tinta y pluma pa volar

tinta y pluma pa volar

domingo, 6 de abril de 2014

Dos

Se buscan.
Los dos se están buscando,
pero no se encuentran,
porque ninguno de los dos sabe que el otro lo está buscando.
¿Cómo es que no se encuentran?
Hablan el mismo idioma,
pero aplican lunfardos distintos.
Cuando uno avanza,
el otro retrocede,
si uno sube,
el otro baja.
Sus relojes marcan horas distintas,
pero sus cerebros piensan lo mismo.
Van a des-tiempo.
Pero no son tontos, no
ellos son cautos.
Resabios de un siglo tímido,
extraños habitantes del veintiuno.
Si, son cautos
pero también inseguros.
Tienen miedo a exponerse,
porque exponerse implica vulnerabilidad.
Y la vulnerabilidad lo vuelve a uno frágil
como un bebé, como un fruto inmaduro.
Son diversos,
a su modo,
y se quieren también,
a su modo
aunque nunca se lo hayan dicho.

miércoles, 2 de abril de 2014

Estallaré en mil formas

Veo
y en mis pupilas se traduce el sentimiento,
que a través de parpadeos,
escriben jeroglíficos interpretables.

Van y vienen,
se pierden en la habitación
retumbando en las paredes,
mis ojos perdidos,
para volver una y otra vez sobre tu cuerpo.

Te sonrío
y no hay lingüista que encuentre el significado adecuado
del significante que te regalo,
será que no hay traducción exacta, ni analogía posible
para el idioma que manejamos.

Se entrecierran mis párpados nuevamente:
de cansancio, de exhaustividad acumulada,
de estúpida impotencia,
ante mi propio Yo.

Pero espero sepas
que mis ojos reflejan tan solo una ínfima pizca
de la ternura que acumulé en estos meses,
con la esperanza de dártela como un regalo voluntario.

Aunque siempre que te regalo una iniciativa,
implícitamente,
espero la obligatoriedad de que me sea devuelta.
Aunque más no pueda ser
a tiempo.
Yo prefiero la praxis aristotélica del realismo, antes del idealismo platónico. Ha de ser, más bien, una cuestión de preferencias y afinidad.
Aferrarse a lo utópico es ponerse una piedra en el camino, es sesgar la posibilidad de la praxis y estancarse. Aunque a veces creamos que necesitamos una meta lejana, lo irreal frustra porque se tiene la sensación de que la meta no se avecina a medida que pasa el tiempo. Lo ideal es un hecho social total que funciona mediante un mecanismo condicionante a la "libertad" de nuestra mente. Es aberrantemente totalizador. Por eso es mejor trazarse objetivos cortos y posibles, aunque se corra el riesgo de rozar el límite de lo frívolo y lo inútil. Es la era del posmodernismo, vivimos en ella. ¿Por qué negarla? Si la historia misma se encarga del curso del devenir, aunque como personas creamos que tengamos el poder del cambio, nuestras acciones no son esa suerte de todopoderoso como a menudo las concebimos. El sinsentido forma parte constitutiva de nuestra ser y nos atraviesa en todos nuestros recovecos cotidianos. ¿Por qué me fumo un cigarro? ¿Con qué fin miro la televisión? La teleología ya caducó y no sirve para explicarnos la rutina y mucho menos nuestra propia coherencia interna.
No caigamos en la torpeza del rechazo del presente y en la reconstrucción de un pasado idílico que se jacta de haber sido mejor. Nosotros, seres empíricos, objetivos y metodológicamente estrictos, no tenemos pruebas rotundas y certezas más que unos cuantos escritos para probar la superioridad del pasado. Por qué confiamos en las palabras de siglos anteriores? Por qué asimilamos un bagage de toneladas de saberes y los adoptamos como verídicos?
Sí, el tiempo todo lo corrompe; y lo humano es degeneración de lo perfecto, entonces las teorías también se corrompen junto con las personas. ¿Eso quiere decir que cuanto más pasa el tiempo más avanzamos, pero no hacia adelante, sino retrocediendo?  Porque el humano es la degeneración de las ideas, es lo carnal y su antítesis es lo abstracto y amorfo. No es positivista ni mucho menos mi postura, no es que crea en el desarrollo unilineal de la historia. La historia es una disputa en permanente idas y venidas.
Nuestras formas son definidas y es mejor la aceptación y la construcción positiva, a la obsecuencia del capricho. Si somos humanos, vivimos en una caverna de sombras y de engaños, pero sólo si tenemos conciencia de que más allá ha de haber un prístimo Universo límpido y absoluto adoptaremos la postura platónica de encerrarnos a escribir y criticar todas las instituciones de nuestra era, desconectandonos de ellas como un aparato se desconecta de su enchufe. Y es justamente el hecho de negarnos como humanos corruptos  lo que nos impulsa a querer lo imposible y a encolerizarnos con el presente. Esa falsa ambición por la esencia de las cosas, por lo bueno en su estado puro, es una vil mentira que nos hemos tragado de lleno como en un sanguche de milanesa. Lo malo es un juicio y de dos cosas malas puede sacarse algo mejor.
 Lo inteligible se consigue mediante el uso de la razón, pero la razón enrosca y lleva paulatinamente hacia la senda de la esquizofrenia. No menos cierto es que lo sensible está mediatizado por nuestros ojos. Volver al cuestionamiento permanente no es sano. Es preferible una postura intermedia para no caer en las redes tumultuosas de la locura. Para qué hemos de preguntarnos cosas, si de todas maneras, las respuestas que consigamos van a responder a un paradigma específico y de esto se desprende que la neutralidad no existe, ser objetivo, pensar en frío, son todas frases vacías que no tienen su correspondiencia en la realidad física y temporal de la que somos parte. NADIE pero NADIE puede escapar a los vicios del egoísmo. Es que no logramos alcanzar el justo medio. Es que reprimimos nuestra condición natural, aunque de natural no tengamos nada.
¿Es preferible no preguntarse nada?

