A veces me parece
que estamos en el centro
de la fiesta,
sin embargo,
en el centro de la fiesta
no hay nadie.
En el centro de la fiesta
está el vacío.
Pero en el centro del vacío
hay otra fiesta.
Un blog, mi blog. El punto en el que, principalmente, descargo mi catarsis del mundo globalizado, ese que nunca para.. Por eso, cuando entro acá, encuentro la manera de desconectarme y que mi mente divague con o sin razón. Alguna vez te debe haber pasado. Bienvenido a este mundo de locuras peligrosas.
tinta y pluma pa volar
sábado, 2 de febrero de 2013
Amanecí entre el espesor húmedo de mi sudor y lo primero que se me vino a la mente fue el sueño ininterrumpido de la noche anterior. No había sido, tampoco, una noche de dócil descanso; me había levantado un par de ocasiones a tomar agua fresca y para ir al baño.
Mi cuerpo no estaba reaccionando de la mejor manera a este regreso metropolitano. Y el clima no me ayudaba.
Pero eso si que no me lo esperaba: vos, espécimen impertinente que osa penetrar en mis fantasías para gritarme una vez más que no moriste, que seguís con ganas de jugar con mi amor. Y si sabrás de casualidades, que aparecés justo este mes, en este Febrero, a casi un año de nuestro último encuentro, a casi un año de que nos dijimos 'hasta pronto' bajo esa lluvia canícula que auguraba un posible final.
Es casi una costumbre tuya trastornar mis noches de reposo y lo más grave de todo esto es que nunca supe decir que no, ni siquiera en los sueños, así como tampoco supe bien cómo arriesgarme por un si en esta realidad.
Es casi una costumbre tuya trastornar mis noches de reposo y lo más grave de todo esto es que nunca supe decir que no, ni siquiera en los sueños, así como tampoco supe bien cómo arriesgarme por un si en esta realidad.
Y me prometo que hoy actuaría distinto.. como siempre que te pienso, que hoy sería diferente; que me bastaría con esa aventura postergada hace años ¿Será que me estoy pareciendo a vos y por eso te extraño?
Sabe la Luna por qué te rapta y te reaparece en los veranos.
Y no es que me importes demasiado, es sólo que te uso de musa.
jueves, 31 de enero de 2013
He visto nubes danzarinas en su máximo esplendor.
Nubes tan aireadas como el humo que larga una chimenea.
Nubes que arrebatan a la vista inmensos paisajes de montaña.
Hay nubes que todo lo tapan, que ofuscan la claridad del camino.
Las hay claras, las hay oscuras, las hay de formas indefinidas.
Las hay precisas como un calco, que hasta se podría jugar con ellas.
Algunas se posan en la cima de una colina, otras andan en movimiento.
Pero hay un rasgo en común entre todas ellas: le escapan al tacto.
¿Qué sabe el hombre si son semejantes al algodón o, de lo contrario, carecen de textura y ésta no es más que un mero producto de nuestra amplísima imaginación?
Hasta ahora, nada se sabe de las nubes..
Sólo que están ahí, muy arriba, para que nos colguemos de ellas, simplemente mirándolas.
Por el único y absurdo motivo de que las nubes están tan cerca a los ojos y tan lejos del cuerpo.
Marc Chagall
Nubes tan aireadas como el humo que larga una chimenea.
Nubes que arrebatan a la vista inmensos paisajes de montaña.
Hay nubes que todo lo tapan, que ofuscan la claridad del camino.
Las hay claras, las hay oscuras, las hay de formas indefinidas.
Las hay precisas como un calco, que hasta se podría jugar con ellas.
Algunas se posan en la cima de una colina, otras andan en movimiento.
Pero hay un rasgo en común entre todas ellas: le escapan al tacto.
¿Qué sabe el hombre si son semejantes al algodón o, de lo contrario, carecen de textura y ésta no es más que un mero producto de nuestra amplísima imaginación?
Hasta ahora, nada se sabe de las nubes..
Sólo que están ahí, muy arriba, para que nos colguemos de ellas, simplemente mirándolas.
Por el único y absurdo motivo de que las nubes están tan cerca a los ojos y tan lejos del cuerpo.
Marc Chagall
Se ha perdido en la infinitud un viaje, un viaje que al mismo tiempo se encuentra a cada recoveco del día.
Lo recuerdo al amanecer, durante el mediodía pegajoso de la ciudad, por las noches de escondidas estrellas..
Él está siempre conmigo.
