tinta y pluma pa volar

tinta y pluma pa volar

sábado, 2 de junio de 2012

Desde chiquita supe bien quién era y cómo se llamaba, aunque nunca me sentí perteneciente a su mundo.. Me dio siempre la impresión de que eramos incompatibles; que ella era sólo para algunos pocos y selectos hombres que tuvieran un don en sus manos. No para mí.
Pero desde que me la presentaron, irrumpió entre nosotras una especie de química especial. Y hace varios meses ya, que nos estamos conociendo. Que nos quedamos a solas en la habitación en completa oscuridad a no ser por las cuatro o cinco llamitas de vela que le dan luz a las melodías que fusionamos.
Un poquito más, día tras día, congenio mis dedos que se amoldan a su cintura brillante, recorren sus curvas exuberantes con el reiterativo miedo de quebrarla.
Me enseñaron a acariciarla, a tocarla. Tácticas que ni imaginaba y técnicas que requieren que no arañe como una fiera cada una de sus cuerdas. Hoy puedo entender lo maravilloso que puede ser el primer instrumento.
Para mi gran amor: mi guitarra.

jueves, 31 de mayo de 2012

La N de mi brújula.

Me hago un poco más inmortal, pero a la vez también un poco más humana con cada beso tuyo.
Cada hora que pasamos juntos, abre sus alas para volarsenos del reloj. Y cuando se nos hace añeja, la extrañamos y nos lamentamos porque si estamos solos los minutos y los segundos se estancan en la eternidad.
Nos prestamos caricias y asumimos recíprocos intereses dotados de amor.
Cualquier imagen a tu lado es digna de memorar. Un dique y el reflejo de la luna, que le dan luz a nuestras caras; las mismas caras que se ensañan en mantener sus miradas eclípticas; las mismas caras que tienen una boca capaz de construir palabras inútiles que sobran si tengo tu tacto sobre mí. Siento nacer el deseo, cómo crece en mis adentros, 
manifestándose hacia el afuera con mis manos que te agarran del cuello y exploran cada partecita de tu cuerpo. Te hago espirales en las orejas, cosquillas en la espalda y te pellizco la cadera; y ahí es cuando te miro y me río perspicaz, con esa sonrisa inocente que tanto te gusta.. Y después me pongo seria y pienso en que esos injustos centímetros que me robás alcanzan para que me deleite como una reina en estado de éxtasis con la imponencia de tu perfume.
Vamos lento, suave, despacio.. Mientras tanto el sol y las nubes comparten en el cielo sus exóticos paisajes. Un poco de amarillo, una pizca de rosa y mucho celeste para esa tarde en la que descubrí la paz que me das, lo distintos que somos en la intimidad y que detrás de cada hielo se esconde un fuego listo para incendiar corazones. 

¿Son los síntomas del cólera, los mismos que del amor?

domingo, 27 de mayo de 2012

Lo que nunca te dije, hasta hoy.

Que las palabras sean siempre el misil de la solución.
Que comprendo que el equilibrio depende de ésta genealogía. 

Que te quiero. Que no hay peor error que idealizar.
Que sos real y que de todo lo real sos mi elegida.
Porque de los éxtasis de tristeza, de los de cólera, de los de amor, del caos, se saca la más fructífera virtud.
Usar de premisa la reflexión, dejar de lado la intransigencia, aturdir al planeta con gritos del más poderoso afán. Pedir abrazos, aunque no sea lo estipulado. Amar y ponerlo en palabras. Ser feliz y ponerlo en acciones. Porque, al fin y al cabo, se es lo que se ve. Prohibido encerrarse en cualquier mundo.
Así quiero estar, caminando por cualquier lado y, encontrarme a la vuelta de la esquina a la dicha y a la dignidad.


Se ha instaurado una ilusa ilusión.

Dormir: necesidad básica del hombre, a través de la cual se reponen las energías. Hay ciertas personas que duermen en exceso, haciendo uso y abuso de esta condición. Otras, infortuniosamente, por voluntad propia o no, duermen poco ya sea porque se ven imposibilitadas por los horarios, obligaciones o porque simplemente no les apetece y no se les da la gana.
Sin embargo, hay una tercer forma de dormir: para escapar. Refugiándose en los sueños que acontecen ciertas veces olvidados, o turbándose en las pesadillas.

