Hoy es sábado pero se siente como si fuese domingo.
Me he preguntado muchas veces ya, qué es lo que tienen los domingos que uno puede reconocerlos con el sólo tacto del dedo índice en la pava a muy tempranas horas de la mañana. O tal vez, sólo con pispear a través de la ventana con el ojo derecho (sin siquiera salir de casa) el caminar lento y despreocupado, informal y sereno, tranquilo y despiadado, hasta inconsciente y pesado de los hombres que circulan por el vecindario emanando aire cálido a pesar del estrepitoso frío del vigésimo invierno que me ha tocado vivir. Por qué será que por los domingos uno se formula una pergamino repleto de planteos existenciales, propiamente catárticos y hasta un poco frívolos tal vez, sabiendo muy bien que no se los plantearía un lunes.
El hombre es racional y por ende sabio. Conoce muy bien las consecuencias de hacerse preguntas complejas un lunes por la madrugada: cargaría pues, por el resto de la larguísima semana con la onerosa cuestión existencial, no dormiría el martes, ni el miércoles, ni el jueves y menos que menos el viernes... no descansaría exento de perturbaciones si no fuese por la consciencia que lo atañe con pecados y culpas que lo persiguen hasta en su lecho crematorio. Por eso ha de hacerse preguntas filosóficas, ha de divagar, y ha de aprovechar los domingos jugosos por la tarde para tender un puente con la Grecia Antigua, lugar al que se transporta y vuela con la imaginación con boleto de ida y vuelta en el mismo día.
El hombre llega allí con su apología escrita en un trozo de papel, un poco arrugado ya de tantos titubeos y dudas.
El hombre se levanta al otro día, satisfecho con la inverbe certeza que inaugura su infeliz semana:
nuestro hombre material ahora sabe que el hombre en general es un ser cobarde, lleno de mentalismos y estrategias que le inhiben su pulsión, sus deseos e instintos animales.
Nuestro hombre, y el hombre en general, es un represor experto.
El hombre es la policía de su propio ser.
Un blog, mi blog. El punto en el que, principalmente, descargo mi catarsis del mundo globalizado, ese que nunca para.. Por eso, cuando entro acá, encuentro la manera de desconectarme y que mi mente divague con o sin razón. Alguna vez te debe haber pasado. Bienvenido a este mundo de locuras peligrosas.
tinta y pluma pa volar
sábado, 22 de junio de 2013
Hierbas que flotan en la yugular,
se pudren en agua sucia
y nos bañamos en ese agua,
en ese río,
a su vez,
de espaldas al río.
Tomamos una bebida caliente,
nos enfriamos recíprocamente a cada sorbo.
Vivimos envueltos en supuestos
hasta congelarnos con el viento sur.
Esa capacidad inmensa
de saber brindar soledad y compañía simultáneamente
es tan turbia
como la imagen mesíanística de Dios.
Tiene un tinte oscuro,
siniestro
y yo hago una ensalada
mientras vuelco lo que escrupulosamente pienso.
se pudren en agua sucia
y nos bañamos en ese agua,
en ese río,
a su vez,
de espaldas al río.
Tomamos una bebida caliente,
nos enfriamos recíprocamente a cada sorbo.
Vivimos envueltos en supuestos
hasta congelarnos con el viento sur.
Esa capacidad inmensa
de saber brindar soledad y compañía simultáneamente
es tan turbia
como la imagen mesíanística de Dios.
Tiene un tinte oscuro,
siniestro
y yo hago una ensalada
mientras vuelco lo que escrupulosamente pienso.
martes, 18 de junio de 2013
sábado, 15 de junio de 2013
Arte.
Hoy me pidieron que defina Arte y si creo que contribuyo a él, entonces de qué manera o desde qué lugar lo hago.
Me tomé unos segundos para contestar. No quise ser cómplice de un inconsistente parafraseo de inercia, por lo que no quise caer en la bajeza de definir siempre al Arte esquemática e irreflexivamente.
Bueno, hoy me pareció que era ya tiempo de, aunque no descartar lo clásico, reestructurarlo y darle un tinte un poco más moderno.
Tiempo de desempolvar la estantería y reubicar los libros alterando el caduco criterio de organización.