Es como un Dios, presente a cada hora.
Es mi iglesia y yo soy la plaza que está en frente.
Es mi motor, mi impulso, mi salto vital, mi meta.
Soy feliz recordándote, querido norte.
Lo recuerdo al amanecer, durante el mediodía pegajoso de la ciudad, por las noches de escondidas estrellas..
Él está siempre conmigo.
Es como un Dios, presente a cada hora.
Es mi iglesia y yo soy la plaza que está en frente.
Es mi motor, mi impulso, mi salto vital, mi meta.
Soy feliz recordándote, querido norte.
sábado, 22 de diciembre de 2012
La soledad.
La soledad me enseñó a entender la razón de mi existencia.
Sola, puedo encontrar lo que perdí.
Para muchas personas la soledad es estar sin nadie, para mí es estar conmigo.
La soledad no tiene nada que ver con la presencia o la ausencia de otros, es un estado.
Puede ser positivo o negativo, y es sólo el reflejo de uno mismo.
Saber estar solo es necesario para sentirse completo.
martes, 18 de diciembre de 2012
A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino..
lunes, 17 de diciembre de 2012
Incierto afán.
Si proyectara como un cortometaje el bosquejo de otro año, diría que ya sabido de antemano es que, es complicado, sino casi utópico, cumplirlo y plasmarlo tal y cual como uno lo dibuja en su isla de edición mental.
Del todo no estaría equivocándome si dijera que aún así es el motor hacia el próspero ideal.
Dar otra vuelta de tuerca es, sin ir más lejos, el nudo de mi existir. Un nudo que siempre está latente, en desarrollo, que se anuda y desanuda constantemente, que arma y desarma, que va y viene. Que coagula todos mis deseos. Es el corazón de mi mente.
Las despedidas sí que son de esos dolores dulces, pero son dulces sólo porque hay otra bienvenida. Es el momento en el que le doy la bienvenida a asuntos que no sé cómo ni por qué retornaron hasta la superficie.
Me doy cuenta que busco otras cosas, que difieren de las que tuve. La búsqueda sigue viva dentro mío. Porque todavía no logré encontrarme.
En unos días, mi mochila se llenará sólo de lo imprescindible; de lo justo y necesario. Pienso trasladar este mismo sentido a lo que no se ve. Es decir que, lo que me conforma va a seguir siendo lo mismo, pero con una vuelta de tuerca. No voy a dejar de ser yo, sino que voy a tratar de aligerar el peso de mi mochila para que sea más liviano mi andar, para que los hombros no se me venzan de tanto peso. En situaciones como estas caigo en la cuenta de que lo que quiero para mi alma está plasmado de algún modo en lo que hago con el cuerpo. Si quiero llevar los hombros hacia atrás, enderezar la espalda, entonces, atenúo la carga.
Eso es un rasgo característico mio, el hecho de proponerme constantemente encontrar un equilibrio entre ambas partes. Hallarlo y más difícil todavía, mantenerlo.
Voy a dejar todo cuando sea innecesario en Baires. A partir de aquí trazo una línea nueva. La cual aún se forja y gesta porque estoy procesando grandes etapas consumadas en su máximo nivel: el final. Considero este viaje como una reflexión, porque todo desenlace merece una reflexión, para nutrirme de un tallo verde a primera hora de la mañana, para leer un libro a la sombra de una parra, para caminar por lugares vírgenes. Se puede decir que.. Nada se puede decir ahora mismo. Porque siempre que se dice, sale el tiro por la culata. Ya lo diré en otra oportunidad, cuando haya sucedido lo que ha de suceder.
Quiero dejar de pensar a futuro, también me digo.
Para eso, quiero dejar de escribir a futuro. Porque uno escribe lo que piensa.
Porque todas esas palabras que lo esperan al futuro que es ese punto que se encuentra lejos y a las vez cerca de nosotros, están cargadas de expectativas.
Y si hay algo que no quiero llevar a cuestas durante este viaje, son las expectativas.
Porque si no hay expectativas, no hay desilusión.
Y si no hay desilusión, quiere decir que no hubo ilusión.
Entonces prefiero envolver a todo esto que me pasa, en una bolsa cuya etiqueta diga simplemente afán. Un incierto afán.
Del todo no estaría equivocándome si dijera que aún así es el motor hacia el próspero ideal.
