tinta y pluma pa volar

tinta y pluma pa volar

sábado, 5 de octubre de 2013

El ombligo es el centro del mundo y todos lo detestan por eso
¡ay pobre ombligo!
En cambio, los ojos, 

musa de las transparencias, 
son en realidad la más mezquina dualidad de las apariencias.

Y vos, tan amplio sin ojos ni nariz,

crecés, desprendiéndote de las hojas otoñales.

Vos, hoja del árbol,

caés en primavera y nacés en invierno.

Vas contra las reglas,

vas contra la naturaleza.

Vas contra el mundo. 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Un día viajaré sola.
Un día sobrevendrá de una vez y para siempre la claridad.
Un día ella aflorará y la oscuridad se sumergirá.
No entiendo muy bien qué quiero decir con todo esto, 
y es factible que si no me auto-entiendo nadie me moto-entienda. 
Pero el pensamiento no es más que una masa amorfa, 
y por más que busque librarme de las palabras, 
ellas volverán hacia mí como un boomerang,
ellas siempre aparecerán en las tinieblas de mi mente 
y me arrastrarán con ellas.
Y yo me ahogaré con ellas, 
reivindicando el vaticinio inútil 
de haber sabido eso que iba a pasar.

Un yo sin un tú.

Yo (te) digo que no te soporto.
Yo, sujeto enunciador, asumo la total y completa responsabilidad de mi enunciado. Tú, la otra polaridad de los sujetos (porque si hay un yo necesariamente ha de haber un tú) te digo que hay momentos en los que prefiero perderte que encontrarte.
Vos calcás mis reflexiones, y yo calco las tuyas. Nos mimetizamos y perdemos la autenticidad que habíamos conseguido, es la triste y clásica disjunción de perder lo que antes era propio.
Puedo entender que no sos consciente de tus palabras, pero hay veces en las que te sacaría los ojos con los alfileres como Edipo Rey de Sófocles. Hay momentos que me surgen ganas de golpearte. Hay momentos en los que me encuentro tan sedada y tan relajada que olvido la enervación que la mayor parte del tiempo me causás.
Hay algo no lógico en mi postura hacia ti. Hay algo siniestro en tu mirada hacia mi.
Hay algo místico entre entre ti y mi, entre vos y yo, entre tu y este ser. 
Es probable que mi discurso monologal quede reducido al virtualismo de un blog, o es probable que además de mis palabras, deje toda mi bronca en este espacio. Es probable también, que el que me lea se haga una imagen violenta de mi. Eso no me importa.
Indistintamente vos, tu, usted, tratará de reconstruir mi discurso a partir de inferencias poco consistentes y lo logrará, efectivamente, aunque nunca sabrá con certezas a cuál de los tu estoy apelando yo.
Dejeme decirle, además, que esa elipsis que usted trata de interpretar, ese vacío que está tratando de llenar, no es más que una hipótesis conjetural y no una teoría institucionalizada, por lo que, sus esfuerzos, mi querido, serán ante todo, vanos.
Por eso le digo sin descaro, so pena de incurrir en enemistades, que no sosporto su mirada etnocéntrica, su visión todopoderosa del mundo, su positivismo cósmico, su palabra justa para todo. No soporto al EGO escindido en dos, y por eso no lo soporto a usted. No hay un yo, sin un tú y por lo tanto usted desaparecerá con mi yo.

Aquí y allá

La pluma deja filtrar la subjetividad en un papel o cualquier otro formato que nos provee este siglo.
Hemosle abierto los ojos y hasta nuestros brazos al nuevo milenio.
Cómplices de un centuria guerrera en donde el amor se ha vuelto mera bandera discursiva.
Superficialidad y ostentación hoy comen de la misma mesa. Nosotros, seres descarados, causa y efecto de lo verborrágico, nos ubicamos en el centro de referencia, en la cúspide del desarrollo cultural.
Hemos alcanzado la civilización, ¿pero a qué precio? Seguimos siendo esos salvajes, pero ya no en su estado puro de libertad y bondad, sino que hemos sido corrompidos por el lujo y los artificios de lo material.
Necesitamos hacerle saber al otro que leemos a Cortázar, a Borges, que visitamos Museos, que nos pasamos los fines de semana en Museos y en otros inmundos espacios de la elite.