Me acosté con la esperanza de que el tiempo me tuviera clemencia. Que la mente me sea por una vez en la historia, indulgente. Para redimirme del llanto continuo, que se manifiesta entrecortado. Se esconde como jugando a las escondidas y grita pica cuando menos me lo espero. Todos mis sentimientos están por lo aires entre estas cuatro paredes. La habitación, llena de pestilente angustia, me evoca la coacción que atestigüé. Y hoy, hoy todo sigue como si nada, los tres parecen haber olvidado semejante bochorno moral; el máximo exponente del exabrupto. No olvido la vehemencia de sus caras, la locura en el fuego de sus pupilas, las manos utilizadas para hacer el mal, como la lengua cuando se mueve y nos hace hablar sin pensar.
"Consecuencia", término que la mayoría de las veces presagia cosas nada buenas. No puedo actuar distinto, me impongo reticente a fingir, a seguir con la magnífica farsa que tiene como escenario la vida cotidiana. Me niego a ser parte de este show enfermizo. Este show de porquería. Este show de mierda.
Mírense, allá abajo pretendiendo no ser dueños de una memoria que nos atormenta por las noches en silencio. Girando la cabeza, escondiéndola en la cueva, como tortugas cobardes que se refugian en su caparazón. Oprobiosos seres, eso somos.. y lo peor es que somos los creadores de nuestro propio oprobio.

sábado, 26 de mayo de 2012

Quebrarse.

Hay un punto, un instante diminuto, en el que la vida muestra su otra faceta.
La violencia te perturba la existencia y nada ya volverá a ser como antes.
Aguantar, respirar hondo y sofocar los gritos en nuestro interior trae consecuencias inmesurables. El apocalipsis intermitente de ese lugar, estalla y genera fuegos cada vez más indomables. Todo se vuelve oscuro, y no hay velas y no hay aromas que apacigüen la hoguera de la bronca. Asumo adolorida la tajada que me corresponde, no puedo hacerlo público y me consumo dentro de mi propio cuerpo. Mi espalda se encorva con el peso de los ladrillos de esta casa. La fuga se convierte en la luz del final del túnel, se hace presente ante mi como único desenlace posible. Me maldigo por la desdicha, por a veces no tener el valor de hacer uso de la palabra, por ser cobarde y agachar la mirada, porque prefiero esconder mis ojos a hacerle frente a tus acosos mudos.
Las imágenes reproducidas en secuencias que asedian mi sanidad, son hoy mis compañeras peores; y sé que nunca voy a olvidarme del temblor que me invadió, de la desesperación agraviosa y de mi silueta desprolija agonizando sobre la mesa. La misma mesa de siempre, esa con la pata derecha rota; víctima de cada escupitajo de palabras, testigo de reiterados guisos de insultos y mártir de la guerra entre hombres y mujeres antagónicos.
Se inauguró un estigma insoslayable que lastima e inquieta a cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día que pasa. Ya empecé a ser otra distinta de lo que fui.
Disturbian mi cordura y me llenan de algazara.
http://www.youtube.com/watch?v=nYzs67N7q7c
Érase una vez una melodía de mujer, que buscaba con ahínco alcanzar los albores de los cambios de una humanidad demasiado cautiva del estaticismo. Por las noches, sollozaba en las penumbras de su guarida mientras enrollaba su tabaco y gemía en silencio. Trataba de pintar sobre un papel el mundo que soñaba, perpetuando en su creatividad lo que no podía a su alrededor. Estaba llena de canciones por cantar, repleta de bocetos a plasmar..
Desde el comienzo supo muy bien que se enfrentaba a una maraña inagotable de seres oscuros, pero, lejos de la aquiescencia, intentó insaciable propagar su idiosincrasia.
Fue cambiando con el tiempo: cuando las verdes hojas se transformaban en amarillas por el cambio de estación, ella también lo hacía. Trataba con fervor adaptarse al paisaje y a sus circunstancias, siempre con la esperanza de que algún día todo cambiaría. Convencida de ello, se alimentó de lectura universal, latinoamericana y nacional, lista para desplegar con afán sus armas cuando más lo necesitara. Inútiles sus planes, no tanto como su desasosiego, se derrumbaron por un soplo de avaricia. Y concluyó siendo un lacayo más de esta confabulación que algunos llaman sociedad.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Volver.

Dejé de usar este espacio cibernético.
Quedé relegada del blog por un tiempo y no me importó.
Consideré como algo natural el hecho de que, al abrir una nueva etapa en mi vida, lo que me remitía al pasado lo descartaba; más por este motivo que por la indeseable lectura de ciertos seres.
Por suerte, pude apreciar la clarividencia en un relámpago de hermandad, que me indujo a darme cuenta de que estaba parada a la otra orilla de lo correcto. El concentrar en un cuaderno todas mis vivencias esbozadas en un abanico temático extremadamente acotado por no decir único (él) es un hecho insalubre. Como algo inevitable e ineludible sobreviene que mi mente ocupe todo su tiempo pensando justamente en ese tema monótono por excelencia. Y si existen las religiones, apuesto de manera ortodoxa a que siempre la costumbre va a matar al placer.
Algo similar a un diario íntimo, precisamente por no ser público y ser sólo mío, me engañó al creer que me proveería la privacidad que tanto anhelaba y que, sentía, últimamente no tenía acá. 