En vez de cambiar las respuestas, es necesario reformular ahora nuevas preguntas
¿Entonces qué es el arte?
Arte es todo producto de la actividad humana desinteresada egocéntricamente, pero no humanísticamente. Por el contrario, el Arte es ente creacional que emana espíritu desestabilizador, espíritu de revolución, ruptura, cambio. Arte es quiebre. El Arte despierta.
Es un aporte que parte de un Yo, de uno mismo, hacia el mundo y se proyecta hacia él. Un granito de arena que se deposita en el más vasto desierto artístico.
Es un concepto tan abarcativo que sería inconcebible encasillarlo en una pintura, una partitura musical o una escultura. El arte carece de circunscripción y no conoce tampoco de academias. Es imposible concebirlo como el cemento fresco que tapa un agujero.
Arte es amar sin rostro, amar el interior. Por eso, el acto mismo de amar es un arte.
No incluye en nuestra categoría de Arte todo aquello que sea efímeramente verdadero y en consecuencia, temporalmente falso. El arte es eterno, omnihistórico. El arte en general jamás puede ser contra-emanado, es decir, proscripto o retraído del mundo. Entra en él para quedarse. El arte nace de la subjetividad, de la gestación de un Ser único e irrepetible que encuentra su lugar en la cotidianidad. Una vez lanzado con la fuerza de un misil, las balas nunca pueden volver al interior de éste. Se instala firma en las conciencias y hace efecto dominó, contagiando al entero porvenir. El Arte es ejercicio, pues estimula aunque sea un mínimo mecanismo de sinapsis.
El arte es aspiración a lo específico, contribuye a las ideologías individuales (que son siempre colectivas) por las cuales nos representamos el mundo. Es fragmentario y parcial sólo en tanto el resto de los hombres viven bajo el predominio de la dimensión particular.
Dicho de otro modo, arte es todo aquello que contribuye a humanizar al mundo.
El arte es un poder transformador, es el único arma que construye.
Me tomé unos segundos para contestar. No quise ser cómplice de un inconsistente parafraseo de inercia, por lo que no quise caer en la bajeza de definir siempre al Arte esquemática e irreflexivamente.
Bueno, hoy me pareció que era ya tiempo de, aunque no descartar lo clásico, reestructurarlo y darle un tinte un poco más moderno.
Tiempo de desempolvar la estantería y reubicar los libros alterando el caduco criterio de organización.
En vez de cambiar las respuestas, es necesario reformular ahora nuevas preguntas
¿Entonces qué es el arte?
Arte es todo producto de la actividad humana desinteresada egocéntricamente, pero no humanísticamente. Por el contrario, el Arte es ente creacional que emana espíritu desestabilizador, espíritu de revolución, ruptura, cambio. Arte es quiebre. El Arte despierta.
Es un aporte que parte de un Yo, de uno mismo, hacia el mundo y se proyecta hacia él. Un granito de arena que se deposita en el más vasto desierto artístico.
Es un concepto tan abarcativo que sería inconcebible encasillarlo en una pintura, una partitura musical o una escultura. El arte carece de circunscripción y no conoce tampoco de academias. Es imposible concebirlo como el cemento fresco que tapa un agujero.
Arte es amar sin rostro, amar el interior. Por eso, el acto mismo de amar es un arte.
No incluye en nuestra categoría de Arte todo aquello que sea efímeramente verdadero y en consecuencia, temporalmente falso. El arte es eterno, omnihistórico. El arte en general jamás puede ser contra-emanado, es decir, proscripto o retraído del mundo. Entra en él para quedarse. El arte nace de la subjetividad, de la gestación de un Ser único e irrepetible que encuentra su lugar en la cotidianidad. Una vez lanzado con la fuerza de un misil, las balas nunca pueden volver al interior de éste. Se instala firma en las conciencias y hace efecto dominó, contagiando al entero porvenir. El Arte es ejercicio, pues estimula aunque sea un mínimo mecanismo de sinapsis.
El arte es aspiración a lo específico, contribuye a las ideologías individuales (que son siempre colectivas) por las cuales nos representamos el mundo. Es fragmentario y parcial sólo en tanto el resto de los hombres viven bajo el predominio de la dimensión particular.