Dar otra vuelta de tuerca es, sin ir más lejos, el nudo de mi existir. Un nudo que siempre está latente, en desarrollo, que se anuda y desanuda constantemente, que arma y desarma, que va y viene. Que coagula todos mis deseos. Es el corazón de mi mente.
Las despedidas sí que son de esos dolores dulces, pero son dulces sólo porque hay otra bienvenida. Es el momento en el que le doy la bienvenida a asuntos que no sé cómo ni por qué retornaron hasta la superficie.
Me doy cuenta que busco otras cosas, que difieren de las que tuve. La búsqueda sigue viva dentro mío. Porque todavía no logré encontrarme.
En unos días, mi mochila se llenará sólo de lo imprescindible; de lo justo y necesario. Pienso trasladar este mismo sentido a lo que no se ve. Es decir que, lo que me conforma va a seguir siendo lo mismo, pero con una vuelta de tuerca. No voy a dejar de ser yo, sino que voy a tratar de aligerar el peso de mi mochila para que sea más liviano mi andar, para que los hombros no se me venzan de tanto peso. En situaciones como estas caigo en la cuenta de que lo que quiero para mi alma está plasmado de algún modo en lo que hago con el cuerpo. Si quiero llevar los hombros hacia atrás, enderezar la espalda, entonces, atenúo la carga.
Eso es un rasgo característico mio, el hecho de proponerme constantemente encontrar un equilibrio entre ambas partes. Hallarlo y más difícil todavía, mantenerlo.
Voy a dejar todo cuando sea innecesario en Baires. A partir de aquí trazo una línea nueva. La cual aún se forja y gesta porque estoy procesando grandes etapas consumadas en su máximo nivel: el final. Considero este viaje como una reflexión, porque todo desenlace merece una reflexión, para nutrirme de un tallo verde a primera hora de la mañana, para leer un libro a la sombra de una parra, para caminar por lugares vírgenes. Se puede decir que.. Nada se puede decir ahora mismo. Porque siempre que se dice, sale el tiro por la culata. Ya lo diré en otra oportunidad, cuando haya sucedido lo que ha de suceder.
Quiero dejar de pensar a futuro, también me digo.
Para eso, quiero dejar de escribir a futuro. Porque uno escribe lo que piensa.
Porque todas esas palabras que lo esperan al futuro que es ese punto que se encuentra lejos y a las vez cerca de nosotros, están cargadas de expectativas.
Y si hay algo que no quiero llevar a cuestas durante este viaje, son las expectativas.
Porque si no hay expectativas, no hay desilusión.
Y si no hay desilusión, quiere decir que no hubo ilusión.
Entonces prefiero envolver a todo esto que me pasa, en una bolsa cuya etiqueta diga simplemente afán. Un incierto afán.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Soy una persona que se cansa. No sé si rápido, no sé si lento. Más tarde o más temprano, el punto es que me canso. Y no hay peor cosa que cansarse de uno mismo. Porque cuando me canso de tomar café, lo corto con un poquito de leche. Cuando me canso de un libro, lo cambio por otro. Cuando me canso de ver la tele, la apago. Cuando me canso de una canción, escucho otra.
Siempre me canso.
A lo largo de un día, las interrupciones que hago, casi todas, son por cansancio, aburrimiento. Si no, viviría haciendo monótonamente lo mismo.
Eso no está mal. No está mal siempre y cuando haya algo por lo que cambiarlo.
Entonces, cada vez que me pudro de algo, lo que hago es cambiar.
El cambio.
A veces creo que la primera impresión es mucho más que una primera impresión; algo así como la impresión que va a marcar lo que sos por el resto de tu vida.
La gente juzga muchas veces y se queda con lo que alguna vez fuimos, lo que primeramente conocieron de nosotros. Con un pedazo del todo. Un mínimo.
Fácil: conocés a alguien al que le gusta el pop, dos meses después se compra un CD de Rata Blanca, y es un careta. Un falso. No es auténtico. Eso es porque lo conocíamos y le gustaba el pop. A partir de que conocemos a alguien o algo, pareciera ser que las posibilidades de mutar se vuelven nulas.
Las personas no son. Las personas eran.
A veces quisiera armar un esquema con lo que me gustaría ser, ir poniendo y sacando cosas dentro mío, como si fuera un personaje de los Sims. Me desestabilizan los oídos las palabras de los demás que he llegado al punto de quererme sorda. Necia. Pero no.
Ahora mismo estoy cambiando una relación por la vuelta a un ámbito que no me interesa. Que pareciera que, sin embargo termino por acoplarme a él. Sólo para pertenecer a algo. Y no quedar en la nada, flotando.
