudo las concebimos. El sinsentido forma parte constitutiva de nuestra ser y nos atraviesa en todos nuestros recovecos cotidianos. ¿Por qué me fumo un cigarro? ¿Con qué fin miro la televisión? La teleología ya caducó y no sirve para explicarnos la rutina y mucho menos nuestra propia coherencia interna.
No caigamos en la torpeza del rechazo del presente y en la reconstrucción de un pasado idílico que se jacta de haber sido mejor. Nosotros, seres empíricos, objetivos y metodológicamente estrictos, no tenemos pruebas rotundas y certezas más que unos cuantos escritos para probar la superioridad del pasado. Por qué confiamos en las palabras de siglos anteriores? Por qué asimilamos un bagage de toneladas de saberes y los adoptamos como verídicos?
Sí, el tiempo todo lo corrompe; y lo humano es degeneración de lo perfecto, entonces las teorías también se corrompen junto con las personas. ¿Eso quiere decir que cuanto más pasa el tiempo más avanzamos, pero no hacia adelante, sino retrocediendo? Porque el humano es la degeneración de las ideas, es lo carnal y su antítesis es lo abstracto y amorfo. No es positivista ni mucho menos mi postura, no es que crea en el desarrollo unilineal de la historia. La historia es una disputa en permanente idas y venidas.
Nuestras formas son definidas y es mejor la aceptación y la construcción positiva, a la obsecuencia del capricho. Si somos humanos, vivimos en una caverna de sombras y de engaños, pero sólo si tenemos conciencia de que más allá ha de haber un prístimo Universo límpido y absoluto adoptaremos la postura platónica de encerrarnos a escribir y criticar todas las instituciones de nuestra era, desconectandonos de ellas como un aparato se desconecta de su enchufe. Y es justamente el hecho de negarnos como humanos corruptos lo que nos impulsa a querer lo imposible y a encolerizarnos con el presente. Esa falsa ambición por la esencia de las cosas, por lo bueno en su estado puro, es una vil mentira que nos hemos tragado de lleno como en un sanguche de milanesa. Lo malo es un juicio y de dos cosas malas puede sacarse algo mejor.
Lo inteligible se consigue mediante el uso de la razón, pero la razón enrosca y lleva paulatinamente hacia la senda de la esquizofrenia. No menos cierto es que lo sensible está mediatizado por nuestros ojos. Volver al cuestionamiento permanente no es sano. Es preferible una postura intermedia para no caer en las redes tumultuosas de la locura. Para qué hemos de preguntarnos cosas, si de todas maneras, las respuestas que consigamos van a responder a un paradigma específico y de esto se desprende que la neutralidad no existe, ser objetivo, pensar en frío, son todas frases vacías que no tienen su correspondiencia en la realidad física y temporal de la que somos parte. NADIE pero NADIE puede escapar a los vicios del egoísmo. Es que no logramos alcanzar el justo medio. Es que reprimimos nuestra condición natural, aunque de natural no tengamos nada.
¿Es preferible no preguntarse nada?
Aferrarse a lo utópico es ponerse una piedra en el camino, es sesgar la posibilidad de la praxis y estancarse. Aunque a veces creamos que necesitamos una meta lejana, lo irreal frustra porque se tiene la sensación de que la meta no se avecina a medida que pasa el tiempo. Lo ideal es un hecho social total que funciona mediante un mecanismo condicionante a la "libertad" de nuestra mente. Es aberrantemente totalizador. Por eso es mejor trazarse objetivos cortos y posibles, aunque se corra el riesgo de rozar el límite de lo frívolo y lo inútil. Es la era del posmodernismo, vivimos en ella. ¿Por qué negarla? Si la historia misma se encarga del curso del devenir, aunque como personas creamos que tengamos el poder del cambio, nuestras acciones no son esa suerte de todopoderoso como a menudo las concebimos. El sinsentido forma parte constitutiva de nuestra ser y nos atraviesa en todos nuestros recovecos cotidianos. ¿Por qué me fumo un cigarro? ¿Con qué fin miro la televisión? La teleología ya caducó y no sirve para explicarnos la rutina y mucho menos nuestra propia coherencia interna.
No caigamos en la torpeza del rechazo del presente y en la reconstrucción de un pasado idílico que se jacta de haber sido mejor. Nosotros, seres empíricos, objetivos y metodológicamente estrictos, no tenemos pruebas rotundas y certezas más que unos cuantos escritos para probar la superioridad del pasado. Por qué confiamos en las palabras de siglos anteriores? Por qué asimilamos un bagage de toneladas de saberes y los adoptamos como verídicos?