Dicho de otro modo, arte es todo aquello que contribuye a humanizar al mundo.
El arte es un poder transformador, es el único arma que construye.
martes, 4 de junio de 2013
¿Y qué vas a hacer...?
Los mares crecen y no es por el deshielo de los glaciares, ni todo lo que publican los diarios y las noticias sobre el calentamiento global. Eso no es más que una ficción, la realidad es que crecen porque las lágrimas de los miles de millones de habitantes lo acrecientan y llegan a él con flujo constante.
Hace frío y la utopía se congela.
Uno mismo se paraliza en el centro del Universo, sórdido y cruel que se disipa desde cualquier rincón de cualquier ciudad.
Yo soy parte de esa multidad.
Todavía arrastro conmigo la tristeza de un ángel perdido, de un padre ausente y una madre abstraída
¿Acaso el saber es poder, y el poder es dinero? ¿Acaso en este siglo XXI los valores éticos y morales son reemplazos por aquellos económicos, adquisitivos y ostentosos?
Quizás sea por esta dicotomía que no me hallo en el presente, y que me remonto a la Historia y al pasado, al cual me arraigo con fortaleza, porque no soy de este tiempo. No comparto estos valores.
Vale más un mimo, una frase sincera, que la estética y la apariencia.
A lo mejor, vos tampoco sos tan fuerte como parecés,
a lo mejor tus flagelos aparecen en las penunmbras quejumbrosas de la noche y es ahí cuando debo interceptarte.
Nos une la sangre, nos unen los genes. Irremediablemente la suerte existe y el azar nos dio a la una con la otra.
Uno se cansa de correr.
Hace frío y la utopía se congela.
Uno mismo se paraliza en el centro del Universo, sórdido y cruel que se disipa desde cualquier rincón de cualquier ciudad.
Yo soy parte de esa multidad.
Todavía arrastro conmigo la tristeza de un ángel perdido, de un padre ausente y una madre abstraída
¿Acaso el saber es poder, y el poder es dinero? ¿Acaso en este siglo XXI los valores éticos y morales son reemplazos por aquellos económicos, adquisitivos y ostentosos?
Quizás sea por esta dicotomía que no me hallo en el presente, y que me remonto a la Historia y al pasado, al cual me arraigo con fortaleza, porque no soy de este tiempo. No comparto estos valores.
Vale más un mimo, una frase sincera, que la estética y la apariencia.
A lo mejor, vos tampoco sos tan fuerte como parecés,
a lo mejor tus flagelos aparecen en las penunmbras quejumbrosas de la noche y es ahí cuando debo interceptarte.
Nos une la sangre, nos unen los genes. Irremediablemente la suerte existe y el azar nos dio a la una con la otra.
Uno se cansa de correr.
lunes, 3 de junio de 2013
Lunes, otra vez.
Es más fácil enojarse con un nombre, con un rostro, con una persona antes que con una circunstancia.
Es más fácil ir por la vida señalando con el dedo y encontrando al responsable de todo lo que nos acontece.
Es muy difícil culpar a la vida en sí, a una circunstancia, o a un golpe de desgracia que no podemos conceptualizar racionalmente, al que no podemos tocar, ni ver. Sencillamente porque ninguno de ellos tiene ojos para mirarnos, boca para contestarnos ni un corazón al cual herir.
Sí... es más fácil. Siempre lo supe.
Por eso mismo reniego ante mi terquedad de saber muy bien la teoría y fracasar en la práctica,
y blasfemo hacia los 4 puntos cardinales a esa maldita circunstancia, que se repite cíclica como un almanaque en el mes de junio.
Esa circunstancia injusta que me dota de indiferencia al hablar, esa circunstancia que me quema profundamente hasta el punto de no saber cuál es el matafuegos propicio para mitigar el incendio. Es una especie de veneno que marchita a las flores de nuestra querencia.
Un incendio que arde enfáticamente, en mis venas, en mi mente. Mente que se mueve, de aquí para allá, de arriba hacia abajo. Mente que realiza conjeturas, hipótesis derivadas, pero que no llega a dilucidar el por qué de ese núcleo central.