Esas son las cosas que me desconciertan de mi misma. Cosas que no me gustan y que quisiera cambiar por otras, de las que no esté tan cansada. Y no puedo. Y me frustra.
Odio los momentos en los que se me moja el papel con las respuestas que tanto me costaron elaborar. Porque se les corre la tinta, se borronean ante mis ojos y las tengo que volver a armar. Pero para armar primero hay que encontrar...
Búsqueda, no queda otra.
Siempre me canso.
A lo largo de un día, las interrupciones que hago, casi todas, son por cansancio, aburrimiento. Si no, viviría haciendo monótonamente lo mismo.
Eso no está mal. No está mal siempre y cuando haya algo por lo que cambiarlo.
Entonces, cada vez que me pudro de algo, lo que hago es cambiar.
El cambio.
A veces creo que la primera impresión es mucho más que una primera impresión; algo así como la impresión que va a marcar lo que sos por el resto de tu vida.
La gente juzga muchas veces y se queda con lo que alguna vez fuimos, lo que primeramente conocieron de nosotros. Con un pedazo del todo. Un mínimo.
Fácil: conocés a alguien al que le gusta el pop, dos meses después se compra un CD de Rata Blanca, y es un careta. Un falso. No es auténtico. Eso es porque lo conocíamos y le gustaba el pop. A partir de que conocemos a alguien o algo, pareciera ser que las posibilidades de mutar se vuelven nulas.
Las personas no son. Las personas eran.
A veces quisiera armar un esquema con lo que me gustaría ser, ir poniendo y sacando cosas dentro mío, como si fuera un personaje de los Sims. Me desestabilizan los oídos las palabras de los demás que he llegado al punto de quererme sorda. Necia. Pero no.
Ahora mismo estoy cambiando una relación por la vuelta a un ámbito que no me interesa. Que pareciera que, sin embargo termino por acoplarme a él. Sólo para pertenecer a algo. Y no quedar en la nada, flotando.
Esas son las cosas que me desconciertan de mi misma. Cosas que no me gustan y que quisiera cambiar por otras, de las que no esté tan cansada. Y no puedo. Y me frustra.
Odio los momentos en los que se me moja el papel con las respuestas que tanto me costaron elaborar. Porque se les corre la tinta, se borronean ante mis ojos y las tengo que volver a armar. Pero para armar primero hay que encontrar...
Búsqueda, no queda otra.
Ayer me subí a un colectivo.
1,25 dije y saqué el boleto.
Me senté en uno de esos asientos que están a la derecha, los que son para una sola persona, los individuales por los que todo el mundo casi se pelea, porque ahí podés estirar los pies a piacere.
En una parada subió un hombre de medianos veinte años con rulitos castaño claro. Era un vendedor ambulante que promocionaba un "infaltable" set de hilos. Era la primera vez que me querían vender algo semejante: hilos de colores, finos, gruesos; imprescindibles siguiendo su descripción. Los vendía $3 cada conjunto con una adicional simpatía. Sin embargo, mucha gente para mi sorpresa le compró, quizás porque tenía muy buena onda, porque era muy barato o simplemente tal vez porque en el colectivo había un algo especial.
Yo lo seguía con la vista mientras hacía su desfile de compra y venta.
La cuestión es que después de agradecernos y antes de bajarse, como recordando algo que tenía olvidado, nos quiso vender algo más: un sueño.
Para eso nos pidió que cerráramos los ojos 10 segundos y que deseemos que se cumpliera lo que más anheláramos en ese momento. Una vez pasados los 10 segundos, nos auguró un buen viaje y buena suerte.
Entonces fue cuando se bajó, compartiendo una cómplice sonrisa con el chofer a través del espejo retrovisor derecho, dejando una aurora pesadamente impalpable en cada recoveco con la certeza de que todavía existe la magia.
1,25 dije y saqué el boleto.
Me senté en uno de esos asientos que están a la derecha, los que son para una sola persona, los individuales por los que todo el mundo casi se pelea, porque ahí podés estirar los pies a piacere.
En una parada subió un hombre de medianos veinte años con rulitos castaño claro. Era un vendedor ambulante que promocionaba un "infaltable" set de hilos. Era la primera vez que me querían vender algo semejante: hilos de colores, finos, gruesos; imprescindibles siguiendo su descripción. Los vendía $3 cada conjunto con una adicional simpatía. Sin embargo, mucha gente para mi sorpresa le compró, quizás porque tenía muy buena onda, porque era muy barato o simplemente tal vez porque en el colectivo había un algo especial.