Sí, el tiempo todo lo corrompe; y lo humano es degeneración de lo perfecto, entonces las teorías también se corrompen junto con las personas. ¿Eso quiere decir que cuanto más pasa el tiempo más avanzamos, pero no hacia adelante, sino retrocediendo? Porque el humano es la degeneración de las ideas, es lo carnal y su antítesis es lo abstracto y amorfo. No es positivista ni mucho menos mi postura, no es que crea en el desarrollo unilineal de la historia. La historia es una disputa en permanente idas y venidas.
Nuestras formas son definidas y es mejor la aceptación y la construcción positiva, a la obsecuencia del capricho. Si somos humanos, vivimos en una caverna de sombras y de engaños, pero sólo si tenemos conciencia de que más allá ha de haber un prístimo Universo límpido y absoluto adoptaremos la postura platónica de encerrarnos a escribir y criticar todas las instituciones de nuestra era, desconectandonos de ellas como un aparato se desconecta de su enchufe. Y es justamente el hecho de negarnos como humanos corruptos lo que nos impulsa a querer lo imposible y a encolerizarnos con el presente. Esa falsa ambición por la esencia de las cosas, por lo bueno en su estado puro, es una vil mentira que nos hemos tragado de lleno como en un sanguche de milanesa. Lo malo es un juicio y de dos cosas malas puede sacarse algo mejor.
Lo inteligible se consigue mediante el uso de la razón, pero la razón enrosca y lleva paulatinamente hacia la senda de la esquizofrenia. No menos cierto es que lo sensible está mediatizado por nuestros ojos. Volver al cuestionamiento permanente no es sano. Es preferible una postura intermedia para no caer en las redes tumultuosas de la locura. Para qué hemos de preguntarnos cosas, si de todas maneras, las respuestas que consigamos van a responder a un paradigma específico y de esto se desprende que la neutralidad no existe, ser objetivo, pensar en frío, son todas frases vacías que no tienen su correspondiencia en la realidad física y temporal de la que somos parte. NADIE pero NADIE puede escapar a los vicios del egoísmo. Es que no logramos alcanzar el justo medio. Es que reprimimos nuestra condición natural, aunque de natural no tengamos nada.
¿Es preferible no preguntarse nada?
miércoles, 26 de marzo de 2014
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo,
pero también para todas las posiciones intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizás también como cerrarlos.

viernes, 21 de marzo de 2014
Deberás amar.
Mis afectos son mi brújula.
Es así, si no los veo con frecuencia, hay algo en mí que se desorienta, se descalibra.
Como una guitarra vieja, me desafino.
Pierdo el rumbo y me angustio.
Y de nuevo, en un impulso, tengo la certeza de que el amor es el Norte, aunque no sin alguna que otra lágrima de por medio (a veces con más de las que me gustaría)
Pero qué importa, me digo, si el dolor sórdido es el que finalmente me desafía hacia la renovación.
Es la tristeza la que me empuja incesante y la que me esclarece en las penumbras cuando estoy a punto de caer.
El amor es la pregunta, pero también es la respuesta, es el único lugar hacia el que se puede ir, el único punto de partida y el único punto de llegada. El único refugio que brinda una real seguridad, el único amparo del frío de la soledad.
Necesito de la cotidianidad de los míos, de un abrazo, de un beso.
Uno necesita ser mejor persona.
Yo necesito construir, sin mezquindad. Hablo de construir positivamente, hacia arriba, sin rencores, ni mala leche. Porque el trato impersonal destruye, la comunicación galáctica aleja y no acerca en su ficción de proximidad. La sistematización de una relación distante me hiela el corazón y eso, no me gusta.
Sencillamente amo el acto de amar, y no es redundancia, ni es tautológía.
Estamos hechos para amar de muchas formas y colores, de maneras infinitas, desestructuradas.
Amar es la única manera de no sentirme vacía en este Universo sin sentido.
Es así, si no los veo con frecuencia, hay algo en mí que se desorienta, se descalibra.
Como una guitarra vieja, me desafino.
Pierdo el rumbo y me angustio.
Y de nuevo, en un impulso, tengo la certeza de que el amor es el Norte, aunque no sin alguna que otra lágrima de por medio (a veces con más de las que me gustaría)
Pero qué importa, me digo, si el dolor sórdido es el que finalmente me desafía hacia la renovación.