Tenía razón Popper cuando sostenía que sólo se llega a la verdad mediante ensayo y error.
Siempre supe que era propio de la teleología tejer este tipo de marañas, y como aún los olmos no entregan peras, hoy, y como siempre, se trata de una circunstancia amorosa.
Las noches en las que el sueño se resiste a aparecer, me pregunto con frecuencia si no debí haber sido Eros en la antigua vida greca, mitológica y fantástica, de dioses y coléricas hazañas.
Pero en las noches en las que sí duermo, despierto con la certeza de que toda mi vida puede trazarse como un gráfico estadístico. Lineal y curvo a la vez, con altas y bajas, pero en el que siempre se podrá disipar un patrón común que constituya una poco endeble anomalía que se empeña en no ser solucionada.
Un enigma que persiste a través de los años.
Y quien conóceme, sabe que todo este tiempo mantuve firme el paradigma y la política ética, a pesar de su ineficacia e inconsistencia. Juro y vuelvo a jurar, que éste paradigma fue mantenido con constancia y vehemencia. Porque si de algo no se me puede culpar es de la fornida lucha ejercida ante la incipiente revolución.
Revolución que ya está delante de mis narices y aunque se me acuse de versátil, irresoluta e inconsecuente, nada más puedo hacer yo para evitarla.
Es más fácil ir por la vida señalando con el dedo y encontrando al responsable de todo lo que nos acontece.
Es muy difícil culpar a la vida en sí, a una circunstancia, o a un golpe de desgracia que no podemos conceptualizar racionalmente, al que no podemos tocar, ni ver. Sencillamente porque ninguno de ellos tiene ojos para mirarnos, boca para contestarnos ni un corazón al cual herir.
Sí... es más fácil. Siempre lo supe.
Por eso mismo reniego ante mi terquedad de saber muy bien la teoría y fracasar en la práctica,
y blasfemo hacia los 4 puntos cardinales a esa maldita circunstancia, que se repite cíclica como un almanaque en el mes de junio.
Esa circunstancia injusta que me dota de indiferencia al hablar, esa circunstancia que me quema profundamente hasta el punto de no saber cuál es el matafuegos propicio para mitigar el incendio. Es una especie de veneno que marchita a las flores de nuestra querencia.
Un incendio que arde enfáticamente, en mis venas, en mi mente. Mente que se mueve, de aquí para allá, de arriba hacia abajo. Mente que realiza conjeturas, hipótesis derivadas, pero que no llega a dilucidar el por qué de ese núcleo central.
Tenía razón Popper cuando sostenía que sólo se llega a la verdad mediante ensayo y error.
Siempre supe que era propio de la teleología tejer este tipo de marañas, y como aún los olmos no entregan peras, hoy, y como siempre, se trata de una circunstancia amorosa.
Las noches en las que el sueño se resiste a aparecer, me pregunto con frecuencia si no debí haber sido Eros en la antigua vida greca, mitológica y fantástica, de dioses y coléricas hazañas.
Pero en las noches en las que sí duermo, despierto con la certeza de que toda mi vida puede trazarse como un gráfico estadístico. Lineal y curvo a la vez, con altas y bajas, pero en el que siempre se podrá disipar un patrón común que constituya una poco endeble anomalía que se empeña en no ser solucionada.
Un enigma que persiste a través de los años.
Y quien conóceme, sabe que todo este tiempo mantuve firme el paradigma y la política ética, a pesar de su ineficacia e inconsistencia. Juro y vuelvo a jurar, que éste paradigma fue mantenido con constancia y vehemencia. Porque si de algo no se me puede culpar es de la fornida lucha ejercida ante la incipiente revolución.
Revolución que ya está delante de mis narices y aunque se me acuse de versátil, irresoluta e inconsecuente, nada más puedo hacer yo para evitarla.
viernes, 31 de mayo de 2013
El olor matutino,
el café humeante y espumoso,
el estómago crujiente.
El día gris que se disipa detrás de las cortinas.
La India que se hace escuchar a través de mis parlantes.
La mente serena después de un continuo pero lánguido sueño.
Mi desayuno y mi primer contacto con el día.
Mis primeros afectos, mis primeros contactos con el saber.