Luchamos por lo popular, pero en cuanto nos vemos en el aprieto de vivir sin todos esos lujos y artificios, somos incapaces, no podemos. Es más fuerte que nosotros.
Hemos naturalizado la sociedad, hemos incorporado sus tiempos. Comemos a determinadas horas pautadas por vaya uno a saber quién. Hemos economizado nuestros tiempos y hemos instaurado la categoría futuro por delante de nuestras narices, olvidándonos de la unidireccionalidad temporal que no es más que una continuidad en el espacio, esto es: nos hemos olvidado de la ctaegoría presente.
Decimos tantas cosas inteligentes y hacemos tantas cosas estúpidas.

Somos contradicción, nuestras células evidencian ese antagonismo primitivo. Es una carrera, la estructura mundana es una pista de Fórmula 1: quién llegue primero se llevará el mayor premio que es morir en medio de una asquerosa condecoración. Ya los espermatozoides son el ejemplo inobjetable de que la inauguración de una nueva vida supondrá, necesariamente, la competencia con el otro. Pues un espermatozoide es la antesala de la vida, del niño, y es la inevitable consecuencia de una vil carrera desmesurada por la vida, que se disputa ni más ni menos que a costa del fracaso del otro.
Las dicotomías son contantes en nuestras evaluaciones: ganadores y perdedores, ricos y pobres, buenos y malos, blancos y negros, altos y bajos, y así sucesivamente.
Qué pena me da ser parte de esta basura atómica.
Repito, se ha escrito tanto... ¡pero se ha incorporado tan poco!
 

domingo, 8 de septiembre de 2013

El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta.
Que fluya, como el agua cuando está la canilla abierta. 
Que se caigan las superestructuras y que quede sólo la estructura.
Que se pudran el tiempo, los horarios y las obligaciones.
¡Muerte al complejo de ansiedad! ¡Muerte a las agujas del reloj!
Que viva la improvisación, la sonrisa, la lluvia y el sol.

Que existan los viajes, los besos y los paseos australes y boreales.
Que los tesoros sean las bibliotecas y las monedas de chocolate.

A desestructurar,
a des-
es-
truc-
tu-
rar.
 

viernes, 6 de septiembre de 2013

Te encontré, más de casualidad que a la vereda a la vuelta de la esquina.
Te encontré alta y hermosa,
y a pesar de tu falta de sol, 

llena de luz y de poesía.

Te encontré y no dormías,

tu vida nunca se des-encendía.
Te encontré y tus columnas me dieron un místico sostén, 

te tropecé y un lugar en donde darle cuerda a mi fantasía hallé.

Te encontré y todavía no sabés mi nombre,
Te encontré y todavía nunca me dirigiste la palabra.
Te encontré y todas mis historias no te importan...

¡¿qué más da si soy una imbécil o perspicaz?!

Te encontré abriendo tus puertas de par en par, sin renegar de cortesía. 

Te encontré atiborrada de papeles que aún me intrigan la esencia de tu mirada.
No conozco tu ideología, ni tu materia preferida,
pero sí sé bien de tu rutina.

Vos no tenés familia y mucho menos ascendencia,
no conocés el sentido de la palabra soledad.
Te encontré y me incorporaste de inmediato a la magia tu vida,
y vos ya sos parte de la mía. 


                                                                                                                  Puán

martes, 27 de agosto de 2013

école

"Lo que pasa es que se creen sabios -dice de golpe-. Se creen sabios porque han juntado un montón de libros y se los han comido.
Me da risa, porque en realidad son buenos muchachos y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas (...) En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. Mirar, por ejemplo, o comprender a un perro o a un gato. Esas son las dificultades, las grandes dificultades."


Julio Cortázar 

domingo, 25 de agosto de 2013

Somatizo.