Es la tristeza la que me empuja incesante y la que me esclarece en las penumbras cuando estoy a punto de caer.
El amor es la pregunta, pero también es la respuesta, es el único lugar hacia el que se puede ir, el único punto de partida y el único punto de llegada. El único refugio que brinda una real seguridad, el único amparo del frío de la soledad.
Necesito de la cotidianidad de los míos, de un abrazo, de un beso.
Uno necesita ser mejor persona.
Yo necesito construir, sin mezquindad. Hablo de construir positivamente, hacia arriba, sin rencores, ni mala leche. Porque el trato impersonal destruye, la comunicación galáctica aleja y no acerca en su ficción de proximidad. La sistematización de una relación distante me hiela el corazón y eso, no me gusta.
Sencillamente amo el acto de amar, y no es redundancia, ni es tautológía.
Estamos hechos para amar de muchas formas y colores, de maneras infinitas, desestructuradas.
Amar es la única manera de no sentirme vacía en este Universo sin sentido.
lunes, 10 de marzo de 2014
Una casualidad tardía nunca se repite.
Porque nunca es temprano para un inconcluso, para un sin-principio, para un sin-fín.
Y son los corazones libres los únicos capaces de darle forma al libre albedrío del amor.
Corazones rapaces que se emborrachan de alcohol y que buscan la oscuridad para despojarse de sus ropas y desinhibirse. Una oscuridad simbólica y compleja que, a pesar de tener las ventanas abiertas, no deja filtrar el sol.
Un espiral experimental que vuelve al comienzo del inicio, como si girara sobre su mismo eje.
Pero un buen día el espiral en un movimiento de traslación, se torna hacia la derecha y, entonces, su marcha se vuelve contra-reloj. Sin percatarse de que sigue dando vueltas, pero en el sentido contrario.
Es que no es fácil cambiarse de carril, aunque quien abraza al corazón libre ha de ser, preferentemente, un espíritu valiente.
Un espíritu salvaje y caníbal que adore las junglas más que a los contratos de la civilización. Porque el amor, en la civilización, es Orden, es Moral, es contradicción antagónica al deseo prohibido que imprime su sello reaccionario ante la Ley.
Un corazón verdaderamente libre, hace y deshace ofreciendo una sonrisa sólo a cambio de un poco de lujuria. Pero también, las más de las veces, el corazón valiente es, a su vez, un corazón sufrido en su trance hacia la libertad.
Y otro camino se bosqueja para ese corazón: la tarea y la responsabilidad de despojarse de los vicios convencionales amorosos.
Porque si cerramos es porque estamos pensando en abrir, porque si borramos es porque estamos pensando en volver a escribir, porque si queremos algo necesariamente debemos renunciar a otra cosa.
Cuerpo, mente y espíritu se concatenan así, como una sucesión de números, hacia el infinito de las ambiciones de los sexos que buscan hallarse, que buscan jugar al ladrón que arrebata y que después devuelve, y al policía que amaga pero finalmente no reprime. Corazones que ocultan sus identidades, en un juego eterno. El eterno juego es del cuerpo o puede ser de la mente. No hay subordinación alguna, sino superación dialéctica hacia un resultado venidero más próspero y feliz.
Porque nunca es temprano para un inconcluso, para un sin-principio, para un sin-fín.
Y son los corazones libres los únicos capaces de darle forma al libre albedrío del amor.
Corazones rapaces que se emborrachan de alcohol y que buscan la oscuridad para despojarse de sus ropas y desinhibirse. Una oscuridad simbólica y compleja que, a pesar de tener las ventanas abiertas, no deja filtrar el sol.
Un espiral experimental que vuelve al comienzo del inicio, como si girara sobre su mismo eje.
Pero un buen día el espiral en un movimiento de traslación, se torna hacia la derecha y, entonces, su marcha se vuelve contra-reloj. Sin percatarse de que sigue dando vueltas, pero en el sentido contrario.
Es que no es fácil cambiarse de carril, aunque quien abraza al corazón libre ha de ser, preferentemente, un espíritu valiente.
Un espíritu salvaje y caníbal que adore las junglas más que a los contratos de la civilización. Porque el amor, en la civilización, es Orden, es Moral, es contradicción antagónica al deseo prohibido que imprime su sello reaccionario ante la Ley.