Aboqué todas mis energías alrededor de un eje central que lejos de darme la libertad que ansiaba, me condujo a una omnipresencia un tanto tétrica y enferma.
Si hablo de mi vida, son muchas las personas que me inspiran. No sólo una. Ése fue mi error.
Supongo que ahora que sé que todo sigue como antes, puedo volver a hacer uso de ésto. 

Parece tonto, pero a veces las cosas más ínfimas cargan un escondido peso y significado en sus entrañas. Y, si empezamos a revertir las pequeñas cosas que no nos hacen bien, el primer paso ya está dado. Así, los motores se ponen en marcha, y lo que antes parecía lejano, se acerca un milímetro para pronto estar al alcance de nuestras manos.

jueves, 19 de abril de 2012

Fuera del creo está el "te quiero"

Creo que tu nerviosismo y el mío reflejan lo que no podemos ver a simple vista.
Creo que afortunadamente todavía conservamos la chispa del fuego que se encendió el pasado diciembre.
Creo que quiero robarme toda tu atención a cualquier hora del día.
Creo que estoy loca cuando me parece escuchar tu voz y no estás cerca.
Creo que nunca voy a lograr vencer la omnipotencia de tu mirada.
Creo que tus ojos son la octava maravilla.
Creo que mi amor tiene sus fronteras más lejos de lo que yo creía. 
Creo que hoy sos todo lo que me hace falta en el mundo.

Creo que estoy enamorada.

lunes, 16 de abril de 2012

Duelen las manos de tanto tirar de la soga.

Considero uno de los valores más preciosos poder dar la cara e ir de frente, aunque quizás sea cruda y vaya sin tapujos.. pero es parte de mi idiosincrasia. Y no quiero decir que por eso no me encuentre dentro del marco de lo sutil, pero hay decisiones en las que el hombre debe hacerle honor a su naturaleza y así, sin más, imponerse. No a la fuerza, si dejando en claro qué es lo que se quiere. Las vueltas mejor dejarlas para la calesita. El tiempo es valioso y hay que tratar de salvarlo siempre que sea posible. No sirve de nada postergar la verdad. No sirve de nada mentirse a uno mismo porque inherentemente esto lleva, a la larga o a la corta, a mentirle a los demás.

A veces me siento la médula espinal de mi grupo, la que se lleva consigo la gloria pero también la que cultiva la peor de las furias. Capaz de desatar tempestades en una centésima de segundo, como capaz de cosechar el más primaveral de los amores. Y no es de narcisista ni de mujer ego, es simplemente una sensación. Las sensaciones tienen márgenes enormes de error, y yo no estoy exenta de ellos. Cuando juego claro y sin trampas, con todas las cartas sobre la mesa, me va mal. Aunque me queda el consuelo de que al menos, tengo las manos limpias.
Soy impulsiva, no medito mis palabras antes de hablar y probablemente sea eso lo que me juegue en contra. Prefiero mostrarme tal cual y como soy para que al que le guste bien y al que no, que sepa de movida a quién tiene en frente. Pero si hay algo que no entiendo es cuál es la necesidad de guardar y archivar cual biblioteca los sentimientos propios, en vez de manifestárselos al ser involucrado en cuestión. La mayoría de las veces quedan pegados terceros a esta fotocopia de la vida. Gente que si bien no son innecesarios porque los consejos no se sacan de la galera, así como tampoco las opiniones; pero gente que queda más adentro del tema que uno mismo.. Será por esto que detesto tener que ir por la vida con mi anzuelo, pescando los sentimientos de la gente. Gente a la que hay que estarle encima para que abran su boca y digan qué es lo que se les pasa por la mente.
Aprendí que discutir no es sinónimo de problema, pero que si ésto no se armoniza a tiempo puede desembocar en un caos. Lástima que no comparta dicha concepción con demasiados.
Delito no es cambiar de parecer, delito no es hablar las cosas como personas se supone están próximas a la adultez.

Ellas no me entienden, me tildan con adjetivos que no justifico. No me oyen, sólo me escuchan en el sentido literal sin llegar a tocar la profundidad de lo que les digo. Lejos estoy de ser víctima, así como tampoco acepto los cargos de victimario. Pero cerca estoy de ser una persona, tengo derecho a elegir mi ruta de camino y con quién quiero compartirlo. Un viaje no es el fin de nada, es el principio de todo. Y como ya dije volvería a hacerlo una y otra vez, no por testaruda, sí por madura. Hacer lo que quiero, diferir de la corriente, quiero decir que soy capaz de ponerle un límite a lo que los otros quieren para mi, y me alegra poder decir que así sea.
La gente cambia y es inútil seguir tirando sola de la soga, al fin y al cabo, no se puede estar bien con Dios y con el diablo.
"Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras porque se volverán actos.
Cuida tus actos porque se harán costumbre.
Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter porque formará tu destino.
Y tu destino.. será tu vida."