Es cínico vivir actuando. Es insano someterse a un personaje ficticio que no es sino la fachada de una manzana podrida. No comprendo de dónde es que sale tanta oscuridad, pues el negro ni siquiera es un color, y no existe fuera de nuestra imaginación como un color natural, como podríamos considerar al verde.
Somatizar es un síntoma agudo de esa oscuridad, es la evidencia de un rastro pasado, presente y posiblemente futuro. Y por ende, caer enfermo es una advertencia de nuestro cuerpo pero también de nuestra mente. Por lo que teorizar sobre lo que me pasa, no es un lujo sino una necesidad.
Qué clase de alivio encuentro penando virtualmente, no lo sé. Qué clase de pésame es la opresión del pecho que me acuña desde que despierto hasta que me acuesto, tampoco lo sé. A qué clase de naturaleza pertenecen esa masa amorfa y despiadada de pensamientos a la que le doy forma con palabras, eso siempre será un enigma.
Me preocupa el desgano, la falta de incentivo y la excesiva dejadez que he tenido últimamente. No es propio de mi dejarlo todo en manos de un laissez faire existencialista. Siempre me consideré una persona mañosa, que buscaba la vuelta de tuerca aunque ésta no apareciera de movida.
Hoy estoy en un campo vacío, sin árboles que me brinden oxígeno para respirar ni zanahorias que se desprendan de un cultivo como fruto de su madurez.
Hoy me encuentro sola en ese campo, con la facultad psíquica y fonética del lenguaje, pero sin la capacidad de usarla.

Asimilo y somatizo, 
asimilo, muero en vida


somatizo.

sábado, 24 de agosto de 2013

Por momentos tengo ganas de borrarme, otras de desdibujarme,
para volver a tomar forma y que algún niño me llene de color.
La vida es en relación a los demás. Somos sujetos, sujetados a lo social. A vivir con el otro.
Nadie nos preguntó si estábamos de acuerdo con el mundo al que arribábamos, nadie nos consultó si queríamos llegar ¿Dónde está el derecho a la libertad individual? No me vengan con mentiras disfrazadas de verdad, si desde el primer momento en el que salimos a este cosmos, llorando a gritos de desesperanza, nuestros derechos ya fueron violados y pisoteados desde ese primer momento. No se nos escucha y nunca se nos escuchó. Y parece que nos fueran acostumbrando para que toda la vida sea así.
Ese ser que se oculta en nuestro interior, que se ahoga, que es callado y reprimido por nosotros mismos, ese ser no es más que el germen de un posible cambio que nunca devendrá.
Cuánta razón tenía Rousseau cuando dijo que el hombre en su tendencia natural era solitario y que la sociedad era una circunstancia y no un instinto.
¿Quién cree en el amor en el siglo XXI? En una era efímera, el cariño también lo es. Se vuelve esporádico, un bien más para comercializar dentro del mercado. Los valores son oportunistas y se pueden llegar a cambiar, los ideales son más construidos que adquiridos y nuestra seguridad es como las casas de los 3 cerditos: propensa a desmoronarse.
Hace tiempo que dejé de creer en lo eterno, lo único que me queda por hacer es encarnarme en la esperanza de que el circuito existencial sea circular y esperar a que cuando vuelva, sea en una tribu de las islas Fidji a mediados del siglo XVIII.
Hay días en que mi cabeza se llena de basura y hasta no pase el camión, no puedo hacer otra cosa que escupirlas.