Un corazón verdaderamente libre, hace y deshace ofreciendo una sonrisa sólo a cambio de un poco de lujuria. Pero también, las más de las veces, el corazón valiente es, a su vez, un corazón sufrido en su trance hacia la libertad.
Y otro camino se bosqueja para ese corazón: la tarea y la responsabilidad de despojarse de los vicios convencionales amorosos.
Porque si cerramos es porque estamos pensando en abrir, porque si borramos es porque estamos pensando en volver a escribir, porque si queremos algo necesariamente debemos renunciar a otra cosa.
Cuerpo, mente y espíritu se concatenan así, como una sucesión de números, hacia el infinito de las ambiciones de los sexos que buscan hallarse, que buscan jugar al ladrón que arrebata y que después devuelve, y al policía que amaga pero finalmente no reprime. Corazones que ocultan sus identidades, en un juego eterno. El eterno juego es del cuerpo o puede ser de la mente. No hay subordinación alguna, sino superación dialéctica hacia un resultado venidero más próspero y feliz.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Sueños.
Tomo un libro, tomo todas las hojas de mi jardín,
con la certeza de que en sus hojas se condensa la historia de mi vida.
Con mi mano derecha, como una secuencia naturalizada que se interiorizó en mi rutina de insomnio,
tomo un sorbo del agua ya no tan fría que quedaba en el vaso de la noche anterior.
Es el vaso del desvelo, el vaso que uno pone sobre su mesita de luz por si le agarran ganas de un buche en mitad del sueño.
Últimamente sueño cosas que no tienen ni pie ni cabeza,
sueño que soy parte de un ejército de ballonetas que se erigen fusil contra fusil en medio de una muchedumbre no tan desorganizada.
No oigo los disparos, tampoco veo fuego; pero sé que estoy ahí.
Me figuro en las tinieblas de un sueño profundo y estrepitoso.
Un Yo con pelo largo que crece más lento que la música,
y la música huye despavorida del recinto que me acoge.
Y por la mañana, cuando me despierto, siento la falta de inspiración,
encarnada en una mariposa de primavera que se posa sobre el vidrio de mi ventana como pidiéndome con las alas querer entrar. No obstante, no abro la ventana, tengo miedo pero saco la cámara de fotos para capturar el instante con la ingenuidad y la esperanza aniñada de capturar, a su vez, la inspiración que tanto me falta por estos días.
Hago foco, pero es un insecto tan chiquito que se pierde en mi objetivo.
Me frustro.
Y de repente tengo ganas de leer.
Otra vez,
me vuelvo a tropezar con el sueño de una noche anticipada.
Y caigo rendida a los pies del bostezo que anticipa la muerte desprolija de mi cuerpo sobre una cama.
con la certeza de que en sus hojas se condensa la historia de mi vida.
Con mi mano derecha, como una secuencia naturalizada que se interiorizó en mi rutina de insomnio,
tomo un sorbo del agua ya no tan fría que quedaba en el vaso de la noche anterior.
Es el vaso del desvelo, el vaso que uno pone sobre su mesita de luz por si le agarran ganas de un buche en mitad del sueño.
Últimamente sueño cosas que no tienen ni pie ni cabeza,sueño que soy parte de un ejército de ballonetas que se erigen fusil contra fusil en medio de una muchedumbre no tan desorganizada.
No oigo los disparos, tampoco veo fuego; pero sé que estoy ahí.
Me figuro en las tinieblas de un sueño profundo y estrepitoso.
Un Yo con pelo largo que crece más lento que la música,
y la música huye despavorida del recinto que me acoge.
Y por la mañana, cuando me despierto, siento la falta de inspiración,
encarnada en una mariposa de primavera que se posa sobre el vidrio de mi ventana como pidiéndome con las alas querer entrar. No obstante, no abro la ventana, tengo miedo pero saco la cámara de fotos para capturar el instante con la ingenuidad y la esperanza aniñada de capturar, a su vez, la inspiración que tanto me falta por estos días.
Hago foco, pero es un insecto tan chiquito que se pierde en mi objetivo.
Me frustro.
Y de repente tengo ganas de leer.
Otra vez,
me vuelvo a tropezar con el sueño de una noche anticipada.
Y caigo rendida a los pies del bostezo que anticipa la muerte desprolija de mi cuerpo sobre una cama.
lunes, 3 de marzo de 2014
Aquí y allá
Porque el amor es la causa en Occidente y el resultado en Oriente.
Aquí y allá.