Yo lo seguía con la vista mientras hacía su desfile de compra y venta.
La cuestión es que después de agradecernos y antes de bajarse, como recordando algo que tenía olvidado, nos quiso vender algo más: un sueño.
Para eso nos pidió que cerráramos los ojos 10 segundos y que deseemos que se cumpliera lo que más anheláramos en ese momento. Una vez pasados los 10 segundos, nos auguró un buen viaje y buena suerte.
Entonces fue cuando se bajó, compartiendo una cómplice sonrisa con el chofer a través del espejo retrovisor derecho, dejando una aurora pesadamente impalpable en cada recoveco con la certeza de que todavía existe la magia.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Competencia del que soy con el que fui,
del que va a apagar la lámpara
con el que la ha encendido,
del que desparramaba los colores
con el que los reúne,
del que no se veía en los espejos
con el que se contempla en el humo.
Competencia de mi voz con mi voz,
de las palabras que encontraba
con las palabras que me encuentran,
de los silencios que hablaban por amor
con el amor que dice su silencio,
de la luz de una tarde en cualquier tarde
con la luz exclusiva de esta tarde.
Competencia del que soy y del que fui
con el que seré o no seré mañana,
del que aún marca sus huellas
con el que todavía las borra,
del que empujaba al día
con el que ya ocultamente lo sostiene,
del que viene de ninguna parte
con el que viene de ninguna parte.
del que va a apagar la lámpara
con el que la ha encendido,
del que desparramaba los colores
con el que los reúne,
del que no se veía en los espejos
con el que se contempla en el humo.
Competencia de mi voz con mi voz,
de las palabras que encontraba
con las palabras que me encuentran,
de los silencios que hablaban por amor
con el amor que dice su silencio,
de la luz de una tarde en cualquier tarde
con la luz exclusiva de esta tarde.
Competencia del que soy y del que fui
con el que seré o no seré mañana,
del que aún marca sus huellas
con el que todavía las borra,
del que empujaba al día
con el que ya ocultamente lo sostiene,
del que viene de ninguna parte
con el que viene de ninguna parte.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Soltar duele.
Pienso en una imagen simple. Una mujer volviendo del supermercado. Lleva dos bolsas pesadas en las manos. Si las suelta, algo de lo que lleva adentro se rompe. No quiere que eso pase porque pagó por esas cosas. Quiere que esas cosas se mantengan intactas. Algunas las va a disfrutar, otras simplemente le son útiles. Las bolsas les resquebrajan las manos. Duele tanto peso. Y duele llevarlo sola. Si hubiera llevado a alguna amiga al supermercado... Si hubiera aceptado que no podía llevar eso a cuestas... ¿Y ahora?. Ya está.
En el camino a casa intenta pensar en otras cosas, pero el dolor en las manos punza. Se frena. Deja las bolsas un minuto en el suelo. Suspira. ¿Está lista para seguir?. Duda. Se frota los dedos. Los tiene irritados. Los mira. No puede evitarlo. Piensa que el dolor tiene un atractivo visual. Basta cortarse un dedo para que se haga famoso. Mirá, mirá, me maté cortando una naranja. Las heridas físicas las exhibimos... Las interiores también.
No me gusta el compromiso. Vamos despacio. No confío en vos. Me pasaron muchas. No es el momento. No sos real. Me gustaría creerte. No voy a cambiar por nadie.
La mujer vuelve a agarrar las bolsas. Sigue caminando.
Soltar duele.
¿Y sostener lo insostenible?
Cartas frustradas de amor.
El cielo está gris. Y cuando el cielo está gris, las nubes se mimetizan y bailan en él hasta que logran reflejar en las dóciles miradas, su lluvia. Nada se detiene, nunca, y mientras caían las piedras como cargadas de ira, ellos también cayeron fulminados y se despidieron con un abrazo que congeló el futuro eterno en un te quiero. Ahora lloran a escondidas, quién sabe si volverán a toparse. El incierto es magnífico, pero ya no lo esperan juntos.
Se rindieron ante la gente, la cobardía y el destello fugaz del primer hombre y la primer mujer.Y así se perdieron los desconocidos..
Se rindieron ante la gente, la cobardía y el destello fugaz del primer hombre y la primer mujer.Y así se perdieron los desconocidos..
Somos sólo personas amando a otras personas.
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