Au revoir.
Uno es lo que es, porque no es lo que no es. Tan fácil es como el ponendo ponens.
Por definición, somos lo que somos porque no somos lo que no somos.
Tomémoslo como premisa para una futura revolución copernicana: uno se forma por oposición y asociación.
No quiero ser como vos. Me gustaría ser como vos, como él. Quiero ser alguien.
Y nos olvidamos que ese alguien ya está dado, que nos ahorramos el trabajo de formarnos autónomamente, independientemente. Entre tanto relativisimo, nos olvidamos que no somos la especulación de nadie.
Muy grande es el error de ignorar todo lo que nos ha antecedido, o más grande es aún incorporar lo dado como Verdad Absoluta, como paradigma, como incuestionable. Hemos perdido generación tras generación esa tela de juicio, esa capacidad socrática, esa bendita mayéutica.
En nuestro altar n
os creemos los únicos, los pioneros, los fantásticos creadores y trascendentales hombres, los que quiebran límites inimaginables. Sólo nacimos y caminamos sin tropezar.
Nuestro problema social radica en la dimensión de nuestro ego. Muy lejos de lo que nos trastoca esa mentirosa ilusión y de lo que quiere hacernos creer, jamás innovamos con lo que hacemos, no somos los precursores de nada. Más triste aún es tener la certeza de que somos prolongación, continuidad, inmutabilidad.
La historia ya está escrita, somos un punto efímero en una línea infinita. 
Entendámoslo de una vez y para siempre que sólo somos un reflejo mutilado de la hazaña estrepitosa de un otro sin duda más grande.
U
n adverso y un transverso al carbónico de ese ser más genial que vivió en una época disímil y arcaica a la nuestra. Me pregunto por qué la gente estudia tanto y reflexiona tan poco.
La clave para desprenderse de la mediocridad es simplemente saber que aplicamos principios económicos en la administración de las ideas, que no son más que recursos escasos, mientras nosotros, los seres humanos inmersos en la refinabilidad y amplitud de la procreación ciega y desquiciada, nos topamos con el problema de la racionalización.
Me pregunto quién habrá sido el genio que inventó el sistema...







"Formándose en la atmósfera de lo que se ha dicho anteriormente, la palabra viene determinada a su vez por lo que todavía no se ha dicho, pero que viene ya forzado y previsto por la palabra de la respuesta."
Mijail Bajtín


lunes, 19 de agosto de 2013

Un feriado con sentido.

San Martín cruzó Los Andes enfermo, en una camilla de campaña, tirada por una mula.
La camilla aún se conserva en el Museo Histórico de Parque Lezama.
Después, al pelotudo de Bartolomé Mitre le pareció más lindo lo del caballo blanco...
Pero la realidad es más poética que la ficción.

[17 de Agosto]

sábado, 17 de agosto de 2013

Cuando era chiquita

Cuando era chiquita no me daba cuenta de cómo funcionaba el mundo, hoy analizando el proceso de mi vida a la luz de los años lo entiendo todo muy clarito.

Cuando nací, lloré ¡Y qué cosa controvertida es el llanto que a través de él podemos expresar múltiples sentimientos y manifestaciones espirituales! Lloramos de alegría, de conmoción, de felicidad, de tristeza, de dolor, de rabia... Y hasta podríamos llorar porque estamos vivos, pero queridos amigos, el absurdo no está contemplado en un cosmos racional.
La cuestión es que no me destaqué ni mucho menos por ese acto de desasosiego ante la irrupción en un mundo al cual nadie me preguntó si quería llegar. Y lo que es peor, la filosofía existencialista fue siendo disfrazada con lujos ostentosos, caprichos satisfechos. Ellos te muestran que vale la pena crecer, que la vida es un disfrute continuo, que, a lo sumo, lloramos porque mamá no nos compró ese juguete que tanto queríamos. Y así llegamos a grandes: mirá a dónde me fui de vacaciones, mirá el auto nuevo que compré, mirá yo tengo lo que vos no tenés y vos tenés lo que yo no tengo. Yo quiero y no necesito lo que vos tenés, vos querés y no necesitás lo que yo tengo. Siendo burdos, la cosa es más o menos así.

Fui creciendo.
Con el tiempo las preocupaciones fueron mutando hacia cosas más complejas como el hecho de no perderme mi dibujo animado preferido, o en su defecto, si Fulana de tal quería ser amiga y en casos extremos, cuando volvía a casa después de un largo día de... nada, mi atención se centraba en tomar la leche y mojar en ella mis galletitas favoritas y cuidado con que se me rompiera una dentro de la taza, en esos casos el escándalo era inminente.
Hace un tiempo ya que empecé a ver que el cascarón estaba permeado por otros seres sociales que muy a menudo discrepaban conmigo, otros que tenían otra vida, otras formas. Fui constituyendo y objetivando como pude al "otro"  porque ya no se trataba del nosotros, simplemente porque no podía haber un nosotros si había primero un otro que se anteponía.