Porque aquí, en Occidente, el amor es libre, fluye, llega y se va autónomo, está exento de estatutos y reglamentos, cada uno lo vive como quiere. El amor no es una aquí una construcción nos dicen desde chiquitos, es algo que simplemente nos invade y casi siempre de sorpresa.
Nos inculcan la idea que cada uno es un ser soberano, que experimenta sin presiones exteriores hasta los sentimientos más triviales y comunes al resto de la humanidad. Nos repiten hasta el cansancio que somos individuos, que somos independientes.
Aquí y allá.
Porque aquí, en Occidente, el amor es libre, fluye, llega y se va autónomo, está exento de estatutos y reglamentos, cada uno lo vive como quiere. El amor no es una aquí una construcción nos dicen desde chiquitos, es algo que simplemente nos invade y casi siempre de sorpresa.
Nos inculcan la idea que cada uno es un ser soberano, que experimenta sin presiones exteriores hasta los sentimientos más triviales y comunes al resto de la humanidad. Nos repiten hasta el cansancio que somos individuos, que somos independientes.
Por el contrario ellos, los de allá, los que están al otro lado del Atlántico, son los que forjan vínculos patriarcales que vemos como repugnantes, aberrantes: impropios de la era posmoderna y liberal que nos tocó vivir.
Valores trastocados, sentidos invertidos que se encausan en la maraña alienada que nos gobierna los espíritus. Y yo me pregunto si es sólo un hecho cultural.
Pero los equivocados somos nosotros, los de aquí. Los que Buscamos al amor, los que no concebimos nuestra vida sin un otro. Desde el momento en que Buscamos algo, ese algo deja de ser "fluido"
Y eso que todos sentimos distinto y al que llamamos con las mismas dos sílabas: a-mor, no puede ser algo que sea realmente igual para todos. Una suerte de comunión fraternal en un tiempo de individualismo y desintegración social? No lo creo.
Por eso, aquí, la Comisión de Intentos Fallidos y Reproches Delegables, en el terreno pantanoso del amor, está llena de denuncias y casos inconclusos, de historias y penurias, de lágrimas de cocodrilo y de bronca podrida.
Porque en occidente, los reyes de las ciencias duras nos demuestran con excéntricas e incomprobables estadísticas y números, que las expectativas son altas al principio de la relación y que esas mismas expectativas decrecen paulatinamente con el correr del tiempo, así como una nube se va desintegrando con la lluvia. Una ilusión que se quema, de la que cada vez quedan menos cenizas hasta que el viento se las lleva todas, una por una.
Porque en oriente las expectativas van en sentido contrario, aumentan a medida que transcurre el tiempo.
Valores trastocados, sentidos invertidos que se encausan en la maraña alienada que nos gobierna los espíritus. Y yo me pregunto si es sólo un hecho cultural.
Pero los equivocados somos nosotros, los de aquí. Los que Buscamos al amor, los que no concebimos nuestra vida sin un otro. Desde el momento en que Buscamos algo, ese algo deja de ser "fluido"
Y eso que todos sentimos distinto y al que llamamos con las mismas dos sílabas: a-mor, no puede ser algo que sea realmente igual para todos. Una suerte de comunión fraternal en un tiempo de individualismo y desintegración social? No lo creo.
Por eso, aquí, la Comisión de Intentos Fallidos y Reproches Delegables, en el terreno pantanoso del amor, está llena de denuncias y casos inconclusos, de historias y penurias, de lágrimas de cocodrilo y de bronca podrida.
Porque en occidente, los reyes de las ciencias duras nos demuestran con excéntricas e incomprobables estadísticas y números, que las expectativas son altas al principio de la relación y que esas mismas expectativas decrecen paulatinamente con el correr del tiempo, así como una nube se va desintegrando con la lluvia. Una ilusión que se quema, de la que cada vez quedan menos cenizas hasta que el viento se las lleva todas, una por una.
Porque en oriente las expectativas van en sentido contrario, aumentan a medida que transcurre el tiempo.
¿Será que nosotros somos los que vamos a contramano?
Porque, allá, del otro lado del mundo, creen en el amor a través de los años, como Fito, como yo, como todos los que estamos de este lado y que no sabemos cómo corno llegar hasta la otra orilla .
Porque, allá, del otro lado del mundo, creen en el amor a través de los años, como Fito, como yo, como todos los que estamos de este lado y que no sabemos cómo corno llegar hasta la otra orilla .
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