miércoles, 26 de marzo de 2014


Un amor más allá del amor
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y la compañía.

Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.

Un amor para estar juntos
o para no estarlo,
pero también para todas las posiciones intermedias.

Un amor como abrir los ojos.
Y quizás también como cerrarlos.



viernes, 21 de marzo de 2014

Deberás amar.

Mis afectos son mi brújula.
Es así, si no los veo con frecuencia, hay algo en mí que se desorienta, se descalibra.
Como una guitarra vieja, me desafino.
Pierdo el rumbo y me angustio.
Y de nuevo, en un impulso, tengo la certeza de que el amor es el Norte, aunque no sin alguna que otra lágrima de por medio (a veces con más de las que me gustaría)
Pero qué importa, me digo, si el dolor sórdido es el que finalmente me desafía hacia la renovación.
Es la tristeza la que me empuja incesante y la que me esclarece en las penumbras cuando estoy a punto de caer.
El amor es la pregunta, pero también es la respuesta, es el único lugar hacia el que se puede ir, el único punto de partida y el único punto de llegada. El único refugio que brinda una real seguridad, el único amparo del frío de la soledad.
Necesito de la cotidianidad de los míos, de un abrazo, de un beso.
Uno necesita ser mejor persona.
Yo necesito construir, sin mezquindad. Hablo de construir positivamente, hacia arriba, sin rencores, ni mala leche. Porque el trato impersonal destruye, la comunicación galáctica aleja y no acerca en su ficción de proximidad. La sistematización de una relación distante me hiela el corazón y eso, no me gusta.
Sencillamente amo el acto de amar, y no es redundancia, ni es tautológía.
Estamos hechos para amar de muchas formas y colores, de maneras infinitas, desestructuradas.
Amar es la única manera de no sentirme vacía en este Universo sin sentido.

lunes, 10 de marzo de 2014

Una casualidad tardía nunca se repite.
Porque nunca es temprano para un inconcluso, para un sin-principio, para un sin-fín.
Y son los corazones libres los únicos capaces de darle forma al libre albedrío del amor.
Corazones rapaces que se emborrachan de alcohol y que buscan la oscuridad para despojarse de sus ropas y desinhibirse. Una oscuridad simbólica y compleja que, a pesar de tener las ventanas abiertas, no deja filtrar el sol.
Un espiral experimental que vuelve al comienzo del inicio, como si girara sobre su mismo eje. 