Las ganas incipientes de una energía próxima a consumirse
y la guitarra encerada que me induce a lo lejos con sus cuerdas anómalas
Siempre lo mismo,
y, sin embargo
siempre distinto.
el café humeante y espumoso,
el estómago crujiente.
El día gris que se disipa detrás de las cortinas.
La India que se hace escuchar a través de mis parlantes.
La mente serena después de un continuo pero lánguido sueño.
Mi desayuno y mi primer contacto con el día.
Mis primeros afectos, mis primeros contactos con el saber.
Las ganas incipientes de una energía próxima a consumirse
y la guitarra encerada que me induce a lo lejos con sus cuerdas anómalas
Siempre lo mismo,
y, sin embargo
siempre distinto.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Los eslabones de una cadena herrumbrosa me manchaban la mano y yo me volvía hacia la condena, incrédula e intransigente.
Me replanteé varias veces mi lugar en esta máquina globalizadora y sin entender el por qué de la inercia consumidora seguí por la misma ruta de siempre: la de la cotidianidad.
Pero por suerte estaba el amor ahí para lubricarme el corazón oxidado.
Yo, que ante tanta desigualdad, ante tantos mecanismos infinitesimales, ante tanta crueldad recóndita, ante tanta ira amorfa, me sentí un pichón sin su guarida... sin nido alguno.
De una vez y por todas, me crucé con el halcón de la reflexión que me transportó volando hacia la vorágine introspectiva.
No quiero ser el manzano que dé frutos porque sí.
Más bien quiero ser la consecuencia espléndida de la causalidad.
No quiero un porque sí.
Quiero ser el manzano que dé manzanas rojas, brillantes y jugosas.
Quiero hacer fotosíntesis junto a la vida.
Quiero echar raíces en un lugar ubicado en los confines más subrepticios para olvidarme por fin de la turbulencia del tiempo y de la inestabilidad tecnológica.
Eso no es vida para mí.
Me replanteé varias veces mi lugar en esta máquina globalizadora y sin entender el por qué de la inercia consumidora seguí por la misma ruta de siempre: la de la cotidianidad.
Pero por suerte estaba el amor ahí para lubricarme el corazón oxidado.
Yo, que ante tanta desigualdad, ante tantos mecanismos infinitesimales, ante tanta crueldad recóndita, ante tanta ira amorfa, me sentí un pichón sin su guarida... sin nido alguno.
De una vez y por todas, me crucé con el halcón de la reflexión que me transportó volando hacia la vorágine introspectiva.
No quiero ser el manzano que dé frutos porque sí.
Más bien quiero ser la consecuencia espléndida de la causalidad.
No quiero un porque sí.
Quiero ser el manzano que dé manzanas rojas, brillantes y jugosas.
Quiero hacer fotosíntesis junto a la vida.
Quiero echar raíces en un lugar ubicado en los confines más subrepticios para olvidarme por fin de la turbulencia del tiempo y de la inestabilidad tecnológica.
Eso no es vida para mí.
lunes, 27 de mayo de 2013
.
El grito,
silencioso,
absurdo
ése es el grito más sordo.
Te miro, polifacético,
cobarde y fantástico.
Te busco en el fondo del zapato,
en el rincón izquierdo del ropero.
Pero no hay rastros de lo que fue.
Nuestra foto se perdió en algún álbum sin título.
Nuestro beso nunca llegó a ser concebido eficaz como el rencor que emana tu mohín.
Quizá mi defecto más grande sea que te conozco demasiado,
quizá tu defecto más grande sea que a pesar de los años
todavía no aprendiste el arte de besarle los pies a una mujer con discreción
...y ahora que me siento bien, apago la luz.
silencioso,
absurdo
ése es el grito más sordo.
Te miro, polifacético,
cobarde y fantástico.
Te busco en el fondo del zapato,
en el rincón izquierdo del ropero.
Pero no hay rastros de lo que fue.
Nuestra foto se perdió en algún álbum sin título.
Nuestro beso nunca llegó a ser concebido eficaz como el rencor que emana tu mohín.