Mahatma Ghandi

domingo, 1 de abril de 2012

Historias de bondi.

Era uno de esos días de agotamiento y sudor prolongado durante muchas horas. Espeso y grasiento sudor suspendido desde muy tempranas horas.
Era una de esas tardes en las que se vuelve ansioso el llegar a casa luego de una larga jornada aunque agradable, apacible y productiva.
Así subí al colectivo, rogando toparme con un asiento vacío en el cual pudiera sentarme. El viaje, como todos los que suelo hacer, era de un poco más de media hora por reloj. Pero lo que más me irritaba era el tedioso tránsito que se caracteriza por permitirle al transporte avanzar un promedio de 3 cuadras por minuto. Aún así, entre tanto congestionamiento vehicular, quedaban algunos lugares vacíos (aunque no muchos) para que yo pudiera descansar la dolida médula espinal que gemía silenciosa con el agravante de haber sufrido apenas horas antes un tremendo golpe, consecuencia de la caída de una escalera.

Se sentó a un par de metros de la puerta de subida. Ojeó a su alrededor como de costumbre, por inercia, a las personas que tenía próximas a ella. Hizo un ploteo general con su mirada, acompañado de un sutil movimiento con su cabeza y así se topó con una mujer de no más de 28 años de edad, cuyo enrulado pelo corto y castaño claro parecía casi rubio por los rayos del sol que penetraban por la ventanilla. Sus ojos grandes, enormes, tan azules como un zafiro de esos que se venden a precios carísimos en las joyerías; se esforzaban inútilmente en contener las lágrimas que le salían con un flujo impresionante ¡Era tan bonita! Y sin embargo, allí estaba ella, envuelta en un llanto de tristeza, que emanaba el dolor del más puro y profundo carácter, que estaba muy lejos de ser bronca, odio o algún otro sentimiento por el estilo.

Quise ayudarla, pero no supe cómo. Es más, creo que cuanto más trataba de evitar que mi vista recaiga en su figura para que no se sintiera observada, peor era.. porque inexplicablemente mi indomable y rebelde mirada  terminaba siempre lanzándole un vistazo.
Quería decirle que no merecía la pena que llorasen unos ojos tan hermosos, que eso era casi un pecado.. pero, no obstante, me contuve. Tuve miedo de herirla aún más o que ahora adjuntara gritos a su húmedo concierto de lágrimas. Así que cuando advertí que no portaba pañuelitos descartables, súbitamente encontré una excusa para acercármele. Saqué unas servilletas del bolsillo de la mochila y, esbozando mi más complaciente sonrisa, extendí la mano para entregárselas.
Me devolvió el gesto con un "gracias" realmente agradecido pero tembloroso, y otra sonrisa casi tan linda como sus ojos. Me dio la mágica impresión de que en ese momento se sintió menos sola, extrañamente acompañada. 
Pasaron los minutos y sacó de su mochila un cuaderno y una lapicera. Supuse que iba a escribir algo a modo de desahogo. Muchas personas recurrimos a este método para alivianarnos un poco el peso que llevamos dentro, especialmente cuando las cosas no andan del todo bien. No pude ver si efectivamente estaba escribiendo, pero tampoco me interesó demasiado entrometerme. No quería volver a intimidarla, así que sólo dejé que hiciera lo que quiesiese y entonces me costó un poco menos evitar su examinación.
Ya casi estaba llegando a casa, cuando el silencio del colectivo se rompió con el
 brusco arranque de la hoja de su cuaderno. Instantáneamente me la entregó, me reiteró su agradecimiento y volvimos a hacer un trueque de sinceras sonrisas que pueden llegar a hacerlo llorar a uno de emoción, si es que se encuentra un poco sensible. 
Se bajó del colectivo con cierta prisa, aunque no apurada. 
Perpleja, me quedé observando lo que yo suponía un escrito. Pero para mi sorpresa, era un dibujo.
Un dibujo que siempre que vea, va a estar cargado de historia. Que no importa cómo, siempre me va a transportar hacia aquella tarde de marzo, en la que el agotamiento físico se hizo más leve y tolerable con la reconfortación que da haberle arrancado un trocito de alegría, por más mínimo que sea, a esa mujer de corazón tibio y ofuscado.

Las flores que se esconden,
las hojas crujientes y amarillas que vuelan por la vida.
El chocolate con leche, el blanco y el amargo,
acompañan al frío que todavía se hace esperar.

Los parques que son testigos de los amantes,
así como las bufandas que expropian fragancias ajenas;
absolutamente todo a nuestro alrededor
se conspira para que no tengamos nunca más soledad.