Pero un buen día el espiral en un movimiento de traslación, se torna hacia la derecha y, entonces, su marcha se vuelve contra-reloj. Sin percatarse de que sigue dando vueltas, pero en el sentido contrario.
Es que no es fácil cambiarse de carril, aunque quien abraza al corazón libre ha de ser, preferentemente, un espíritu valiente.
Un espíritu salvaje y caníbal que adore las junglas más que a los contratos de la civilización. Porque el amor, en la civilización, es Orden, es Moral, es contradicción antagónica al deseo prohibido que imprime su sello reaccionario ante la Ley. 

Un corazón verdaderamente libre, hace y deshace ofreciendo una sonrisa sólo a cambio de un poco de lujuria. Pero también, las más de las veces, el corazón valiente es, a su vez, un corazón sufrido en su trance hacia la libertad. 
Y otro camino se bosqueja para ese corazón: la tarea y la responsabilidad de despojarse de los vicios convencionales amorosos.
Porque si cerramos es porque estamos pensando en abrir, porque si borramos es porque estamos pensando en volver a escribir, porque si queremos algo necesariamente debemos renunciar a otra cosa.
Cuerpo, mente y espíritu se concatenan así, como una sucesión de números, hacia el infinito de las ambiciones de los sexos que buscan hallarse, que buscan jugar al ladrón que arrebata y que después devuelve, y al policía que amaga pero finalmente no reprime. Corazones que ocultan sus identidades, en un juego eterno. El eterno juego es del cuerpo o puede ser de la mente. No hay subordinación alguna, sino superación dialéctica hacia un resultado venidero más próspero y feliz.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Sueños.

Tomo un libro, tomo todas las hojas de mi jardín,
con la certeza de que en sus hojas se condensa la historia de mi vida.
Con mi mano derecha, como una secuencia naturalizada que se interiorizó en mi rutina de insomnio,
tomo un sorbo del agua ya no tan fría que quedaba en el vaso de la noche anterior.
Es el vaso del desvelo, el vaso que uno pone sobre su mesita de luz por si le agarran ganas de un buche en mitad del sueño.

Últimamente sueño cosas que no tienen ni pie ni cabeza,
sueño que soy parte de un ejército de ballonetas que se erigen fusil contra fusil en medio de una muchedumbre no tan desorganizada.
No oigo los disparos, tampoco veo fuego; pero sé que estoy ahí.
Me figuro en las tinieblas de un sueño profundo y estrepitoso.
Un Yo con pelo largo que crece más lento que la música,
y la música huye despavorida del recinto que me acoge.

Y por la mañana, cuando me despierto, siento la falta de inspiración,
encarnada en una mariposa de primavera que se posa sobre el vidrio de mi ventana como pidiéndome con las alas querer entrar. No obstante, no abro la ventana, tengo miedo pero saco la cámara de fotos para capturar el instante con la ingenuidad y la esperanza aniñada de capturar, a su vez, la inspiración que tanto me falta por estos días.
Hago foco, pero es un insecto tan chiquito que se pierde en mi objetivo.
Me frustro.

Y de repente tengo ganas de leer.
Otra vez,
me vuelvo a tropezar con el sueño de una noche anticipada.
Y caigo rendida a los pies del bostezo que anticipa la muerte desprolija de mi cuerpo sobre una cama.

lunes, 3 de marzo de 2014

Aquí y allá

Porque el amor es la causa en Occidente y el resultado en Oriente.

Aquí y allá.

Porque aquí, en Occidente, el amor es libre, fluye, llega y se va autónomo, está exento de estatutos y reglamentos, cada uno lo vive como quiere. El amor no es una aquí una construcción nos dicen desde chiquitos, es algo que simplemente nos invade y casi siempre de sorpresa.
Nos inculcan la idea que cada uno es un ser soberano, que experimenta sin presiones exteriores hasta los sentimientos más triviales y comunes al resto de la humanidad. Nos repiten hasta el cansancio que somos individuos, que somos independientes.