Quizá mi defecto más grande sea que te conozco demasiado,
quizá tu defecto más grande sea que a pesar de los años
todavía no aprendiste el arte de besarle los pies a una mujer con discreción
...y ahora que me siento bien, apago la luz.
domingo, 26 de mayo de 2013
Las palabras se han creado para comunicarnos absurdamente, para globalizar los sentimientos.
Para ejecutar universalmente todo aquello que es propio de la especie humana.
¿Pero son estas palabras suficientes para reducirnos a un todo? ¿o son más bien formas de ampliar la nada? Esa nada misma que nos inunda. Esa nada que nos azota conjuntamente.
Una nada amenazante y estéticamente bella.
Adornamos nuestro lenguaje, y nos mordemos la lengua que sangra hemorrágicamente.
Y aunque podremos hablar distintos idiomas, siempre estaremos atravesados por las mismas vivencias, las mismas dudas, los mismos cíclicos días de otoño amarillo, las mismas nostalgias, los mismos anhelos, las mismas penas y los mismo amores. Simplemente porque estamos hechos de las mismas lágrimas.
Es una condena ineludible. Una lección magnífica y aterradora a la vez.
Porque hay un abismo insoslayable entre el yo y el nosotros. Entre el nosotros y el ellos.
Porque si comprendemos esto, seremos capaces de conquistar el mundo entero.
No importa cuánto alteremos los combatientes. Habrá siempre una sorda lucha, una guerra muda.
Serán siempre ganadores y perdedores, los protagonistas del vil sistema que nos asfixia. Somos irreconciliables y hasta antagónicos. Divididos por hemisferios conspicuos que detentan el poder de mantenernos distantes, no importa lo mucho que conectemos nuestros mares y nos empeñemos en anular dicha separación. Somos el Pacífico y el Atlántico.
Y como la homogeneización no existe, si ahora creemos que nos hemos buscado la vida entera y por fin encontrado... eso no es más que una efímera ilusión. Porque sólo somos el ingenuo público de un cínico mago que no hace más que engañarnos con nuestra complacencia de ser engañados. El objetivo del mago es oculto y constante, y consiste en buscar el método más sutil que consagre la mejor forma de hacernos padecer el engaño.
Mientras tanto, será mejor que paguemos el boleto de la sátira función; que nos acomodemos en la butaca y que dejemos que esa mentirosa magia nos persuada de que es ésto es la realidad y la única posible.
Para ejecutar universalmente todo aquello que es propio de la especie humana.
¿Pero son estas palabras suficientes para reducirnos a un todo? ¿o son más bien formas de ampliar la nada? Esa nada misma que nos inunda. Esa nada que nos azota conjuntamente.
Una nada amenazante y estéticamente bella.
Adornamos nuestro lenguaje, y nos mordemos la lengua que sangra hemorrágicamente.
Y aunque podremos hablar distintos idiomas, siempre estaremos atravesados por las mismas vivencias, las mismas dudas, los mismos cíclicos días de otoño amarillo, las mismas nostalgias, los mismos anhelos, las mismas penas y los mismo amores. Simplemente porque estamos hechos de las mismas lágrimas.
Es una condena ineludible. Una lección magnífica y aterradora a la vez.
Porque hay un abismo insoslayable entre el yo y el nosotros. Entre el nosotros y el ellos.
Porque si comprendemos esto, seremos capaces de conquistar el mundo entero.
No importa cuánto alteremos los combatientes. Habrá siempre una sorda lucha, una guerra muda.
Serán siempre ganadores y perdedores, los protagonistas del vil sistema que nos asfixia. Somos irreconciliables y hasta antagónicos. Divididos por hemisferios conspicuos que detentan el poder de mantenernos distantes, no importa lo mucho que conectemos nuestros mares y nos empeñemos en anular dicha separación. Somos el Pacífico y el Atlántico.
Y como la homogeneización no existe, si ahora creemos que nos hemos buscado la vida entera y por fin encontrado... eso no es más que una efímera ilusión. Porque sólo somos el ingenuo público de un cínico mago que no hace más que engañarnos con nuestra complacencia de ser engañados. El objetivo del mago es oculto y constante, y consiste en buscar el método más sutil que consagre la mejor forma de hacernos padecer el engaño.