Por el contrario ellos, los de allá, los que están al otro lado del Atlántico, son los que forjan vínculos patriarcales que vemos como repugnantes, aberrantes: impropios de la era posmoderna y liberal que nos tocó vivir.
Valores trastocados, sentidos invertidos que se encausan en la maraña alienada que nos gobierna los espíritus. Y yo me pregunto si es sólo un hecho cultural.
Pero los equivocados somos nosotros, los de aquí. Los que Buscamos al amor, los que no concebimos nuestra vida sin un otro. Desde el momento en que Buscamos algo, ese algo deja de ser "fluido"
Y eso que todos sentimos distinto y al que llamamos con las mismas dos sílabas: a-mor, no puede ser algo que sea realmente igual para todos. Una suerte de comunión fraternal en un tiempo de individualismo y desintegración social? No lo creo.
Por eso, aquí, la Comisión de Intentos Fallidos y Reproches Delegables, en el terreno pantanoso del amor, está llena de denuncias y casos inconclusos, de historias y penurias, de lágrimas de cocodrilo y de bronca podrida.
Porque en occidente, los reyes de las ciencias duras nos demuestran con excéntricas e incomprobables estadísticas y números, que las expectativas son altas al principio de la relación y que esas mismas expectativas decrecen paulatinamente con el correr del tiempo, así como una nube se va desintegrando con la lluvia. Una ilusión que se quema, de la que cada vez quedan menos cenizas hasta que el viento se las lleva todas, una por una.
Porque en oriente las expectativas van en sentido contrario, aumentan a medida que transcurre el tiempo. 
¿Será que nosotros somos los que vamos a contramano?
Porque, allá, del otro lado del mundo, creen en el amor a través de los años, como Fito, como yo, como todos los que estamos de este lado y que no sabemos cómo corno llegar hasta la otra orilla .

domingo, 23 de febrero de 2014


Contradicciones numéricamente imperfectas, pueblan los espíritus. Colonizan con su afán de reinas, se imponen soberanas, infinitas, penetrando en las neuronas, estallando en el rincón izquierdo del encéfalo.
Pero la normalidad no es normalidad sino por su antítesis antinatural, es la contradicción que implican los opuestos: la existencia del complemento. Eso es lo anormal. Lo anormal es estar en el medio, en lo siniestro del vacío que produce la mitad, el no saber qué camino tomar. Pero es lógico que cuando hay una esencia, como el día, el amor, la seguridad, también ha de existir el odio, la noche y la incertidumbre. Opuestos suplementarios: contradictorios sistemas dicotómicos que nos enajenan de la presunta fluidez hegemónica del ser y del hombre. ¿Puedo, debo? Nos preguntamos tímidamente para nuestros adentros. Las contradicciones nunca callan, nunca se silencian aunque finalmente se disuelvan como la miel en el té. Arman las valijas, nos montan una ficción en la cual parece que se van, pero en realidad se convierten en contradicciones pendientes que son tanto aun más grandes que sus anteriores. Y en el intento de camuflarse en respuestas inconclusas, van reapareciendo luego, como peces en el mar, con mayor fervor y tenacidad. Las contradicciones solo nos dan pequeñas treguas. Juegan a dejarnos en paz por lapsos efímeros que parecen eternos. Y uno termina contradiciéndose a si mismo, porque si es efímero, entonces no es eterno, y es así como uno va perdiendo el control de su vida, dejando ir y dejando volar cuando en verdad, desea retener, acumular, preguntar.
¿En cual de mis bolsillos he de guardarme todas estas contradicciones?