Mientras tanto, será mejor que paguemos el boleto de la sátira función; que nos acomodemos en la butaca y que dejemos que esa mentirosa magia nos persuada de que es ésto es la realidad y la única posible.
jueves, 23 de mayo de 2013
Un punto de inflexión.
Le quitaron el paraguas, y aprendió a caminar tupida bajo la lluvia.
Las gotas, tibias, caían sobre su piel.
Sobre sus brazos aterciopelados, sobre su torso desnudo.
No tuvo miedo.
Por el contrario, se sintió inmune a los peligros de andar acompañada sólo por su sombra en la gris ciudad.
Con una ráfaga de ímpetu aceleró su paso inestable. Y siguió por la misma acera.
No cruzó de vereda porque sintió que eso sería reconocer la inminencia de la turbia soledad.
Ya eran más de las 12 e imaginó a todos los hombres del barrio durmiendo arropados en un lecho cálido y matrimonial. - Qué conformismo estúpido- pensó.
La búsqueda nunca caducaría mientras en su pobre completud de mujer insatisfecha hallara un sesgo de voluntad para continuarla.
Jamás echaría raíces, pues ni ella ni su imprudente orgullo se lo permitirían.
No obstante, decidió que sería un día lleno de luz, aunque el sol no se dejase percibir.
Decidió que simplemente se entregaría a la volatidad del tiempo
aunque sin ser consciente a diario de sus consecuencias.
Decidió que en su almanaque era ya el momento de dar vuelta la página.
Es por mí por quien doblan las campanas... Y no en vano he sufrido mil inviernos a la deriva de un ancla que me estribe eternamente, se dijo con una pizca de voz endeble.
Pensó en caminar con otras sombras...
pero a fin de cuentas supo que seguiría siendo su propia sombra la primacía de su compañía.
Las gotas, tibias, caían sobre su piel.
Sobre sus brazos aterciopelados, sobre su torso desnudo.
No tuvo miedo.
Por el contrario, se sintió inmune a los peligros de andar acompañada sólo por su sombra en la gris ciudad.
Con una ráfaga de ímpetu aceleró su paso inestable. Y siguió por la misma acera.
No cruzó de vereda porque sintió que eso sería reconocer la inminencia de la turbia soledad.
Ya eran más de las 12 e imaginó a todos los hombres del barrio durmiendo arropados en un lecho cálido y matrimonial. - Qué conformismo estúpido- pensó.
La búsqueda nunca caducaría mientras en su pobre completud de mujer insatisfecha hallara un sesgo de voluntad para continuarla.
Jamás echaría raíces, pues ni ella ni su imprudente orgullo se lo permitirían.
No obstante, decidió que sería un día lleno de luz, aunque el sol no se dejase percibir.
Decidió que simplemente se entregaría a la volatidad del tiempo
aunque sin ser consciente a diario de sus consecuencias.
Decidió que en su almanaque era ya el momento de dar vuelta la página.
Es por mí por quien doblan las campanas... Y no en vano he sufrido mil inviernos a la deriva de un ancla que me estribe eternamente, se dijo con una pizca de voz endeble.
Pensó en caminar con otras sombras...
pero a fin de cuentas supo que seguiría siendo su propia sombra la primacía de su compañía.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Oh L'amour.
Yo le digo No a la institucionalización del amor. Cacheteo a esa corriente, le doy la espalda.
Yo pinto carteles en su repudio y hago sonar en su contra las cacerolas que tengo guardadas en mi cocina.
Yo confecciono panfletos y los reparto por las calles atiborradas de sustancias animales animadas y racionales.
Yo hago esto como si fuera parte del arte, como si fuese un tributo hacia la construcción de la auto-consciencia de la humanidad.
Soy una mujer incapaz de someterse y prestar obediencia al bochornoso suicidio en masa del que hoy es víctima el sentimiento en nombre del cual a lo largo de la historia se han hecho las más maravillosas hazañas: el amor. Porque el amor pertenece a la esfera de lo irracional.
Pertenece a aquella dimensión mágica como lo es el acontecer de una aurora austral.
El amor es el mecanismo secreto del cual no nos hemos de enterar jamás de su funcionamiento. Es un secreto de Estado. Es clandestino, es prohibido, desafiante. Son las redes que tejen la telaraña del mundo.
Puede ser una angustiosa libertad o una dulce prisión.
Porque cuando cae en las redes de la cotidianeidad, se racionaliza, se vuelve predecible y probable. Como una empresa o una ciencia que requiere administración continua.
Es entonces, cuando deja de ser esa inocua masa amorfa y comienza a adquirir visualmente una figura, leyes y teorías determinantes, como la oferta y la demanda. Cuando abandona el carácter mítico, todo en su plano parece explicable. Se torna aburrido. Se vuelve mera obligación rutinaria. Abandona la esfera de la fantasía. Y así es como, desprovisto de imaginación, termina uno besándose con su amado en el recreo, cuando se levanta temprano por la mañana o mientras espera un colectivo.
Ante los ojos del Universo entero y ante los ojos de nadie.
Porque el amor cuando se instituye con reglas, se burocratiza.
Se vuelve una mercancía más. Se vuelve manipulable y dócil.
A tal punto que parece somos capaces de aprisionarlo en nuestras manos, como si fuese éste uno más de esos juguetes antiguos de los no podemos (ni queremos) desprendernos por el simple hecho de que antaño pertenecían a una época de infancia despreocupada, de felicidad indiscutida y permanente.
Nuestra naturaleza es cobarde y despiadadamente nostálgica.
Entonces simplemente no sepamos por qué somos adictos al amor. No sepamos tampoco de dónde viene su receta ni su ingrediente especial. Ése mismo que lo hace tan exquisito al paladar.
Simplemente consumámoslo como a un chocolate, sin perder el delicioso miedo de que algún día se acabe.
Yo pinto carteles en su repudio y hago sonar en su contra las cacerolas que tengo guardadas en mi cocina.
Yo confecciono panfletos y los reparto por las calles atiborradas de sustancias animales animadas y racionales.
Yo hago esto como si fuera parte del arte, como si fuese un tributo hacia la construcción de la auto-consciencia de la humanidad.
Soy una mujer incapaz de someterse y prestar obediencia al bochornoso suicidio en masa del que hoy es víctima el sentimiento en nombre del cual a lo largo de la historia se han hecho las más maravillosas hazañas: el amor. Porque el amor pertenece a la esfera de lo irracional.
Pertenece a aquella dimensión mágica como lo es el acontecer de una aurora austral.
El amor es el mecanismo secreto del cual no nos hemos de enterar jamás de su funcionamiento. Es un secreto de Estado. Es clandestino, es prohibido, desafiante. Son las redes que tejen la telaraña del mundo.
Puede ser una angustiosa libertad o una dulce prisión.
Porque cuando cae en las redes de la cotidianeidad, se racionaliza, se vuelve predecible y probable. Como una empresa o una ciencia que requiere administración continua.
Es entonces, cuando deja de ser esa inocua masa amorfa y comienza a adquirir visualmente una figura, leyes y teorías determinantes, como la oferta y la demanda. Cuando abandona el carácter mítico, todo en su plano parece explicable. Se torna aburrido. Se vuelve mera obligación rutinaria. Abandona la esfera de la fantasía. Y así es como, desprovisto de imaginación, termina uno besándose con su amado en el recreo, cuando se levanta temprano por la mañana o mientras espera un colectivo.
Ante los ojos del Universo entero y ante los ojos de nadie.
Porque el amor cuando se instituye con reglas, se burocratiza.
Se vuelve una mercancía más. Se vuelve manipulable y dócil.
A tal punto que parece somos capaces de aprisionarlo en nuestras manos, como si fuese éste uno más de esos juguetes antiguos de los no podemos (ni queremos) desprendernos por el simple hecho de que antaño pertenecían a una época de infancia despreocupada, de felicidad indiscutida y permanente.
Nuestra naturaleza es cobarde y despiadadamente nostálgica.
Entonces simplemente no sepamos por qué somos adictos al amor. No sepamos tampoco de dónde viene su receta ni su ingrediente especial. Ése mismo que lo hace tan exquisito al paladar.
Simplemente consumámoslo como a un chocolate, sin perder el delicioso miedo de que algún día se acabe.
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