viernes, 21 de febrero de 2014

¿Qué color tienen las despedidas?
Hay despedidas que son, más bien, confluencias oxidadas
que escamotean las idas y venidas,
que desafían lo disuelto.
Hay despedidas tan poderosas
que se dan como un súbito reencuentro
que flagela el paso del tiempo
y se disputan recónditos kilómetros.
Hay despedidas que separan,
hay despedidas que comulgan
a los inmunes, al espacio de la vida.
Las despedidas nunca nos abandonan, las despedidas son hechas para quedarse.
Las despedidas son fieles y compañeras,
son constitutivas del todo ser que añore libertad,
como un recuerdo aflorando a medianoche
como el calor de una ceniza caída en el lugar incorrecto.
Despedidas las hay de todas las formas,
de las que se procesan añejas y resurgen joviales como un rostro sin arrugas.
Hay despedidas que tienen un tinte de sonrisa
despedidas que tiene el color de un lago que se marchitó en una sequía como una flor ahogada.
¿Pero qué viene después de la despedida?
¿Qué se hace con alguien que se va físicamente pero que se queda arraigado como si nunca hubiese visto el horizonte final?
¿Qué se hace con la hojita cuando se pierde la raíz?
Es necesario despedirse de una despedida,
es necesario que la hojita quede a la deriva,
pero eso es un duelo que nada tiene que ver con el que se va.
Es más bien un ritual que hace el que se queda,
solo, sin raíces.

jueves, 20 de febrero de 2014

Taciturno

Nos cruzamos y fue un encuentro simétrico, casual, justo, racional.
Nos cruzamos y fue exacto, insuficiente.
Quisimos ser cuadrado y acabamos dando vueltas a la redonda.
Nos cruzamos y fue profundamente vacío, como un precipicio precoz, como una sopa sin cuchara.
Sí, nos cruzamos y fue absurdo, indiferente.
Nuestros voluptuosos ojos se quedaron sin carne mucho antes del asado. Porque nuestro diario no tenía más hojas cuando llegamos al final de nuestra historia. Nos quedamos sin escribir, sentados, desencontrados, como un naranjo sin flor, como una ciudad menudita, sin edificios. Así, tristes.
Porque desde ese día, la pollera no se me levanta con el viento de la esquina. Desde ese día, el Sol sale de abajo de la Tierra y mis pies están más cerca de las manos. Desde ese bendito día las ojeras que tengo que andar maquillando procuran hacerme la vida imposible. Porque desde ese día juego a la bella durmiente, desde ese maldito día, no logro conciliar el sueño y tomo cafés desvelada, me baño desvelada, me acuesto desvelada ¡y hasta me duermo desvelada! Porque últimamente empeño cada una de mis horas en ordenar lo físico con la esperanza de que se me acomode, a su vez, lo espiritual. Mi sexo se retuerce de angustia ante los pájaros que ya no cantan pero igual forman nidos,
y aun así, mi sexo no consigue volar.

martes, 18 de febrero de 2014

-No hagas milanesas de berenjena, porque me traen recuerdos.
Recuerdos a caballo, con queso y salsa. Recuerdos que son berengenales por excelencia, con el sabor agridulce tan propio en nuestros almuerzos. Almuerzos que parecían meriendas por las horas a las que se consumaban, y meriendas que se volvían ya quién sabe qué... Entre comida y comida nos matábamos a besos, y es así que la cocina terminaba devastada, como una ciudad después de un bombardeo. Nunca estuve muy a favor de las bombas, pero cada explosión era un éxtasis endorfínico que me hacía levitar en un pie. Es como cuando estás meditando, ¡exacto! Así era como me sentía cuando nos acostábamos en el sillón durante horas y horas a cuestionarnos hasta lo incuestionable. El pensamiento perdía su peso y se aligeraba a cada palabra. Pero un día él empezó a encerrarse en su cascarón. Un buen día, sacó su cara de perro a pasear y desde entonces, no dejó de ladrarme. Y aunque traté reiteradas veces con la antirrábica, no logré domesticarlo.

lunes, 17 de febrero de 2014




El ambicioso mundo se ilumina a medianoche, 
con sus pocas luces y farolas que se copan de insectos;
cuando los hombres de traje duermen y los cobardes se refugian,
cuando el Sol se va a hacerle el amor a alguna nube,
cuando la Luna sale a hacerse cargo de la oscuridad.
El ambicioso mundo pierde su encanto
cuando las horas se marchan vacías,
cuando me lleno de indecisión;

y yo trato de captar ese aglutinamiento de emociones
reteniéndolo en la etenidad y retratándolo en los mosquitos

sencillamente, porque es tan urbano.